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Amosando publicacións coa etiqueta Galizalbión - Tractorville. Amosar todas as publicacións
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La Historia No Se Escribe, Se Hace: Del Sikaru a la lager Pasando Por La Reina De La Cosecha. Brewed By Lois Alfaya


“Desayuné un pedazo de pan seco y un vaso de cerveza. Es este un acto recomendado por Dickens a los que están a punto de suicidarse, como especialmente adecuado para alejarles durante algún tiempo de tal propósito. Y aun cuando no esté de todo en esa disposición de ánimo, está bien hacerlo de vez en cuando” 
V. Van Gogh

Se dice que elamitas, sumerios y egipcios se discuten el honor de ser los primeros en realizar una cerveza. Estos brebajes fueron denominados de diferentes maneras, sikaru para los sumerios o heneket para los egipcios. Consistían en una mezcla de cereales fermentados libremente con agua, algo similar a lo que hoy entendemos por cerveza. Este producto era aderezado con hierbas de todos los estilos, desde potentes psicotrópicos que hacían las maravillas de los engullidores de la época, a astringentes combinaciones capaces de deshacer cualquier paladar poco entrenado. Dioses de todas corrientes se intentaron adueñar de su creación, desde incas que sólo permitían a las jóvenes vírgenes su elaboración, a vikingos que prometían la inmortalidad tras su ingesta antes del combate.

En la península ibérica, los celtas popularizaron su fabricación, siendo desplazada como principal bebida por los invasores romanos, que impusieron la marcha del vino tan presente en la actualidad. Así se convirtió la birra en el manjar de la clase trabajadora y las celebraciones populares. Ave César! Al mismo tiempo, La Vieja Inglaterra resistió el envite, manteniendo hasta hoy la Ale como fuente de embriaguez suprema.


Sin más dilación viajamos a Galizalbión, donde la creencia vikinga cobra sentido. Dos estilos cerveceros unidos en armonía y difusos en la práctica, comparten espacio, conversación y vaso. Arte y pasión se extienden entre pintas agujereadas a través de las cuales fluyen las palabras del despotismo ilustrado. Creación derivada de la reunión continua alrededor de la pinta. Lúgubres ambientes donde versados en líquidos comentan “Good ale is meat drink and cloth”, a lo que son respondidos, con “I have fed purely upon ale; I have eat my ale, and I always sleep upon ale”. La genialidad perturbada irradia conocimientos cruzados, conversaciones demenciales y singular bravuconería en pubs hechos a medida. Un mundo propio donde discernir despiadadamente sobre cualquier tema con una sola excusa, abrigo y paraguas tanto de grandes y excelsos actos, como de caóticos y desmemoriados finales. En ellos Stags y Porcos Bravos discuten sin cesar sobre las palabras del galés J.B. Toshack “si no se bebe cerveza después de los partidos, ¿cuándo hay que beber? ¿Antes?”, llegando a comunes acuerdos viaje tras viaje. Días y noches, en donde la cerveza transcurre entre dialéctica y pantomima, donde las historias no se escriben, se hacen, donde la búsqueda de la reina de la cosecha tiene lugar. Imposible saber exactamente cuándo, ya que no está escrito, pero se intuye. Posiblemente desde el mismo instante de su nacimiento. Al despiste, en algún momento, la música popular hace presencia y se escucha de fondo:

Bring us in no beef,  for there is many bones
But bring us in good ale,  for that goeth down at once.
Bring us in no eggs,  for there is many shells,
But bring us in good ale,  and give us nothing else.

Pero la evolución del principal sustento de la región crea desconfianza. La tradición Ale discute diariamente con una Lager devaluada, nada que ver con la original de tierras checas y alemanas, fresca y ligera pero con sabor y carácter. No es algo nuevo. Inglaterra luchó bravamente durante años contra la cerveza lupulada al grito de “Beberemos nuestras cervezas hasta que no nos mantengamos en pie y brindaremos por el honor de la Vieja Inglaterra”, acabando al grito de “la cerveza que nos dejó en la dulzura, volvió en la amargura”. Perdieron una batalla lógica que les aportó mucho, haciéndola más única y especial. Gran derrota, pero ¿sería posible un cambio más brutal que ese? Mi gaznate se mosquea. El sustento de la brillantez mental y demoníaca de la existencia de Galizalbión y la Anglogalician Cup no se pone en duda. Aunque no quiero pensar en terceros tiempos regados con Carling o Cruzcampo, entre música electrónica y jóvenes desatadas al ritmo del jagerbomb. No es posible. La cerveza manda y guía. Sin su aliento, nada tendría sentido. El bebé no habría nacido, la madre volvería al whiskey y a la jeringuilla y nada sería igual.

Los Stags, fieles a la tradición de pub y Ale, ven como en la última época los jóvenes adoradores de Lager y chupitos de whiskey (aunque sea escocés) aumentan en su tierra. La frescura en el juego discute con las sagradas raíces imperturbables del origen. Sus visitas a la otra orilla muestran su completa pasión por este elemento. El peligro está ahí, aunque ellos aguantan su estilo y lo refuerzan. Mantienen la Ale firme, alzan sus vasos y los vacían al ritmo de The Strolling Bones, porque la historia no se escribe, se hace, del sikaru a la lager, pasando por la reina de la cosecha. Diriman otra batalla con su alma en juego. Salgan victoriosos e inunden estas tierras de sabiduría fermentada, a través de su más preciado bien, la Ale.

Mientras, los Porcos Bravos inmersos en su propio mundo, pero muy atentos a las evoluciones Stags, ya han librado esa batalla, o no. Conviven en paz. No discuten con la Ale o la Lager, se empapan de ambas, buscando el camino. Es su fuente de sabiduría y cambio. Apostaron por las raíces, y a ellas se amarran. Y a partir de ahí nacen nuevos brotes. Los mismos que impulsan frescos brebajes que asoman en el horizonte, y sus respectivas folerpas y eventos, en los que agua, cebada, levadura y lúpulo harán su presencia, acompañando al balón redondo. Aun escuecen meses pasados, pero los líquidos hidratan el cuerpo de la batalla, elevando la moral de las tropas, que ansían recuperar el trono cedido temporalmente. No es tarea fácil, y el rival está crecido.

No asustarse. La historia no se escribe, se hace, del siraku a la lager, pasando por la reina de la cosecha. Seguirá habiendo buena Ale y buena Lager que continúe guiando Galizalbión y la Anglogalician Cup a la excelencia. Se mantiene el espíritu. Se agranda. La corrosiva velocidad del tiempo solo perfila nuestra voracidad. Y en ella reside nuestro alimento. La cerveza, nai e señora.

Disfruten el verano y beban en consecuencia!

Salud!

I Have a Rendezvous with Tractorville. A Esmorga Do Mar Ao Norde By Manuel P. Lourido

In Memoriam Julian Batty



Foi Cunqueiro un fabulador fabuloso. Os seus inimigos, que os tiña, e eran teimudos, noxentos e a maioría barbilampiños, dicían del que só era un mentireiro compulsivo e que fixera carreira coa súa patoloxía. Digo eu que de seres así o mérito do mindoniense sería dobre. Mudou a terapia en literatura.

Cóntase de Cunqueiro que chegou ao extremo e deu volta pero antes, xa que estaba alí, decidiu ir á Comisaría de Policía. Quería que lle puxeran no DNI que a súa profesión era fabulador. Pero os da policía non se andaban con chiquitas, que eran máis de vaso de tubo, de toda a vida, e dixéronlle que nones, que non lle podían poñer iso, nin mentireiro compulsivo nin nada semellante. A policía éche moi curta de miras aínda que simule o contrario. A vinganza de Cunqueiro foi fabular aínda máis e deixar o seu nome de pía en herdanza a centos de fillos de madrileños que virían a pasar o verán en Sanxenxo e Bueu. Dise tamén, e isto é un segredo a voces que vai sendo hora de que alguén sen prexuízos revele publicamente, que as derradeiras palabras de Álvaro Cunqueiro foron para a invocación dunha teima que mantivo na privacidade e que xurdiu durante os derradeiros anos da súa existencia. Coma Orson Welles, que antes de morrer en Citizen Kane no pelexo de Charles Foster Kane, volvendo ás lembranzas da súa nenez pronuncia o nome de Rosebud, Cunqueiro o que fixo foi proxectarse ao futuro dende o pasado e deixar no ar aquela palabra máxica que daba nome a un mundo marabilloso que xa non sería quen de chegar a ver. Por iso foi que antes de finar dixo en voz alta: Tractorville.

Un día de verán de mediados dos setenta, na viguesa rúa Marqués de Valladares, moi preto do hotel onde residía, atopouse Eduardo Blanco Amor co seu amigo Cunqueiro e remataron diante da barra da taberna do Rulo, a douscentos metros en dirección suroeste. O mindoniense viña de publicar unha irónica recensión da Spartacus Gay Guide de aquel ano, una coñecida e recoñecida guía dos lugares de encontro para homosexuais en máis de oitocentas cidades de cen países diferentes. No seu artigo, recollido en Sábado Gráfico, poñía en dúbida algunhas recomendacións dos autores da guía, que advertían, entre outras cousas, da actividade represiva da garda civil con respecto do colectivo. Pensaba Cunqueiro que o seu colega quería comentarlle algo relacionado con aqueles textos, a guía e o seu artigo. Pero o que fixo Blanco Amor foi falarlle dun soño recorrente, dos seus problemas cardíacos e dos cartos que precisaba para levar a vida que alguén coma el suponse que tiña que levar. Cunqueiro asentía cansina e cachazudamente, ata que o relato do soño conseguiu espertalo.

Contou despois don Álvaro, que xa é hora de chamalo polo seu nome, que Blanco Amor transformouse cando comezou a falar diso. Aínda máis: foi sempre un transformista da realidade, un presumido e bolboreteiro. E agora, con grande amaneiramento, comezou a narrarlle a historia soñada dunha terra de porcos bravos moinantes. Unha especie de lenda que lle visitaba polas noites e que viña a Galicia procedente dunha terra ignota chamada Tractorville. Unha lenda impregnada de rock&roll telepático que as veces interpretaba tamén un home misterioso que se facía chamar Querido Trasno. Cunqueiro pediu outra rolda e a narración proseguiu, deslavazada, caótica, etílica e soberbia. Cando saíron a rúa as primeiras luces da noite bicaban Vigo.

Eduardo, o petimetre, e Álvaro, o dionisíaco, foron as figuras claves no aggiornamento deste culto atávico que é o porcobravismo visceral da Anglogalician Cup. Por suposto, medran debaixo das pedras autores, bufóns, canónicos e culturetas que sairán a poñer en tela de xuízo canto aquí se ten escrito. Sempre haberá quen goce mexando contra o vento. Porén, os bos e xenerosos coñecerán e recoñecerán as faíscas do lume antigo, a voz bravía que atravesou séculos e mares e fundou unha estirpe que non será esquecida.



Tractorville Football Part 1 – The Early Years, by Boroman




First Punt
Captain Clough’s idea to set up a Football League in Tractorville was an instant success especially with the local guttersnipes, tavern trash and wharf rats who all fancied giving the new game a go and getting a chance to “put the boot in”. Some order was needed so the first six teams were aligned to local Taverns in the area of Boroman Circus. This gave them an instant allegiance that would quickly become an obsession nay religion. Each team nominated a Captain and chose a badge and kit colours. They were:

Celtic Cross Corinthians (Celtic Cross)
Captain Francisco Benitez. A draconian taskmaster, whose commitment to the game was total. Once had a player keel-hauled for a misplaced back pass. Their rugged playing style was a reflection of their Celtic roots as were their drunken celebrations after the game. No sheep was safe when the Celtics won a match I can tell you. True to their roots they also included many a bard and philosopher in their ranks, the most famous of this period being Michael O’Barja, who on most nights would regale the Celtic Cross patrons with wild tales and intellectual conundrums until he fell over pissed. Shirt: Sky Blue, Badge: Bagpipes on a Celtic Cross.

Hand of Crom Casuals (The Invisible Hand)
Captain Martin Striker. He was know as the Gaol Machine as he was always getting arrested, spending many a post match in the drunk tank. In their first match a deliberate handball by their opponents resulted in the offending hand being cut off and pinned to the ball. Martin himself then curled the resultant free kick into to top corner thus earning them their badge. The team’s approach echoed their Captains name and they often played with four men up front, which made their matches something of a goal feast, though their notoriously weak defence, made up of ex-jockeys, meant goals flew in at both ends. The team was known as the “Beast with no-backs” Shirt: Black and White stripes. Badge: Bloody hand with index finger rampant.

The Horny Devil’s (Devil’s Hornpipe)
Captain Serge Pantaloon. It was rumoured he sold his soul to Satan in return for his many talents. A landlord, who owned the Devil’s Hornpipe, he was also an accomplished raconteur, culinary expert, troubadour and master of the lute. His only weakness was the inability to score on the pitch or as the local Sports Paper “Tractors for Goalposts” quoted “He couldn’t hit a cow’s arse with a banjo”. They played in Blood Red and were very successful early on helped by the fact that many close decisions seemed to favour them and extra time was consistently played until they secured a winner. This tempted many punters to suggest they had the referees family held to ransom but the team’s owner and Head of Referees, Jock McGlasgow, begged to differ. Shirt: Red. Badge: Naughty Devil

The Intellectual Strollers (The Furious Debate)
Captain Xurxo Van Damned – Known as the Flying Dutchman for his penchant for driving the team coach and horses at breakneck speed. It took the Intellectuals months of discussion before they finally agreed on a Black Kit though many think it has a purple hue undetectable in normal light. Their early games suffered from an overly strategic approach involving tight possession football but little in the way of goalmouth action. The phrase “Fucking get on with it” was often heard from the sidelines. Plus the decision to pick players on their IQ rather than footballing ability and publish their play book in Latin led to a few early heavy defeats before the practice waned. Shirt: Black. Badge: Open book with legend FGOWI.

Steal City Cutlass’s (Sportsman’s Tavern)
Lord Shabbington of Bramall. A disinherited English Lord who had landed in Galizalbion in search of the legendary City of Gold, Middleboro or Elborado. Boy was he disappointed. The Tavern was in the middle of Boroman Circus, a haven for pick-pocket’s, cut purses and n’er do wells, know to locals as Steal City. Lord Brammall’s ship’s flag was a Skull and Cutlass so he named the team thus. The ships cook had invented a sandwich which was 90% fat and 10% pig’s toes which had proved vital in keeping the crew warm during harsh winter voyages. They were so popular the sailors invented “The Greasy Ship Buttie” song which then became the anthem of the Cutlass team. They were also known for the wide girth of many of its players, who enjoyed a drink or two before after and sometimes during a game. They were the first team to use the Fat Back Four formation. Shirt: Red and White Hoops. Badge: Skull and Cutlass

Shawfield Thursday (City Barracks Tavern)
Captain Tom Davesson. A man whose capacity for drinking was legendary in the Five Kingdoms. After a night on the ale he was also wont to leave the teams kit in the pub meaning the Thursday often turned out in skins. Named for their first owner, a Mr Shawfield Henderson-Relish. He had his first pint of Ale on a Thursday and made his fortune from chicken farming. The clubs badge was a chicken but they soon became known as the “Fowls”. For some unknown reason they developed an intense rivalry with the Cutlass’s with both teams referring to each other as “Swine”. Their most famous player of the period was a barely literate Northern sailor called Christopher Wadlington who, despite his hang dog demeanour, had magic in his feet. He could also make a damn fine sausage but he couldn’t take a penalty to save his life. He lead the team to perhaps their finest triumphs and to this day the team’s fans seem to instantly fall into a pit of despair when mentioning the glory years of the “Waddler”. Shirt: Blue and White Hoops. Badge: a Blue Chicken

The Captains put together a kitty, from stolen booty, to fund the building of a football ground, next to a crossing in the bakery district known as the Bridge of Pies. The Stadium was named The Ponte. It had a capacity of 1,000 and a well stocked bar, run by Captain Serge called the Cat’s Whiskers. The post match crowd could get more than a little boisterous so the good Captain hired buxom wenches to stand guard at the pubs entrance on the premise that even the foulest of black-guard wouldn’t hit a woman. The locals soon referred to the practice as having “a couple of bouncers” on the door.

The league proved a popular diversion for the inhabitants of Tractorville, giving respite from the time’s usual vagaries, like invasion, occasional rioting and the plague. The six teams would expand and their histories develop as time went on. Football was here to stay.

Next: Part 2. The League expands and the shorts get shorter.

I met my love by the gas works wall… (Tractorville II)

En el cementerio de Tractorville el viento del mar ha desconchado la tapia del Noroeste; algunos porcos bravos corren en la playa cercana, dejando una invisible estela en espiral; huele a algas y azufre y el Sol ilumina la hierba con una fría luz de laboratorio.

Decían que de Sheffield traía más peltre que el pecado. Vino a emborracharse mirando a la bahía. Estaba el Mar Esquecido sucio y tranquilo, y era misteriosa su serenidad, adivinándose como vientre terso, de ahogado,con las entrañas hirvientes"





GALIZALBION


BIBLIOGRAFÍA

Estrabón Geographika Volumen VI: libros XV-XVI

Demangeon, A: La Galize-albion, un point chaud aux marges de l'Europe? Paris, Guénégaud, 1975

Lacoste, Yves: "Géopolitique des régions porcaines: vol 1 : La Galize-albion septentrionale et la façade atlantique” París, Choiseul éditions.

Harvey, David: “Spaces of extremes: the case of Tractorville.” Pluto Press (2008)

Salgado Wyler, Desiderio: “O impacto espacial da AGC na populación migratoria de Tractorville: de 0 a 1280.” Ed. do Changarro. Santiago de Compostela.

[nota: mapa + escudo + bibliografía by citoyen; intro by rodillarato editions]

Tractorville. Pop: 1280

Hay otros mundos, pero no los conocemos


  1. Orange Plank Road
  2. Orphan Street
  3. Praza Pensée Unique
  4. Porta Cirith Ungol
  5. Avda. Willy Sifones Working Class Hero
  6. Puerto Maltés
  7. Dowson District
  8. Boroman Circus
  9. Istmo de Váterloo
  10. Península Choletas
  11. Praia das Ánimas
  12. Illa de Crom
  13. Anothercowinthemillo.tv
  14. Rochas do Tártaro Lazslo Toth
  15. Campo Wyler
  16. Campo Kitchener
  17. Mar Esquecido
  • País: Galizalbión (capital)
  • Idioma oficial: Galbionés
  • Moneda oficial: Fento (1 Fento>12$USA)
  • Forma de gobierno: Despotismo Ilustrado
  • Símbolo nacional: flor de toxo sobre bosta de vaca
  • Himno oficial: "Marcha Porca y Circunstancia"(H. Helgar)
  • Ubicación: algún lugar da costa atlántica
  • Superficie: lustrosa
  • Población: 1280 hab. (2011)
  • Gentilicio: Atractivos, -as.
  • Presupuesto: 240’20 fentos (2011)
  • Patrón: Ægir
  • Patrona: María Vasco da Gama
  • Festividades: 17 de Enero
  • ...

Dice la leyenda que a las costas de Galizalbión arribó en tiempos una pequeña nave, cáscara de nuez, mísera corteza, transportando el cuerpo exangüe del filósofo comerciante Valerio Cátulo Marco Tulio Lépido Diocleciano. Los habitantes del castro que coronaba la península Choletas, habrían visto la embarcación encallada en las Rochas do Tártaro Lazslo Toth y habrían atribuido la suerte de aquel hombre a la intervención de Crom. Esos mismos hombres, siempre según la leyenda, habrían rescatado al ciudadano romano y sus mujeres le habrían brindado los cuidados necesarios. Restaurada la salud y agradecido su espíritu, Diocleciano habría decidido quedarse con aquel pueblo rudimentario hasta haberles transmitido todos sus conocimientos y, a tal fin, se habría autoproclamado I Rodillo de la Villa Tractatus. Aquí las versiones difieren y la cuestión es objeto de agrias polémicas, porque según la lógica y la lingüística, el término tractatus aludiría a las labores desempeñadas por Diocleciano, esto es, a su nuevo empleo como ilustrador de bárbaros, y el nombre de Tractorville no tendría entonces nada que ver con la sobreabundancia y sublimación de tractores que vienen siendo norma en la ciudad moderna.

Sea cual fuere el origen del topónimo, lo cierto es que Tractorville es una villa rebosante de encanto que todo turista amante de los paisajes, la cultura y la buena mesa debería visitar. Declarada en 2008 Ciudad Libérrima Para Un Zeitgeist Postcontemporáneo por la UNWTO, Tractorville es el lugar ideal para disfrutar de unos días de descanso sin dejar de sorprenderse a cada paso.

Las impresionantes murallas que resguardan el casco antiguo tienen origen en el hecho de que durante siglos la villa fue refugio de filibusteros, corsarios, piratas y bucaneros. En sus mil tabernas (0,78/ hab.) mojaron las barbas Klaus Störtebeker y Thorbjorn Thorsteinsson; Olivier Levasseur y Laurens de Graaf; O-Po-Tae y Benito de Soto Aboal. Y Teach y Bellamy y Drake. Todos ayudaron a convertir en legendarias a las mujeres de Tractorville y difundieron la fama de las breweries locales, aún hoy principal fuente de riqueza de la ciudad.

Una peculiaridad de la fortaleza es que solo tiene acceso por su lado oeste, orientado hacia el mar. La Porta Cirith Ungol se abre a la Praia das Ánimas y obliga al visitante recién llegado a rodear la muralla a pie, pues acontece algo en verdad extraño en Tractorville: sus calles están libres de vehículos a motor. El bullicio de sus habitantes contrasta con la inusitada tranquilidad que uno puede sentir paseando sin preocuparse por ser atropellado. Tampoco hay perros y los niños no son bienvenidos en la mayoría de los locales, por lo que no es aconsejable como destino familiar.

Otra característica de Tractorville es su efervescencia cultural. Se puede tomar un café con Lope de Vega en el Ateneo Hog Libérrimo o charlar con John Ford a la sombra del Monumento al Atormentado Catador de Coños, obra contemporánea de reciente inauguración que atestigua el gusto por el arte de la población local. Son costumbre los soliloquios más extravagantes improvisados en cualquier parte por sus histriónicos habitantes y siempre es posible encontrar música en directo en los alrededores de Boroman Circus, donde también se concentran los mejores pubs de la ciudad.

Ciudad extemporánea, Tractorville es además una de esas villas divididas por una ancestral rivalidad entre facciones. La Orange Plank Road, su arteria principal, la secciona de este a oeste separando los territorios de Stags y Porcos Bravos. El viajero que guste de empaparse en las tradiciones locales podrá disfrutar de los constantes eventos deportivos que enfrentan a unos y otros en los poéticos campos Wyler y Kitchener, donde el dudoso valor intrínseco del acontecimiento carece de importancia ante la incomparable belleza del entorno. Del Kitchener, ubicado en lo alto de la misteriosa isla de Crom, se dice que se yergue sobre el lugar donde los habitantes originarios de Tractorville ofrecían sacrificios humanos a los dioses, aunque nunca se ha hallado constancia arqueológica de este hecho. Mucho más podría contarse sobre pasado, presente y futuro de este emplazamiento viril y romántico, posiblemente el último reducto atlántico de un algo que no es fácil de definir pero que, en cualquier caso, desaparecerá como lágrimas nocturnas en la rompiente de un farallón acosado por la tempestad.

La Guerra de las Sedes

“(…) que el origen de la disputa se encontraba en un retruécano verbal que Beckett había lanzado a Joyce. La anécdota se refiere todavía en las tabernas de Tractorville como cosa cierta, y dice que Joyce se negó a servir a un cliente con un abrupto “yo no tengo sed, ¿por qué habría de tenerla usted?”, a lo que Beckett, que secaba vasos a su lado, añadió el famoso “yo también” que provocaría la ruptura definitiva de su relación profesional. Unos meses después, Samuel Beckett abría su propio negocio a escasos metros del de Joyce, en el número 17 del Pasaje Orange Plank, a la sombra de un viejo ciprés que señalaba la frontera con el territorio stag(…)”.

Eugene Philip Coetzee, Crónica de la violación de una mañana de otoño entre las siete colinas de Tractorville.

El sol languidece detrás de las nubes sobre los muelles de Tractorville. James Joyce pasea taciturno, demorando un poco la hora de apertura. El día ha sido muy fatigoso para los porcos, querrán beber sin descanso hasta bien entrada la noche. Cerdos sedientos, más frustrados todavía, apagados sus espíritus por culpa de una nueva derrota en las calles frente a los stags. Sobre el adoquinado en torno al ciprés que divide en dos Tractorville, la sangre de porcos bravos, única huella visible de la penúltima batalla. Joyce se agacha para mojar las yemas de sus dedos en uno de los charcos. Un escalofrío le recorre la espalda. “¿Cuándo volveremos a ganar?”.
"¡Devolvednos lo que es nuestro!"

Desde el interior del local de Beckett, Don Ramón del Valle-Inclán observa con atención a Joyce a través de la ventana. Le pega un trago interminable a su pinta y consulta su reloj de bolsillo. “Hoy hace dieciséis años que ganamos por última vez”. Beckett emerge de detrás de la barra y ve a Joyce en el exterior lamiéndose las manos. Don Ramón continua: “Esta mañana vinieron los más jóvenes; sanos, fuertes. Antes de entablar combate pararon en la Sede a depositar sus esperanzas en el hueco reservado para la Cup. Notitas con preces y cosas de esas. La mayoría de ellos ni siquiera ha visto nunca el trofeo, por todos los santos. Uno se echó a llorar cuando el capitán tuvo que retirar, avergonzado, una telaraña que recorría el estante de lado a lado. Ya ni saben por qué luchan”. Beckett se encoge de hombros y pincha un tema de Cabaret Voltaire. Don Ramón se revuelve en su banqueta con gesto airado y pide otra pinta.

Álvaro Cunqueiro y Julián Ríos trotan calle abajo cogidos de la mano. Se detienen al llegar a la altura de Joyce. Cunqueiro: “No has abierto todavía”. Joyce: “Hemos perdido el Morrazo. Solo sirvo cerveza de importación”. Ríos: “Miente, Don Álvaro, solo quiere confundirnos”. Cunqueiro: “A mí me gustan grandes”. Valle-Inclán, uniéndose al grupo desde el interior del local: “Tenemos una derrota que celebrar. Entren o váyanse al infierno”. Ríos: “Con usted quería yo hablar. Explíqueme qué hago aquí”, y entra. Cunqueiro: “¿Non ten sede, James?”.  Joyce: “Teño, mais vacía”. Cunqueiro: “Haberá que enchela, logo”.

La puerta se cierra tras ellos justo cuando desde el lado stag de Tractorville empiezan a llegar los ecos de los tambores de guerra, otra vez, un desafío que reverbera en el fondo de los carolinos y aviva las pasiones de un puñado de locos.