header-photo
Amosando publicacións coa etiqueta What A Coitelo!. Amosar todas as publicacións
Amosando publicacións coa etiqueta What A Coitelo!. Amosar todas as publicacións

Quemando Cabrones En Los Prados De Walpurgis

Hasta que el viejo churriburri chisgarabís, por bitola o por arte de birlibirloque, acertótolis con la Anglogalician y con el busilis, y ochenta y ocho bocas a cada trique y traque barraque hicieron albórbolas y al bultuntún en la burjaca de la coulrofobia.


Hoy, mañana, cuando quiera, empezaré a complotar la alineación por el principio, por el final o por la mitad, por donde menos os guste. E invocaremos en la siguiente Edición después de la próxima a criznejas, capulís, colodrillos, jaharrados, cazumbres, colcorros, bahorrinas, mondarajas, bermas, venáticos, manantías, largurutos, incircuncisas, desgarbilados, arrodujados, alesnadas, folciformes, máculas lúteas, aladares, tamos, ampones, calandrajos, empapuzas, podrigorios y otros ectoplasmas que son mañosos en el arte de tocar el badajo de la campana. Bronca, cabrón.

Siglo mío, Bestia mía, ¿Quién podrá mirar en tus ojos y regar con su semen las vértebras de estos dos equipos destinados al acantilado de las hogueras?



Relentlessly narcissistic, repetitive, head-ache inducing and mindbendinglyself-indulgent.

The English Really Suck At Beaches


Hubo una vez, allá por el tiempo sin tiempo, un rey de Galiza que tenía nueve hijas. Todas loquearon una noche de esmorga y mataron a casi todo bicho viviente. Su regio padre, perplejo ante el espejo, no entendía como había podido engendrar a tal milicia del abismo, pero como no quería matar a quienes eran de su propia leche y sangre, las condenó al destierro. Las llevó al norte de su Norte, las embarcó en una dorna, y las empujó mar afuera, a la deriva.

Los vientos y las corrientes jugaron su papel, y encallaron en una isla envuelta en niebla, en el límite del mundo conocido. Como no tenía nombre, la mayor de las asesinas le puso en suyo: Albina.

Al cabo de un par de meses en la ínsula, tuvieron que aceptar su nueva realidad. No había hombres, sólo bestias con cuernos, trolls, endriagos y tiburientes.

Las nueve fornicaron incansables con aquellas criaturas y parieron una estirpe de gigantes y demonios, que a su vez follaron con sus madres y crearon más de su género. Este linaje se extendió por todas las brumas de la isla. No había gobierno ni leyes. Tampoco tenían forma de medir el tiempo pero sabían elaborar cerveza.

Tras siglos de anarquía, fueron derrocados por Porco Bravo.

Porco, el primero de su tribu, nació en Berobreo, Marcas Boniatas. Se sabe que tuvo que huir de aquellas tierras después de matar, se dice que accidentalmente, a tres ciervos orientales. Convertido en líder de una gavilla de patibularios, no se sabe nada de sus andanzas, hasta el momento que roba un drakkar en los Puertos Grises y zarpa a la aventura.

Corrientes y vientos vuelven a intervenir. Porco Bravo y su patulea desembarcan en Albina. Los gigantes y demonios sacan su vena hooligan y acuden a la playa a hostiarlos. Los acaudilla Gogmagog. La cosa está muy igualada, pero al final, una flecha en un ojo del líder local inclina la balanza.

Lo miren como lo miren, todo empieza con una carnicería. Porco Bravo reparte tierras entre sus hombres, rapta sabinas y brigantas, y funda Nueva Bon en el lugar que hoy ocupa Sheffield.

Dos centurias después llegaron los romanos, ¿Qué han hecho los romanos por nosotros? Respetaron el emblema del jabalí en sus legiones, pero impusieron conducir por la izquierda.

Damos otro salto en los albos acantilados. Los romanos se baten en retirada. Pictos y otras razas salvajes, vástagos de los Porcos Bravos originales, campan a sus anchas por toda la isla ensangrentada. Ahora responde al nombre de Inglaterra, que tiene más gancho, pompa y circunstancia.

Y en esos tiempos de caos y hecatombes, apareció Arturo, el oso, descendiente directo de Porco Bravo, casado con cuatro mujeres nominadas Ginebra, que unificó el Reino el Poder y la Gloria desde su corte de Yardley Gobion, y cuya tumba está en los cimientos de Anfield, pero deben entender ustedes que no está muerto en realidad, sólo esperando que vuelva a llegar su hora para salvar Occidente otra vez, con ayuda de nuestros cuervos.



Sus hijos caen del cielo. Él observa desde el trono, a su alrededor se extienden acres y más acres de la verde Inglaterra; vuelan hacia el Oeste, las alas negras, unas miradas llenas de sangre y memoria.

Por debajo de cada historia, hay siempre otra historia.

La Peregrinación Salvaje De Stroll Northwood. Una Distopía Flâneur En Las Trazas De La Psicogeografía.

El frío nórdico es leyenda. Le Main afirmó en Yardley Gobion que el frío puede tener valores morales. Le creímos. Sólo tres regresamos a Galiza. Y no podemos contar lo que pasó. Pero podemos vengarnos. En la sociedad postmoderna, la tribu es el medio hooligan de comunicación, la pantalla para comunicarnos con este mundo agonizante y combatir la basura de albañal que nos amenaza. Por tanto, debemos convertirnos en minoría étnica con conciencia de sí misma, y luego seremos una minoría cultural. Se globalizarán los objetos, los ordenadores, los móviles, las putas redes sociales, los programas de la tele, y demás embudos de pastoreo ideológico. Pero nosotros, en cambio, nos tribalizaremos en las aceras y en los pubs. Seremos tribu. La tribu es la posibilidad, es una estética y un destino en lo bestial. Lo folk inviste lo urbano desde adentro y le vuela la cabeza.

Los calendarios de los antiguos nórdicos eran nocturnos: contaban el tiempo por noches. Ellos eran sabios. Nosotros pagaremos gustosos nuestras cuotas de sangre, gelidez y oscuridad. El hombre moderno está buscando ahora un alma, en un viaje introspectivo, ante su naturaleza neurótica y dividida. Odio eterno a ese hombre blandengue y al fútbol moderno.

Cada distancia tiene su silencio.

Trafagar por la ciudad. Pasar cerca de un cementerio, cruzar un puente. Olvidarse de contar concellos o de medir cantidades de cerveza. Ser un enunciatario lúdico. Un arrogante privilegiado encantado de conocerse. Y de repente, un flâneur engendra una criatura ctónica en el burdel de la psicogeografía. Tanto ocio acarrea vicio. El tráfago en las ciudades brumosas es un vasto depósito de historias que pueden ser leídas como un mal libro si se afronta con la conducta apropiada; como esos sueños colectivos cuyo contenido latente no se debe descifrar. Y así nace otro mito del folclore anglogalicioso.

Escenario: Ciudades galegas o británicas que tengan entre 25.000 y 460.000 habitantes.
Duración: Comprendida de sol a sol. De orto a ocaso.
Distancia: 13 kilómetros mínimo de displicente paseo. Nada de emplear bestias mecánicas.
Abrevaderos: Con 8 basta. Pero pueden y deben ser más. Mejor que sea la primera vez.
Brebajes: Alcohólicos de cualquier pelaje. Sin más especificación.
Imprescindible: Alcanzar al menos una de las fronteras donde muere la ciudad.
Número: 1 es soledad y 3 es vicio.
Obligatoriedad: Un Porco Bravo debe praticar el Weer Balking. Esto es sólo optativo.
Denominación de orina: Stroll Northwood.

No hay erección en los residuos de la ira. Este nuevo vagar no fue abrasado por un viento, no fue raído por un rebaño.
Cada distancia tiene su descanso.


Permitámosle a Stroll Northwood que comience a vagar no más nacer, y a regresar no más partir. Démosle fecundos días, poblados de anécdotas, amores fugaces, camaradas, fuego y sed. Y que nos devuelva una traza de la infancia, y con ella el bello rostro de la eterna nostalgia. Toda vuelta a casa es otra creación del mundo.

Donde acaban todas las calles, el camino de un Porco Bravo nunca termina.

Como Un Conejo Blanco Drogado En Medio De Una Tormenta De Nieve. Hanging On The Old Barbed Wire

No me despertéis, hostia, puercos, no me despertéis, cuidado que muerdo lo veo todo rojo. Iba a ser un tetraplete y quedó a medias. Qué horror otra vez el día de la marmota otra vez la perrera la inestabilidad la acritud. Quiero volver a entrar en el mar ciego basta de relámpagos qué significan esas tormentas continuas quieren hacerme vivir la vida del trueno han cambiado mis orejas por bayonetas hay explosiones de grisú en cada respiración de mi masculinidad tumescente las ovejas mineras galesas huyen hacia las galerías de cerveza estalla estalla más y mejor. Pero no es la claridad es la dinamita. Atraviesan con espadas mis párpados hunden dedos en mi garganta frotan mi piel con la grava del empapado despertar. No arranquéis mis uñas sumidas en el lodo de las pesadillas mi piel se pega a la sombra la perpetua noche lobuna de la Anglogalician está en mi boca mi sangre no quiere fluir. Duermo por la demencial Gloria du Main duermo. Y vuelvo y devuelvo una y otra vez a esa pajiza mañana de septiembre del 2007 en Sheffield.




Si fuese esto una crónica refutable de la II. Si lo fuera:

Sheffield Stags 16 - Porcos Bravos 9



The Sheffield Stags: Dave Moxon (Gk); Thomo; Shabba; Sniper (16*); Snake; Fenners; Oates; Scott; Wilson; Whaley, Gallo; Bowers; Evans y Cundy.

Os Porcos Bravos: Barry Milk (Gk); Le Main (7*); The Killer (2*); Godspeed You! Black Emperor; Cobblepot y Suárez Miramontes.

Venue: Moreton Drax Plunkett Ground en Buckfastleigh, un villorrio en las afueras orientales de Sheffield. Se respira Merry Old England en cada una de las colinas que flanquean el campo. Un aciago día vendrá Netflix, o alguna mierda de plataforma del estilo, a hacer una serie sobre la Anglogalician y lo joderá todo. Cantemos y holguemos mientras podamos. ¡Detente instante, eres tan grasiento!

Attendance: 1280 almas y un violinista en el tejado.

Uniformes: Los stags visten de blanco sucio Leeds United.

Os Porcos Bravos, de azul celeste brewer. A orillas del Trent dejé mi hígado.

Árbitro: Alan Moore. Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, hechiza un pajar. Actuó con sigilo, como era de esperar.

El Dato: Os Porcos Bravos mutagénicos se pegan la gran hostia en su debut inglés. Los Stags de Sheffield, con un equipo nada del otro mundo, ya llevan dos de dos. O espabila el equipo celta o esto va ser un monólogo sajón.



Y en el pitido final quedaba yo, testigo de la gesta de mis valientes. Podría lavarlos de las calumnias de adversarios insensibles al heroísmo; decir lo que fue su cabalgata suicida contra los cañones ingleses. Y ahogar a nuestros millones de lectores en un pozo fecal de datos y tecnicismos. O narrar como nunca  perder la cara a un partido pese a la abrumadora suma de las inferioridades.

Pero esta no es una de esas crónicas para onanistas. Ni voy a subrayar que nos regalaron los hados un inesperado momento de quien marque, gana. Baste con saber que un día se repetirían con orgullo los nombres sagrados de nuestros derrotados. Nuestra tribu, al escuchar esa historia de gloria, sentiría hervir su sangre y reconocería a sus hijos. Y se apuntaría en masa para próximas expediciones.

Sí, materialmente habíamos perdido. Y de paliza. Malleira que non ven.
Dispersos, resacosos, volvimos a casa perseguidos por la prensa canallesca y las escolopendras de guardia.

Pero podíamos mirar al porvenir con la frente alta. La semilla plantada, la tormenta convocada. La Historia pesa los méritos de los hombres. Por encima de la abyección de la tierra baldía habíamos tendido nuestras articulaciones, alcanzando los extremos de la sinceridad y del sacrificio.

Tarde o temprano, el mundo del fútbol tendría que reconocer lo justo de nuestra Causa y la pureza de nuestra entrega.

Nunca fue vana la grandeza; quien no se expone no se impone.


Que aquellos que buscan su alimento dejen de importunarme con su cuchicheo.



Con Los Años Se Aprende A Despreciar La Huida Fácil Y Aceptar La Victoria.

Panegírica lisonja sin recelo de alguna corrubescencia.



No llegó la ignavia de los mortales a ser letálica culpa, pero se arrimó a ser borrón nigricante de su nívea candidez primeva. A la argentada estación sucedió el século ferrugíneo de la insania. Sabe el discreto que de los corderos se hacen los carneros y de los Porcos un puñado de Bravos. La ilación es innegable. Pero aún no lo he dicho todo. Oíd al sapientísimo mitólogo: los vagos de los astados han multiplicado las nequicias pues no hay fatuidad que no tenga sus protectores. Los mádidos colonos paralogizan la corrección, espontanean las fruges y todo los provoca a vómito. Les damos un viaje de cortesía antes de cavar la zanja.

Tenemos haters, los tenemos. Y tres años sin partido devino en un trienio de heces pustulosas. Todo lo que no les huele a futuro arcoíris les ofende, y ellos nos apestan a los demás con sus pavadas. Luego están aquellos que conocieron una Anglogalician que les purgó, y dádoles ha que se ha de mantener el torneo como ellos no quieren, sin hacerse cargo de que la bola da vueltas, y que por eso vamos a nuestra puta bola. Como ya no pueden lucir, rabian cuando otros lo lucen; a manera de aquellos árboles secos de puro carcuezos, que en tiempo de la prima vera, al llenarse los otros de flores y de celtas verdes hojas, ellos parece que se secan más de pura envidia expresada en siriaco. La pachanga, en todos estos ramalazos, siempre fue presta en clowns.



(Patulea lisérgica con soga ad hoc en vísperas de un nuevo aplazamiento inglés).

- ¿Os llovía cuando habéis leído el nuevo emain?
- Como si le Main hubiese confundido Yardley Gobion con un orinal.