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En El Bosque De Las Bayonetas. Un Eco Que Va Y Vuelve Desde El Infinito Al Infinito

Das ist nicht nur nicht richtig, es ist nicht einmal falsch! 



 
En su trabajo seminal “Pareidolias y apofenias. Danza a pelo en torno a la genealogía del aburrimiento” (Ediciones del Bagazo, 2019), el criptoboyardo Asclepio Taburdio dedicaba un capítulo al eremitismo como motor de una gnoseología nouménica que desvela la esencia de lo humano en el pathos más pedestre, o, como escribía el filósofo galizalbionés con su estilo antiacadémico, “cuando un pedo trasciende el ámbito de lo anecdótico y llega a ocupar una tarde de reflexión, el ser humano se aparta del amor propio y se acerca, aunque sea de lado, un poco más a su verdadera naturaleza”. Esta, nos dice Taburdio, presenta todos los rasgos de lo fútil. Sería en la aspiración de trascender esa futilidad que el hombre se instituye como homo economicus, traicionando los dones otorgados por Dios con la esperanza de emanciparse de una realidad que lo iguala por lo bajo con el resto de la Creación. Se trata pues de presentar la Historia como un descomunal ejercicio de vanidad, dado que la naturaleza humana carece de toda relevancia fuera de sí misma. Así, la valoración positiva del proceso civilizatorio se erige en maniobra de ocultación de la intrascendencia que subyace en el acto creativo, proyección ilusoria que encubre la falencia intrínseca de toda iniciativa conducente a “hacer del mundo un lugar mejor”. Taburdio pone en tela de juicio, además, la sinceridad de tal objetivo, fundado sobre la premisa de que hay “algo que enmendar”, y se pregunta por el origen de esa “traición cainita”, que metaforiza apoyándose en el mito bíblico porque no se trata ya tanto de una afrenta al padre -sea físico o espiritual-, cuanto de una traición entre hermanos. El esfuerzo emancipatorio se habría fundado entonces no tanto “contra” la naturaleza como sobre la pretensión de “apartar a los iguales”, subvirtiendo las jerarquías orgánicas para instituir las consabidas estructuras de poder. El análisis del filósofo termina por caer en un derrotismo apocalíptico de cuño baudrillariano, pese a la distancia entre ambos autores, que niega toda posibilidad de redención y se aferra al ideal improbable de un mundo pretérito que desconocía el anhelo aspiracional. La parábola del árbol del conocimiento funciona allí como dato empírico al que se accede no a través de la arqueología o la filología, sino desde la comprehensión del sentido: como percepción, como emoción y como destino. Y desde ahí se denuncia la hipocresía de la Historia y el brutal proceder del ser humano, sin parangón en la naturaleza, hasta el punto que “de entre todas las criaturas solo esta antepone su potencial destructivo a la dulce satisfacción de las necesidades”.

La obra de Taburdio, autor también de los ensayos “Taxonomía de la pereza” y “La teratología alevosa. Las sinrazones del biopoder”, así como de una breve e inquietante obra de ficción, “Walter Pandiani en el baño de señoras”, se ha convertido en un éxito de ventas y ha suscitado alguna que otra polémica en los círculos concéntricos de la opiniología hipersticiosa. A pesar del título inaccesible del libro y la deriva a menudo delirante de su pensamiento, el Enorme Aparato Mediático (EAM) de Galizalbión se ha apresurado a compararlo con el hebreo Harari y su superventas sobre la evolución humana. Muy probablemente, el motivo de este apoyo inopinado tuvo que ver con el hecho de que entre los innumerables ejemplos que utiliza para sus análisis de la condición humana se encuentra uno de los eventos más queridos por el público local, la Anglogalician Cup (AGC). En “Pareidolias y apofenias…”, el autor acomete una prolija descripción de dicha competición, incluyendo todos los proyectos paralelos que han ido surgiendo a su alrededor. Por supuesto, hay quien le reprocha haber tirado de oportunismo, a quién no se tacha de populista hoy en día. Pero la indagación hermenéutica que lleva a cabo Taburdio en torno a la AGC, cuya génesis es considerada por él como un ejemplo inapelable de la formulación benjaminiana del aburrimiento supremo, “el pájaro de sueño que incuba el huevo de la experiencia”, no resulta a la postre mera anécdota, sino que ocupa un espacio central en el desarrollo del libro.



No voy a extenderme sobre los argumentos expuestos por Taburdio, por motivos evidentes de espacio y porque ahí está el libro para quien quiera saber más. Pero sí vale la pena rescatar algunas de las aportaciones con las que el filósofo arroja luz sobre distintos aspectos del entramado de la AGC que hasta la fecha habían permanecido en un plano secundario, algunos obviados, otros poco atendidos y el resto omitidos intencionadamente conforme a los intereses del EAM. Estas son las lecturas de Taburdio que más me han llamado la atención:

  • En el plano descriptivo, que compone una escrupulosa relación cronológica de acontecimientos en la que el filósofo se recrea con evidente fascinación, salta a la vista el contraste entre el pasado y el presente de la Causa, cuya Historia puede rastrearse en las publicaciones del EAM. De un lado, los exégetas de los albores sacan pecho y lo enfilan hacia un futuro glorioso. El primer retoño literario, del 10 de febrero de 2008, un ejercicio de minimalismo firmado por blackemperor, celebra lo mucho por venir; el Main se hizo Verbo al día siguiente y realizó su primer vaticinio: “Promete”, aseveraba, quizás pensando en fabricar cerveza; un francés preguntó el día 12 si se aceptaba su lengua y el silencio administrativo le tendió la mano; un afrancesado, Citoyen, afiló los primeros cuchillos el 13 de marzo y, en lo sucesivo, la nave se fue dotando mientras a lo lejos se perfilaba un horizonte titilante. Del otro, donde nos encontramos ahora mismo usted y yo, doce años más quemados, solo existe la negación del futuro, el lamento y la enfermedad. En efecto, el escorbuto y la peste han hecho mella en la tripulación, La Hispaniola ha cambiado el rumbo y navega hacia el Ragnarök, los cadáveres de blackemperor y Citoyen, entre otros muchos, cuelgan de los mástiles enmohecidos pero, paradójicamente, mas vigorosos y enhiestos que nunca. Taburdio no explica nada, solo observa. No interpreta el significado de ese viraje hacia lo distópico.
  • Según el autor, la AGC es, sí o sí, un torneo de rugby. Que los participantes crean o quieran creer que están practicando fútbol, no anula la certeza de este hecho que es, siempre según el filósofo, impepinable. Aduce ciertamente una cantidad ingente de pruebas (fisionómicas, fisiológicas, etiológicas, patafísicas, antropológicas, uniformológicas, vexilológicas…), que avalan esta afirmación, la cual vendría además a confirmar la intuición de la mayoría de los observadores externos, que siempre han creído que la competición giraba en torno a un deporte de verdad. Es esta una vieja discusión que Taburdio quiere zanjar de una vez por todas, aunque termina por adoptar una postura cáustica que poco ayuda a sostener sus argumentos: “Que lo hagan mal y desconozcan las reglas, no quiere decir que no estén jugando al rugby”.
  • El Main existe y, antes de elegir a sus apóstoles y crear el blog de la AGC, había escrito ya medio millar de artículos proféticos, ciento diecisiete mil trece comentarios y ocho volúmenes de novelas póstumas que narran las peripecias de un vigués por el Morrazo, todo ello fruto del disgusto que le produjo la entrada de capital americano en el Liverpool F.C. en 2007. El hastío hizo el resto. Taburdio niega haber tenido contacto directo con Él, pero demuestra su existencia recurriendo a los argumentos ontológicos cartesianos que probaban la de Dios, resumidos así: “En la idea del Main está comprendido el ser absolutamente perfecto; el existir de algo lo hace más perfecto que la idea de su existencia; la existencia necesaria y eterna está comprendida en la idea de un ser absolutamente perfecto; luego el Main existe”.
  • Todas las referencias míticas a las que apela recurrentemente el imaginario anglogalicoso, desde la Cábala a la mitología nórdica, desde Baal a Virginie Despentes, son una cortina de humo que oculta las verdaderas fuentes de las que emana todo el conocimiento que el Main racanea a sus discípulos, a saber: Manuel Blanco y la teriantropía; Macedonio Fernández y la nada; Marcel Mauss y su enfermera. El primero, más conocido por su segundo apellido, Romasanta, le enseñó a canalizar la angustia existencial que produce el saberse anómalo, las posibilidades infinitas de la apofenia y el potencial del marketing sostenido por una buena narrativa. “La AGC, con algunos ingredientes añadidos, bien podría considerarse una paráfrasis de la vida de Romasanta”, afirma Taburdio. Del segundo, que asoma la pluma con su habitual humildad entre los comentaristas del blog, tomó las verdades últimas, la alergia a la razón práctica y el arte de camuflar entre risas el desprecio hacia los desvelos de la humanidad. Fernández, apunta el autor, es el profeta silenciado del aburrimiento. El solipsismo de la AGC, el eterno regreso a la nada, el humor como tablero de juego infinito, surgieron de “un ayuntamiento inconfeso que prendió a ambos lados del Atlántico”. Por último, un intelectual francés, contra toda sospecha, alimenta la biomecánica antiutilitarista de la AGC. Mauss se ganó la credibilidad del Main por un solo motivo: la inspiración de su teoría de las técnicas corporales procede de los ademanes delicados de la enfermera que lo atendió mientras una grave dolencia lo mantuvo postrado. Es, pues, siempre siguiendo a Taburdio y dejando de lado otras sustanciosas aportaciones, la fuente del eros y el thanatos de la AGC. Aquella enfermera, huérfana y tractor a un tiempo, árbitro entre la vida y la muerte, es, en último término, la única realidad tangible, realidad que se hace idea, como no, a consecuencia del ennui

Un mundo de cenizas medirá el sentido deicida de mi herencia

Sempre Afogou Máis Xente No Interior Dos Vasos Ca No Mar. A Longa Noite Dos Escrequenados Caranguexos

Pasadas as 8 da noite os Macabros afinaban os instrumentos. Na proba de son os ritmos motorfolk alternaran co punk de garaxe de letras escatolóxicas. Os concorrentes ían enchendo o local. O Main, no seu lugar reservado, contra a fiestra de vidreira de liñas góticas e debuxos de corvos e lobos nórdicos. Apuraba de xeito viril, máis con aire trivial, case descoidado, a súa terceira pinta. Ou sería a quinta?. Fora esmorecían os derradeiros raios de sol. De costas á ventá, coa faciana apenas distinguible, aínda que todos os presentes sabían que era Él. Quen ía ser? Ninguén máis ousaba ocupar naquela mesa.
O balbordo habitual interrompeuse bruscamente polos berros dos mozos peiteados, louros eunucos de camisa negra, marca no peito bordada en vermello, pantalóns cinguidos e botas de montar. Os lapabroas espetábanlle barbaridades a dúas raparigas que acababan de entrar no local e que tomaron rapidamente o camiño de volta. Un vello de bigote cano, sentado nun tallo canda a porta, ríalles as grazas, mentres a súa dona dáballe co cóbado nas costas e pedíalle que calase.
Na taberna soaban os primeiros compases. Apenas uns rasgueos de guitarra xunto o punteo do baixo. Ritmo lento, decaído. Arrancaba un ostinato en D seguido de A e Bm, Fm, G, D, G, A, moi recoñecible. Previsible. – “O puto canon”!!, marmurou alguén. E de seguido as primeiras letras:    
“Rematou a miña espera, Maruxiña meu amor,
durou demasiados meses, este estado de excepción,
vou velar a miña espada, teño todo preparado,
a doutrina da manada, a biblia do Porco Bravo”.  

No rostro do Main debuxábase un medio sorriso. Apurou o grolo e pediu outra. Aquelas letras, noutrora  improvisadas no Fat Cat, callaran nunha parte do porcobravismo, converténdose en icónicas. Case un  himno. O persoal anímase.  

“Ao abrente partiremos, a estrela do Main nos guía,
dende o Teucro, ata o Berbés, co cheiro da marusía.
Imos profana-la terra, da cidade ferralleira,
cantarase nos furanchos, esta Noite das Fogueiras.”

Os golpes de baqueta viran o ritmo da peza. Máis inconformista, rompe de xeito violento a batería, chimpan os vasos nas mesas, soben os decibelios e o tempo. Estira as cordas o baixista.  Lumeeee!!! Berran dende algún velador de mármore desvencellado. Arrufan ós músicos...     

“Máis se o cáliz non abonda, e so me estas preguntando,
polas orfas, polas birras, se a volta me está matando?,
se aparquei algún tractore, se fodín cunha malaia?,
se me prestou, miña rula, que gañara o Lois Alfaia?”.

“Que che dean Maruxiña, son un bébedo fervente,
enredei na Anglogalician, levo os hábitos dun crente.
Son así, estou prendido, nesta esmorga borracheira,
que árbore que nace torta, tarde ou nunca se endereita”.

Ninguén reparara de que a media brazada de muchachotes tomaran posicións diante do estrado. A faciana seria. Aire insolente. Dentes e puños apertados e pose marcial.

- “Eh tu!, greñas!!!! -berrou un par de veces o mais rufo do grupete, mesmo por riba do balbordo.
- A ver, marica!!!
- Que ostias es eso!!!? , “No sabeis nada en cristiano?!! Aquí se habla español cagondiós!!

Non me lembro moi ben do que aconteceu a continuación. Os músicos deixaron de tocar. O local enmudeceu. Dende a mesa da ventá, o Main acenou livián. Alguén, coa tatuaxe “O Burás” pechou a porta do local cun tremendo golpe de brazo. Os ferros asomaron baixo os gabáns, canivetes e navallas saíron das chambras, do interior dos petos, das mangas das camisas. O inferno abatéuselles sobre as cabezas dos raparigos sen darlles tempo de se acovardar.... Alguén, no fondo, comezou unha rexouba e todos os demais seguírono...

- “Eu son, eu son,  Maruxiña, eu son, si son, eu son, Porco Bravo son!!!”

O cántico prolongouse durante un bo rato. De seguido Os Macabros, indiferentes á masacre que tivera lugar diante do escenario, comezaran a rañar as cordas co preludio de "Buena Fortuna", o seu post-retranqueiro comentario, aferrollado no hieratismo habitual da banda. O teclado deixou paso aos ouveos de saúda da banda. O respectable volveu aos seus asentos, atrapados uns nunhas nasas alegóricas e os máis, noutras máis reais. Daquela masa sanguenta que quedara diante do escenario, ergueuse un corpo aterrecido, que, tras tres segundos de dúbidas abateu cun ruído xordo. A fotocopia dun espectro, se é que estes tiveran a posibilidade de que lles fixeran tal cousa. O corpo comezou a cobrear polo chan tratando de apartar o que quedaba dos que foran, había cinco minutos, os seus amigos.



Os Macabros retornaron ao seu disco aquel de 2012, atacando cun tempo por riba do normal, "El fantasma de la botella". Dende o seu posto o Main reparou unha centésima de segundo na esnaquizada figura que trataba de achegarse á barra entre laios apenas perceptibles. Apartou do seu pensamento algunhas das ideas asasinas habituais naquelas horas, mentres a súa cabeza facía contas dos adestramentos que ía perder o porcobravismo de seguir así a historia do coronavirus ese que estaba arrasando a capital da Meseta. Algúns miraban de esguello co sorriso de quen agarda a segunda parte co partido nove a cero en The Pines. Porcos Bravos orixinais e boniatos de toda a vida mesturados nese momento con veteranos de Yardley Gobion atrapados no seu bucle dende facía tanto. O corpo gabeou como puido ata a barra e deitouse sobre ela. O Main mirou de novo a escena e algo parecido a algo que semellaba un sorriso agromou brevemente na súa faciana. Porén, non moveu ningún músculo agás os necesarios para rematar a súa pinta e retornar aos seus pensamentos. O último raio de sol do día reflectiu na súa xerra.

Os restos carnosos da barra trataban de barallar algo. Un esputo de sangue competía por saír dende os seus beizos hinchados coas palabras.
- u-uu-u-na cvezaa prrrr babbbbbor
O “barman” mirou con xesto escéptico cara a ventá de vidreira de liñas góticas. Cun imperceptible aceno de cellas, o Main cuspiu:
- tonto do cú, dise "unha nasa"
Empezou a soar "Na mesma pedra"
- u-uu-n-a qué
- unha nasa, burrán!!!

A masa viscosa miraba espantado co que lle quedaba do ollo esquerdo. O “barman” tirou unha caña perfecta trala cal limpou a barra de restos orgánicos co xesto mesmo aburrido de quen fai esa clase de cousas a miúdo. O tipo levou a cervexa á boca e deu un grolo prolongado. "Ostia", escapóuselle alto e claro atraendo de miradas dalgúns parroquianos. Agardando outra malleira, mantivo en tensión a ciclópea mirada. Daquela non chegou a producirse. A música seguía soando. Pasados varios minutos de encollemento progresivo, consagrouse a inspeccionar con calma e discretamente a rateira na que se meteran el e os seus desafortunados colegas. Entre o milleiro de obxectos que había no local chamoulle a atención unha vitrina dedicada en exclusiva a conter unha xerra de cervexa chea de inscricións. O “ghicho” soltou outro "ostia" pero ben baixiño, non era cuestión de tentar máis o que lle quedaba de fortuna. A xerra non tiña característica singular ningunha pero irradiaba un algo que non era capaz de identificar. "Algún tipo de fetiche colectivo?", pensou, mentres o único ollo deambulaba polos debuxos de corvos e lobos nórdicos da vidreira da entrada. A figura da mesa do recanto devolveu a mirada obrigando ao espectro a humillar a vista de contado. Un pánico de orde superior á dor física anterior agromaba baixo os incipientes coágulos. O tipo tiña o pulso a mil. "Joder, que ostia pasa aquí?", pensou brevemente.

Recollido coma un repolo, unicamente concentrado en contar os segundos que pasaban infinitamente lentos, non foi quen de escoitar os pasos ás costas. Os Turbios, en pleno frenesí wall-of-sound, cunha combinación de ouvidos i electricidade, tampouco axudaban moito a escoitar ningunha outra cousa. Catro brazos levantárono no ar sen dificultade e levárono cara a mesa onde a figura silenciosa continuaba concentrada nos seus pensamentos. Guindárono sobre unha cadeira rectangular e chea de arestas que se lle fenderon nas costas abertas. A madeira estaba fría e fora xa esmoreceran os derradeiros raios de sol. De esguello, ollou o montón de carne amontoada como unha ofrenda aos pes dos músicos. Tivo un segundo de arcada que reprimiu nos beizos. O seu interlocutor comezou a miralo co interese que acostumaba amosar nas moscas que ás veces voaban cerca da súa mesa. Transcorridos algúns minutos interminables, escoitou como o home dirixíase a el en ton calmo, máis aburrido que outra cousa.
- Home, mírate, vaia pintas traes
- ...
- Entras na miña taberna cos teus amigos berrando como tolos. Molestades a esta humilde xente cos vosos comentarios e o voso aspecto ridículo e, finalmente, deixádesme todo cheo de merda.
- ...
- Non, non, non. Isto non está ben.
- ...
- Teño que esixirte unha compensación, non? Un quid pro quo, se a túa ignorancia permíteche saber de que falo.
- ...
- Estás moi falador, por certo
- ...

A música detívose. Algúns aplausos febles saudaron o set de temas que acababan de soar e o fungar habitual da parroquia comezou a inundar o local. Naquel momento o sitio parecía estar ocupado moi por riba do seu aforo real. A xente amoreábase e facía brincadeiras ao tempo que se baleiraban as pintas. Alguén arrincouse a tocar "Relouca Petote" mentres escoitábase o soar dunha gaita e un tamboril. O motor-folk deixou paso ao folk a secas. O rebumbio aumentou o seu volume.

- Puedo explicarlo todo.- A voz emerxeu entre a boca fanada. O seu castelán soaba máis raro do que el mesmo esperaba.
- Non me interesan as túas explicacións.- O Main levantara inusitadamente o seu habitual ton de voz. Varias cabezas xiraron na súa dirección e a música baixou automaticamente de volume. O antigo propietario dunha dentadura completa baixou a cabeza de novo e preparouse para o peor.
- Ves de interromper a miña quinta pinta coa túa aldraxante presenza. Por non falar da planificación do meu estrito calendario de adestramentos da AGC...
- de que? -outra interrupción, pero disto non foi consciente

O silencio impúxose no local. Agora moitos dos tallos xiraron na mesma dirección que o fixeran as cabezas.
O Main pechou os ollos.
Un sorriso como unha coitelada atravesou a súa faciana. As súas pupilas contraéronse ata converterse en  dúas cabezas de alfinete. O suspiro reflectía unha especie de cansazo cósmico. Aínda así, con voz grave e pedagóxico ademán,  comezou o seu relato:

- a AGC é a competición balompédica máis importante de Europa. Cada ano - cada seis meses nos mellores tempos- unha selección de futbolistas galegos auto-nomeada "Porcos Bravos" enfróntase con outra selección de ingleses que se fan chamar "Stags". Viaxamos ao país dos outros, bebemos cervexas, algún aparca tractores, organizamos concertos ad hoc, xogamos, bebemos máis cervexas e emprazámonos para o seguinte “match”. Iso que ves alí -sinalando con xesto fatigado a vitrina que o visitante examinara antes- é o noso trofeo. Máis dunha década de enfrontamentos a cara de can saúdan a nosa copa, símbolo da afouteza, do valor, da coraxe e da forza de todo un pobo. Nin ouses mirar para el!!!.
O tipo baixou a cabeza instintivamente. Había un punto místico no discurso que acababa de escoitar que non lle cadraba co ambiente eminentemente tabernario do local.
- puedo hacer una pregunta?-, dixo sen levantar a cabeza
- unha nada máis!!!
- toda esta gente, tiene algo que ver con lo que me acabas de contar?
O Main sorriu de novo. Pechou os ollos un intre, sorteando o fastío.
- por suposto que si, estamos en pleno corazón do territorio coñecido como Galizalbion. Somos habitantes dun país máis real que o teu.

O tipo pensou "¿qué?" pero prudentemente quedou calado. A historia que acababa de escoitar non tiña pes nin cabeza. O torneo futbolístico máis importante de Europa? Pero de que falaba este pavo, se ese torneo era a “Champions”, competición que gañaba puntualmente o Glorioso, o “Noble y bélico adalid,” (“tres en cinco anos, “tres de cinco” lembraba ao tempo que se deixaba levar por aquela húmida onírica sensación, a imaxe  de S.R. o “Apolo de Camas”, recen saído da perruquería, alzando o trofeo unha vez máis... si..., tres de cinco) . Porén, o conto estaba comezando a gustarlle e decidiu arriscarse....
- ¿puedo preguntar otra cosa?
En silencio, a faciana del Main mantívose inexpresiva. Alzou levemente as cenllas, o que o seu interlocutor interpretou coma unha invitación...
- ¿cualquiera puede unirse a los Porcos Bravos esos? Soy un buen lateral derecho. Defiendo duro, como un argentino de la vieja escuela, y subo con alegría pero no descuido la posición. Me gusta el plan que me has contado. Inglaterra, cervezas, tractores -¿de que ostia falaría o pavo aquel cando se refería aos tractores? pensou-, fiesta, trofeos, fama! Creo que encajaría bastante bien. Soy buena compañía viajando, me adapto facilmente a todo.
A inicial mirada acovardada deu paso a outra máis confiada, ansiosa, se cadra lixeiramente retadora, se non fora polas circunstancias, a boca fanada, a cabeza do tamaño e a forma dunha cabaza de xenerosas dimensións, o corpo esbandallado. Sorprendentemente asomou un leve sorriso. 
O Main ollou para o fulano de novo. Cunha mestura de curiosidade non exenta de impaciencia.
- Por suposto, para ser Porco Bravo so hai que cumprir o que din os estatutos. Non é difícil.
O tipo mirou ao Main . Estaba claro, -os estatutos, velaí está, hai normas nesta movida, matinou!"
- Vale, ¿dónde encuentro los estatutos esos? ¡Quiero presentar mi candidatura a Porco Bravo!

Unha xerra bateu co chan, se cadra varias. E un silencio perfectamente sincronizado instalouse nas gorxas de todos os presentes na cantina. Un silencio profundo, coma ese que se escoita cando tiras unha moeda a un pozo sen fondo. A puta mosca que andara amolando ao Main dende ben cedo, deu dúas voltas arredor da cabeza do aspirante a Porco Bravo. Naquel calamento o seu zunzún soaba coma un rosario de lóstregos. Unha pingadeira de suor esvararou pola fronte do aspirante. -"Merda, algo fixen mal, pero ¿qué?", pensou-.
O Main examinouno detidamente. Estaba terriblemente concentrado no seu calendario de adestramentos e aquel puto pesado impedíalle pechalo tranquilamente. Con xesto preguiceiro ergueu a xerra e logo incorporouse ceremoniosamente.
- Cabaleiro, déame un minuto. Prométolle que en breve resolverei todas as súas dúbidas.

Camiño da barra as voces eleváronse ao unísono. O barman agardou coma sempre a que o Main aloumiñara o mármore da barra e levantase e xerra como tiña feito centos, tal vez, milleiros de veces. Arrimou a cambota de onde penduraba o candil de carburo e o rostro do Main iluminouse cunha cor dourada. O sorriso, xovial, como a piques de asubiar unha melodía. Os Turbios regresaron ao escenario. Pasaron por riba dos restos dos mozos que estaban esparexidos polo chan. Conectaron as guitarras e escoitáronse os engastes habituais. Estaban listos para atacar a segunda parte do set.

A cervexa do Main estaba lista. Coa xerra na man regresou perezosamente á súa mesa. Ficou de pé xunto ao aspirante a Porco Bravo, o cal para miralo precisaba facer un escorzo que o rebentaba coa dor.
- Cabaleiro, -dixo cun ton cerimonioso- ser Porco Bravo non é igual que xogar nalgún equipo deses nos que seguramente xogue vostede. Non é "facer deporte" coa intención de coidar a liña -escoitáronse algunhas risas afogadas- ou estar san. Tampouco é facer “pachangas” cos colegas. Ser Porco Bravo é unha chamada do destino. Unha que poucos escoitan e menos aínda están en condicións de responder. É unirse a un exército para o que nunca hai batalla final, agás a que vai xusto antes da cruz de ferro. É estar listo a invadir un país e a defender o propio. É ter Fe nos designios do Main e saber que Él sempre ten a razón. Ser un Porco Bravo non é unha elección, é a competición a que te escolle a ti...

O Main deulle un grolo á súa nasa. Soou, unha vez máis o ostinato en D seguido de toda a secuencia (A e Bm, Fm, G, D, G, A), co que arrincara a tarde noite. O paifoco trataba de sorrir despois do discurso do Main, o cal resultoulle incomprensible. Un terror incontrolable comezaba a gabear polas súas costas. Algo non ía ben.
- Cabaleiro, debe saber que en cada despedida hai unha imaxe de morte. Brindemos por iso!!. Non vos aconsello o traballo senón a loita. Non vos aconsello a paz senón a vitoria. Sexa voso traballo unha loita, sexa vosa paz unha vitoria!
Dun segundo grolo a pinta esfumouse completamente. O lapabroas estaba petrificado nun xiro imposible mirando como os ollos do Main entraban en combustión espontánea.
- Vouche dicir algo. Será Porco Bravo quen decida o Main que o sexa. Esa é a doutrina.
"El Main??? De que ostia fala este pavo???"-, o pensamento pasou fugazmente pola súa cabeza mentres aquel papán contemplaba como, ao ralentí, a xerra valeira batía no que quedaba do seu ollo menos fodido unha, dúas, tres e ata catro veces. O arrepiante alarido apareceu acender os ánimos de non menos dez persoas  que arrodearon ao infeliz. Erguérono entre todos, deitárono sobre o mármore do mesado da barra, e lentamente, con exquisita e cirúrxica destreza, comezaron a relevarse na dura tarefa de comunicarlle ao tipo que non, que non podía ser Porco Bravo. Tampouco ia ser nada máis nos minutos que lle quedaban de vida. O Main, no seu estilo teatral que tan ben controlaba, botaba máis leña ao lume: "quid pro quo, quid pro quo!!!!". Os Turbios, nese momento, atacaron o retrouso unha vez máis, coa súa fodida mestría :
“Eu son, eu son,  Maruxiña, eu son, si son, eu son, Porco Bravo son!!!”
“Eu son, eu son,  Maruxiña, eu son, si son, eu son, Porco Bravo son!!!”
“Eu son, eu son,  Maruxiña, eu son, si son, eu son, Porco Bravo son!!!”
“Eu son, eu son,  Maruxiña, eu son, si son, eu son, Porco Bravo son!!!”





Arrojémoslos Más Allá De La Novena Ola



Me acerqué a observar los esqueletos de las ruedas que estaban recostadas en la cuneta de las ediciones pasadas. Somos puntos de la circunferencia de una rueda, recordé. Aún sin enllantar, los rayos encastrados en la pina daban a las piezas cierta reminiscencia marcial, cierta evocación de rueda de guerra y conquista, de derrota y alegría. He venido a ser hermano de los dragones, y compañero de los búhos, aullé. Después nos tocará a nosotros hacerlas girar, ofrecer sudor, huesos rotos, sangre de estirpe, aliento a cerveza. Sí, giraremos hacia la victoria porque quiero mirar a los ojos a los hijos ingleses del Ciervo, necesito este triunfo más que nunca a pesar de que más de una vez me he preguntado si hice bien en ocupar el puesto en la vanguardia de la jauría. Creo que en el fondo no elegí este camino, este lugar. Me alistaron y con el tiempo me lo creí. Lo llevo tatuado en mi abismo.

¿Alguien elige su camino? ¿Alguien puede creer que eligió su ruta entre tanto laberinto, entre la infinidad de pequeños sucesos que nos rodean y empujan? ¿Alguien se echa una siesta dos veces en días como este?

Ahora es tarde para el remordimiento. Todos buscamos compañías para formar soledades mayores. Vine a dar aquí y voy a dejar todo empujando la Máquina, alimentando la Bestia. Seré un digno Porco Bravo; rodaremos hacia la XVII, seremos fieles a la ambición que siempre ha movido a la Anglogalician por encima de los cadáveres de los pusilánimes, de los purgados y de los traidores, hasta dejarnos al borde del precipicio de otra edición al filo de la navaja




El Juez de todo el Chorromoco, 
¿no ha de hacer lo que es justo?

They Col Me The Killer. Forajidos De Leyenda Emboscados En Un Campo De Coles

This is the latest in a series of interviews with legends of the AngloGalician Cup.
I give you Colin “Killer” Whaley, Renaissance Man.



Beer or Lager?
Neither, until recently I was quite partial to a nice crisp cider such as Aspells, but I am now more inclined to explore the mysteries of red wine. I’m only a beginner on this subject, but perhaps my Galician friends could give me some recommendations?

Why do you support Man Utd?
I have supported Manchester United since 1967 when I was ten years old and I started to collect press clippings of the match reports. The first one was a 6-1 beating of West Ham which clinched United the League title. Why Manchester United? I think it was (a) because they were the best team in England at that time (and a lot of kids pick the top teams of the day) and b) they had the holy trinity of Law, Best and Charlton and I quickly became a massive fan of George Best.

What are your 5 favourite movies?
· Zulu
· The Warriors
· Gladiator
· Where eagles dare
· The magnificent seven

What are your 5 favourite books?
· Lord of the rings by Tolkien
· The Iliad by Homer
· Day of the triffids by John Wyndham
· The insult by Rupert Thomsom
· The shipping news by E.Annie Proulx

5 favourite albums?
Shit, you are asking me to choose only five of my kids?
· Teaser and the Fire cat by Cat Stevens. The first album I bought and a constant companion throughout my life
· Ragged Glory by Neil Young and Crazy Horse. The perfect Crazy Horse album
· Ramones by The Ramones or any other one from Leave Home and Rocket to Russia.
· Highway to hell by ACDC
· Brothers and sisters by The Allman Brothers Band

What is the future of the Anglogalician Cup
The next stage will be walking football as age catches up with both teams. Then the numbers will decline due to mortality until one player is left from each side and in 2050 they will fight the cup out over a Subbuteo pitch in an old folks home.

Punk or Prog?
Ooh, I do love a good punk track and I saw the Pistols, Clash, Ramones et al back in the day. But these days I’m much more inclined to prog such as Marillion, Big Big Train and Riverside.

When are the Tipsy Kings making a comeback
a) Either when the chattering masses deserve us and need us most or b) if we were made a good offer or c) when we can be arsed.

What was it like being a teenager in England in the 70’s?
Though politically England in the 70s was a depressing and turbulent time, as a teenager you didn’t take much notice (other than the odd power cut). I had a good bunch of mates and knew a lot of people around the town, so I had a lot of fun. I worked as soon as I left school so had money in my pocket so, for me, it was a constant round of pubs, gigs, parties, clubs, festivals and football (sometimes in the same day).

What do you think of England now?
I hate it. The political elite (the main parties) are a continual let down and the rest of the establishment is in thrall to the political elite. The countries infrastructure is decayed. There are too many people for the public services to cope with. The environment is not being looked after. A good deal of the population is rude, selfish or morally reprehensible. The ‘good people’ on which you hope society can build seem to be an ever decreasing number. I’m going to stop, I’m depressing myself!

What are your hobbies apart from drinking beer?
Listening to music. Reading. Cinema going. Singing with the legendary Ten Beers After Brotherhood. Jigsaws. Researching my family tree. Park running.

When are your daughters coming to visit Pontevedra?
a) Either when the chattering masses deserve them and need them most or b) if they were made a good offer or c) when they can be arsed.

What do you think of Pontevedra/Galicia?
I absolutely love it. The last time I was there, I sat in the town centre amazed at the amount of people; couples and families just strolling around in the sunshine. They were smiling, wore colourful clothes and just seemed so relaxed. You wouldn’t get that in Sheffield. I’d like to see more of Galicia and would be interested in any good hikes if anybody can suggest any.

Should Porcos have been given 3-0 win because of Stags no show in the XV?
Absolutely not – it’s a fake result. We should be recording actual scores not just making them up. Ridiculous!

Gog and the Telepathic Hyenas/Broke Lord, Pantano or Flip Chorale and Los Macabros?
All of them!! They are all legends along with Oscar Avendaño

Just in this day:Brexit or No Brexit?
No Brexit – but, to be honest I’m almost past caring I’m so fed up with hearing about it

Barcelona, Real Madrid or Celta Vigo?
Celta Vigo of course, they are the only team whose flag I have on the chair in my music room!

Best pub in Sheffield
I would have to go with tradition and pick The Fat Cat and also give a special mention to my current watering hole The Church House where we rehearse and meet for a regular social.

Best pub in England
Hmm. Tough one, but I’ll choose the Tan Hill Inn in Swaledale. This is the highest pub in Great Britain and the scene of a number of lengthy beer drinking session over the years. It’s also on the Pennine Way which I am proud to say I walked back in the 80s

Will Stags win next round in October?
Do bears shit in the woods!

Aminoácidos Y Un Poco De Speed. Bienvenidos De Nuevo Al 2020.

El año que viene tendremos que vigilar nuestros laureles. No hay que olvidar que estamos a punto de ganar otra guerra y con ella asegurar nuestro futuro: nadie querrá un patito rojo de goma que no haga ruido en la charca de la Anglogalician.



Unos excavan raíces esotéricas, otros fuman porros de helechos secos y simulan alucinaciones. Soltaron en el bosque a ciervos y jabalíes criados en granjas y contra pronóstico, se adaptaron a la intemperie. Vivir bajo un cielo de peltre no carece de emociones.

Fin de año en los puertos de Galizalbion. Desciendo a un antro terminal. Sólo los iniciados y los suicidas se dejan caer en la hora del lobo por la Fosa Escéptica. Debo ser lo segundo. La redención no es un vicio solitario y allí siempre puedes beber en contra de alguien. Veteranos del 2009 exhiben cicatrices de la campaña de 2019. La gente demanda una crónica que la intelligentsia​ no oferta. El mito de las juventudes del porcobravismo sacrificadas como carne de cañón en el huracán de Sheffield, permanece oral. No hay gratificación bucal para el gran público. Algunos supervivientes de la XVI se desgañitan explicando a otros hunos los arcanos de un nada a uno. Aguzo el oído. Tomo notas. Medio Grumo escupe himnos de metralla para la batalla que viene.

Tomo notas o me las invento. Existe una isla en el Norte. En cada reino hay un Gran Dragón y ocho hidras; en cada dominio, un Gran Titán y seis furias; en cada provincia, un Gran Gigante y cuatro gnomos; en cada guarida, un Gran Cíclope y dos cormoranes bermejos. Allí todo ocurre una hora antes y sucede siempre en dirección contraria.

El incesto mental, las largas veladas, las ovejas y las baladas. Porque tuyos son los cuervos, las rosas y la historia. Tuyo es el olmo, el fresno y el carballo. Empezamos atacando, ¿sabes?. Los pillamos desprevenidos. Se les veía en la mirada. No lo esperaban. Muy bueno el planteamiento del Main, pero coño, ¿qué cojones hace mal el Main?. Eso. Actitud y aptitud. La pelota y las ocasiones eran nuestras. La violencia también. Los pillamos, tío, los pillamos. No salían de su área. Vale. El ariete estaba con criterio pero romo. Un golazo pero, siempre hay un pero que ladra. Con más precisión, les cae un saco. Un puto saco. Pero bien, al descanso bien. Guan nil. ¿Los nuevos dices?. Los nuevos como que ausentes. A uno le vino grande el chorromoco, otro vomitaba hasta por los codos. Pero no se puede decir. La versión oficial es que el relevo generacional funciona. No la vayamos a joder. Esto en confianza. Que no salga de aquí. Igual divago, pero creo que el del Diario de un Porco Bravo ya mojó el banano. No, no era un tejón, a pesar de las pretensiones decorativas del herrero; era sólo un conejo. Hostias, ¿por dónde iba?. Ah, si. La arenga antes de empezar la segunda parte. Joder, emotiva pero viril. Honor, Sacrificio, Lealtad, Galiza, todas esas palabras en mayúscula. En plan conquistamos la colina y ahora hay que mantenerla. Toca sufrir pero confío en ustedes. Funcionó. El Main nos dopó intelectualmente. A todos menos a uno. Si hace usted el correspondiente viaje de invierno, obtendrá su recompensa, siempre y cuando lo único que desee sea un huevo de pingüino. Oye, escucha, estos de Medio Grumo son los nuevos Gog y las hienas telepáticas. Eso de aminoácidos y un poco de speed debía estar de lema en el escudo del Ronnie Farras.

La reanudación fue como jugar en un país extranjero. El Main lo clavó. El Main es el Gran Brujo, y su estado mayor, los nueve delfines. El león inglés caló bayoneta, patada para delante, choque y rebote. Un respeto a los casacas rojas. Orgullo y Tradición. Y ya ves, tanto quejarse del tamaño de las porterías, que si son pequeñas que si son de waterpolo... y es lo que nos salvó. Por arriba nos las pillaban todas pero les iban al palo o fuera por muy poco. Un puto asedio. Pero los jodidos veteranos de la retaguardia ni se inmutaron cuando se desató el vendaval. Eso también fue decisivo. Ya en el mediocampo, faltó mucho capítulo de Barrio Sésamo. La gente confundía posicionarse y defender en el centro con irse arriba y jugar de delantero. Minutos muy deslavazados. La vamos a cagar por ahí, pensé. El del flequillo no. No va por él. Ese lo hizo todo bien. Aún les pudimos cazar a la contra al final, cuando ellos ya estaban a la desesperada, pero la pólvora se le secó a alguno la noche anterior. Me entiendes. Causa ceguera. Hubo tanto descuento que parecía que estábamos en la prórroga. Costó vencer a domicilio, a veces aún lo pienso y no me lo creo, pero me quedo con esa melancolía irremediable que todos sentimos después de follar y al final de un partido que ganamos. ¿Qué? No, ni de coña. El partido no te lo voy a contar. Te jodes y lees las putas entradas.

Say Hello The Blackshirts

Se acerca un dragón de sangre y fuego
que no dejará piedra sobre piedra 


Rising From The Ashes Of An Umpire. Inglaterra Batea De Nuevo A Los Murciélagos del Mundo


CRICKET LOVELY CRICKET


"The sun shone, having no alternative, on the nothing new." (Samuel Beckett, Murphy)



No todo fueron derrotas para los ingleses en 2019. Cierto es que perdieron la final del mundial de rugby contra los bóeres. Y lo que más les duele. Fueron vencidos en casa cuando la XVI Anglogalician.

Pero por primera vez en su historia ganaron the ICC Cricket World Cup, que como habrán deducido, es el mundial de ese peculiar deporte llamado cricket.

Admiremos como Algernon Mouse defiende los wickets con su sapiencia habitual.

There's Murphy moving in the shadows as though free; what a fine short leg he makes -an Irishman on an English stage. At a very silly point, Belacqua, entertaining the dual throng of hard-bitten, twice shy members in front of the old pavilion, where the important ins and outs happen.

Then there's Brian O’Nolan’s nameless policeman at third man talking to his bicycle about Sergeant Pluck and Policeman MacCruiskeen and the lack of action.

And, at a very deep mid-wicket there’s Myles na gCopaleen mirroring my mood before a cricket match, where “all my senses were bewildered all at once and could give me no explanation.” (The Third Policeman, Flann O’Brien)
We  all know Godot won't, can't turn up but we, like Didi and Gogo, cannot resist staying until the bitter end, putting any doubt beyond hope that every doggerel has its day.

Cricket becomes a habit -a great deadener of conversation unless happenstance should ever throw your way a fellow naked-in-the-chair absurdist that welcomes the arrival of two very qualified people in white coats.

Then there are the two men in white coats sucking Malloy's stones, measuring the sun's slap-dash, indifferent progress across the velveteen earth with white markings making creases in the fabric of absurdity, waiting for Nile-ist deliveries infinitely slower than the current tide.

Malone dives under the covers, like a flash rain shower, cutting off a petty four and looking at the sky for half a dozen of one and six of l’autre, unable to prevent crafted singles so that the electronic counter continues to sparkle in recording history of Krapp's annual innings, when draws were honourable after three, four or five theatrical acts.

The tools of these gentle comi-tragic tirades are: six sticks of ash (with four little stubs of the same wood rest atop); a box of carefully stitched leather covered aniseed balls; two lumps (at a time) of lovingly carved willow; a large expanse of greenery; and a length of rope to hang the hopes of a few thousand folks who assemble to witness the spectacle that is cricket.

The produce is of overs and outs -called in the parlance dismissals- constituting multiple innings to achieve one of at least five outcomes: win/loss/draw*/tie/abandoned*.

However, the most important outcome all these results aim to produce is cricketing happiness. This is a complexity of Beckettian dramas recalled by cricket lovers as Krapp's Last Tape. Cricket is found between dust sheets and buzzing ears; memories played over in the brain; Box 3, Spool 2, and where's the banana? Cricket grounds are places of worship where subjectivity playfully tussles with fact; where fiction too real to be dismissed entirely, has a friendly arm wrestle with the cold, isolated numerical non-fiction.

Like those mathematical devotees who find beauty in numbers, cricket lovers find narratives in averages and numbers which are attributed to names to produce iconography and iconoclasts alike. Where scorers fastidiously etch little stories with the title, 'I was there, were you?' The officionados who recall passages of play that might, on the surface, appear deeply mundane, or, as some cruel critics have described as watching the matt white lose its moisture before you hide it behind an underused bookcase or merely hopeful, flat-pack trophy cabinet. Recollection of a discriminating number three, at the fall of the first wicket, intent on smothering even the juiciest half-volley outside off-stump so as to avoid a game of dominoes. Instead he or she shuffles cautiously forward like the second draught in a contest with a chess master.

A word to the wise for those who find themselves attending a cricket match instead of imbibing the sweet smoothie of daytime TV entertainment shows that vaguely resemble cricket: check the scoreboard before you fall asleep, and never sleep with your mouth open.

Apart from the impromptu fly lunch you might involuntary intake, you could also be suddenly woken with a sensation of being a stuck pig as a boundary four hops off the rope like a frightened rabbit on heat, or a boundary six might lodge itself in the gaping cake hole and dislodge your natural smile.

You will also need to be aware of the duration of the match before contemplating entering the land of nod during playing hours. A four day, five day encounter should render places at fine leg, cow corner and, every other over, behind the wicketkeeper and the five run helmet, safe havens.

However, if it's a one-day game of obscene brevity, there's nowhere technically safe as they've invented a few weird shots that can propel the ball anywhere in the 360 degree gamut. If you get an obsessive 'ramper' then anywhere in the cover region should be a good bedding area.

If you do manage to get some shuteye, then you may not miss out on the action as it has been scientifically proved that subliminal cricket 'watching' is possible, now that the public address systems disperse so much information regarding the action of a game.

I would recommend watching the game with eyes and mind wide open to fully appreciate the repeated spectacle of the white-clad players resembling LS Lowry figures lurch, bend, walk slowly in as the bowler runs in with shoulders slumped as if fighting a force-ten gale.

Then there are captains who scatter their field like seed in the belief that victory will grow, unlike the captains who use sextants, theodolites, spirit levels and spread betting in order to change fate. This cosmic range of approach is a wonder to behold when watching, following or contemplating the essence of cricket.

Before the curtain goes up on a game, the covers are removed and the officials and players come on to the field. Then the batters mark their territory hoping it's not a cat on a hot tin roof wicket, and the bowlers plot their stepped approach as precisely as an air traffic controller, hoping to land in the right area at the crease to deliver their Barnes-Wallis bombs at their damned foe for the day.

A strident burp from the well-breakfasted crowd signals the bowler's run in, before the sacred first ball in a projected, contractual (a modern addition) 576 balls for the day's work, rest and play. The fielders are scattered like dice, reflecting the team's hopes and fears for the immediate future.

A full slip cordon,  gully and square point with possibly a short square leg in catching position would signal attack; whether hopeful folly or wilful expectation would be determined in due time: would it be willow-cracking, ash-cracking or palm warming as a thermometer of the contest's temperature. Will the day's narrative be prose, poetry, doggerel or mime, or indeed, as is more often the same, a potent cocktail of all four?

Once enticed, you might find yourself as Vladimir and Estragon, puzzling over a great existential dilemma: should we wait? Should we go? Let's go! We can't, we're waiting for cricket!

Cricket isn't the easy viewing of last-ball frenzy performance days, it's the sixty delivery spring watch of a batter who is going through cricket hell: who sees the wicket as a vast arid desert, the extent of which his strokes cannot traverse. Alternately, the hell of a bowler, steaming in over after over, who cannot for the life of him make the batsman play a delivery: it's as though the wicket and the ball are of the same polarity in rejecting all the efforts of the non-for worker.

Cricket is one of the biggest, deepest, most profound questions we ask ourselves in life: why are we here? Anything else is merely misguided entertainment. Cricket isn't HD, HDMI or 5G, it's lantern slides and 2D, hand-drawn single-cell animation. Cricket isn't easy listening of the everyday dross of commercial radio and TV, it's Hendrix played at 0.5 rpm. Why else watch a purist top-order batter endure a nerve-jangling half hour without hope of a run then see a farmyard machinery yahoo merchant carve a six first-ball, and accept the sense of it?

Beckett dramatised cricket without trying. The drama is so context-specific. Its narratives are deeply affecting, especially when appearing most boring. It's the train number you haven't seen yet, even though consisting of twelve alphanumerical digits, it differs by one from the ones already seen. Every dot ball is different. If you think two consecutive nudges by the same batter to the same fine leg are repetitively the same, then you are not watching fully. Even at the bald number-crunching level, cricket doesn't produce absolute repetition in its essence. Yes, formulaic structural changes to accommodate the modern professional dutiful day at the office player have brought apparent repetition but it's incomplete as the mandatory 96 overs can take anything from six and a half hours to the eleventh hour.

Cricket gives uneasy birth to tales taller than Goliath. Tales of ripping stickies taking Medusa-like turn, enough to make the mightiest of willows weep; and Boy's Own stories of strident sun-kissed strips where the leather was tanned and dried and stitched like a kipper; yarns of toe-nail extracting Yorkers, Y-front endangering beamers, ball-bursting bouncers and deviously deceiving seamers, all countered with desperately beautiful drives and embarrassing knicks, carving cuts and hopping hooks, petulant pulls and quick glances, all part of the livery of cricket's anvil-forged equipment, displayed in nostalgic meadows, racecourses, amphitheatres and educationally sound grounds in the shadows of academia.



A quick manifest of equipment:

  • Pads like a mother's protection from the bruises and knocks picked up in the rough and tumble of play.
  • Box to protect lineage and eye-watering ball contact, whether direct or the result of an edge.
  • Helmet (a modern addition) as a safety standard to keep the players conscious.
  • Bat to preserve dignity and yet...it can be a paint brush, a wand, a cross to bear, a cudgel, a knife, a rapier, a stonewall, a brickbat, a small tree (a modern phenomenon) waving on a wind, windmill tilting at immortality. And, at the worst of times, a bat can be a cocktail stick poking at the cherries as if drunk before being bounced out in an act of mercy.
  • Sunglasses (a modern addition) to deflect the gloom of an English summer from sleepy eyes still in pyjamas (a modern addition) advertising the commercial influencers of cricket's future.
  • As a fielder, you only need to wear the basic shirt, pants, socks and shoes, over the fundamentals of underwear, probably logoed and sponsored.

An underlying premise of fielding is the ability to dream. Imagining you might cradle a catch in the slips to delight your bowler; or pouching a square cut in the gully or on point duty; bagging a dolly off a skier after stretching a long leg to wait under a mistimed hook or pull. Or to swoop like swallow and shy at the castle to enact a glorious run out, or flip like a dying fish and make the catch of the day at silly point, silly mid-on or very silly short-leg. Or, on those cosmically cruel days a fielder might graze on lush grass, not feeding on any cherries from life's bowl, merely watching the Rosebud bloom from a distance, unsullied by the fielder's hand, completing a day's ruminating without registering in any scorebook or being remembered by one man and his dog, realising that even the dog's barking had nothing to do with you. At least days like this give a cricketer time to read and cogitate over an Albert Camus novel or two depending on their thickness. Where someone of a certain character can savour their role in folding the space time continuum by spending an hour at the crease scoring fiver runs in five tortured scoring strokes only to see another player of a dissimilar character score one more run in the blink of an eye with one weft of their hefty loom. The term 'different strokes for different folks' could not be better illustrated. Just as a clinician often wears white, a rude mechanical often wears (a modern addition) coloured overalls.

And so, the noiseless tenor of cricket's way ploughed over and the combined harvest of money boils the colours and turns the ball into a pigeon pellet, shrinking the eloquent attire of the funny old game.

Today, stumps light up and the old heart dims, and faulty jacuzzis can stop play. The numbers spin like a one armed bandit, spinning and crunching whilst the narrative of cricket is gradually silenced, outspoken, drowned out by brash loudmouthed chattering big cash.

Some say, quietly, out of earshot of any listening device, and with a real tinge of sadness, that might lead to lachrymose sepiage, that modern scorebooks have a double-entry system and that coins tossed are too clean with their fixed win-loss monologue mindset.

Cricket is a myriad narratives reliving the escapades of colourful characters - even those recalled in B&W -who made pigments of themselves feasting on occasion, setting a banquet before audiences hungry for heroes. Audiences, aka crowds, that hang around like puddles under a seeping frieze-grey sky wishing for even an hour of Beckettian play, eager to see a rocket pinging off a helmet, with tingling hands remembering the very first sting of swallowing the little red pills that turned out to be anything other than they seamed.

Whether it was a missile hissing not so sweet nothings in an ear, or a whispering, beguiling siren song of a high looping googly, and grandiose poesy of a destructive Bosie bringing down a wild giant, or long, lonely sojourns in the longer grass waiting for a late cut, an edge or a leg glance so you could show off your prowess at throwing, knowing there's nowhere else in the wide world you would rather be.

These exhibitions of glorious absurdity might be to temporarily possess ashes, or indelibly establish a great name in the game, it may be merely to establish the title of cock-o-the-north, or to be the true champion county, but only when the attire and not the ball is white, you'll find an existential tussle you can scoop like ice-cream, number-crunch like wafer, causing your brain to freeze in wondrous absurdity.

At the home of the cobblers, where Samuel Barclay Beckett shuffled briefly, a single breath, for two consecutive years, in a worldful of obscure statistics and fictions fused with fact.

His brief contribution is noted in the cricketing Bible (Wisden) where records are studiously kept of exploits of dons who were taught lessons by their pupils; illustrating like Boz, the detailed episodes of how their uppity charges outscored them in practical tests; where coal miners could tap into another seam with the wind behind them, chasing ducks by throwing hot coals at the surface-dwellers, doing simple, twenty-two yard mathematics in taking away one or two from three to avoid further addition to the score; and where legends are made of the like of fiery Fred destroying castles to become the first of the three-hundred club, and his pal Brian moving at anything but a snail's pace understatedly and modestly devastating all and sundry; then there's Jack Hobbs, the leviathan of runs, and the Don - an honest giant of the game, defying the averages and becoming the father of all batsmen, striking fear into others without any semblance of malice towards opponents; and the West Indian threesome of WWW, connecting the world to cricket long before the world wide web was conceived.

The Old Masters mostly have only two lines of statistical dialogue in the cacophony of numbers, yet their voices have so much resonance and tremendous timbre in speaking to us of the essence of cricket.

The modern phalanxes of experts analysing to a pixelated degree somehow sully the essence of cricket. This revisionist cynicism - fuelled by mammon and a misguided neophilism - puts me in mind of a wonderful Spike Milligan poem of love and trust destroyed by crass ignorance:

            “Painful though it was,
                        I cut my last winter rose for her.
            She turned it inside out
                        to see who the manufacturer was.”
                                    (from Open Heart University, Spike Milligan)

 So, on that melancholic note I'll leave the ground to darkness and to tomorrow and tomorrow and tomorrow with an abiding memory of a classic Black&White, pre-streaming TV cricket moment: Colin Croft, playing for Lancashire in a Roses match, bowling in such an idiosyncratic,  efficaciously fearsome manner, removed the off-stump of the great GB; the middle stump of a future England international, and the leg stump of one of Yorkshire's greatest stalwarts, causing the stumps as well as the modest, hardy crowd to dance, all in the space of a few twilight overs.

Now, you could look up the event to find out what exactly happened, on record in bald statistics, and possibly prove my memory faulty and/or fanciful, but you could also let such a vital, vibrant, voluminous vision enter your mind, move across your synapses like sunshine shadows scudding over verdant fields: it's your choice but either way it will always be cricket. As the lad himself said:

"You must go on. I can't go on. I'll go on." (watching cricket) Samuel Beckett The Unnamable.