No sabíamos muy bien dónde íbamos. Sabíamos, eso sí, que estaba lejos. Muy lejos. Tan lejos que cuando dices Isla de Pascua o Rapa Nui no estás dando una localización: estás señalando un lugar mágico en mitad del océano Pacífico, algo así como decir “el borde del mundo” o “ese sitio al que solo se llega si de verdad lo necesitas”. El ombligo del mundo, lo llaman los rapa nui. Y nosotros, como pasa con los Porcos Bravos y los Stags en la Anglogalician Cup, aceptamos el desplazamiento sin preguntar demasiado.
Todo empezó en octubre de 2022, bastante antes de ver un solo moái en 2025. Aquel año, un gran incendio arrasó parte de la isla, afectando especialmente a los moáis del interior del cráter de Rano Raraku, una zona a la que casi nadie ha podido acceder. El fuego avanzó sin pedir permiso, como siempre hacen los elementos. El Departamento de Arqueología y Conservación de la comunidad indígena Ma’u Henua —responsable de la conservación de todo el patrimonio de Rapa Nui— hizo todo lo posible por frenar el incendio y evaluar los daños, aunque el estado de conservación del interior de los moáis del cráter quedó fuera de alcance.
De aquella situación nació algo importante: un convenio de colaboración de trabajo horizontal entre la Universidad de Barcelona y la comunidad Ma’u Henua. No un acuerdo para “venir a hacer o enseñar”, sino para trabajar codo con codo, compartir decisiones, conocimiento y responsabilidades. El objetivo era claro: evaluar entre todos el impacto del fuego sobre los moái de la isla, y muy especialmente sobre los del interior del cráter. Así, en febrero de 2025, viajamos a Rapa Nui como viaja un equipo de fútbol: en grupo, con roles distintos y con técnicas analíticas como si fueran tácticas de partido.
El viaje empezó oficialmente a las 19:00 en la Facultat d’Arqueologia de la Universitat de Barcelona, empaquetando equipos científicos como quien prepara las botas y las camisetas antes de una gran final. Luego vinieron 14 horas de avión de Barcelona a Santiago de Chile, en la “lujosa” Level: apretados, sin comida y con tiempo de sobra para imaginarnos cómo serían los moáis, sintiéndonos un poco Thor Heyerdahl, pero con menos épica, más equipaje facturado y en avión en vez de en balsa. Tras un fin de semana de escala en Santiago de Chile —homenajes a Víctor Jara, barrios bohemios, librerías y descubrir que a muchos chilenos no les entusiasma Pablo Neruda—, por fin, otro avión hacia la isla.
Llegamos con los cuerpos desajustados por el jet lag y la cabeza funcionando en horarios que ya no existen. Como cuando cruzas media Europa para jugar contra unos ingleses que prometen “una pinta rápida” y acabas corriendo bajo la lluvia: esto no era tan distinto.
Llegar a Rapa Nui es como llegar a un estadio perdido en mitad de un océano inmenso. Sin gradas, sin marcador, pero con una historia que pesa más que cualquier copa, incluso la laureada Anglogalician Cup. Sales del avión y te reciben el viento, el sol y el mar en todas direcciones, con una certeza inmediata: este es un lugar único y aquí se juega un partido histórico contra los elementos. Viento constante, lluvia imprevisible, spray salino, biocolonización, sol intenso, fuegos esporádicos… el once titular del equipo rival. Y allí descubrimos que no hay público neutral.
Venimos con un objetivo claro: conservar moáis. Y para eso hay que entender cómo juegan los elementos y cómo afectan a nuestros jugadores, los propios moáis. Dicho así suena solemne, casi heroico, pero llegamos con más preguntas que respuestas: ¿Cómo están los moáis del cráter por dentro?, ¿El fuego habrá creado grietas invisibles?, ¿Qué otros elementos están actuando?, ¿Cómo se puede frenar su avance?, ¿Quiénes somos nosotros para venir desde tan lejos a trabajar acá?
Entrar al interior del cráter —una zona normalmente inaccesible— fue como saltar al césped de un campo sagrado. Antes, tuvimos que pedir permiso a los ancestros en lengua rapa nui. Como si fuéramos Roberto Baggio antes de la final del Mundial del 94: cada uno a su manera, pero con el mismo respeto. Y entonces los vimos. Los moái no aparecen de golpe: se dejan descubrir poco a poco, como delanteros veteranos que no calientan demasiado pero imponen respeto desde el primer minuto. Gigantes de piedra, algunos en pie, otros caídos, todos con una dignidad silenciosa. No hablan, pero te observan. Y sabes que estás jugando fuera de casa y en un templo sagrado.
Dentro del cráter el trabajo empezó pronto. Era febrero, verano en la isla. Sol, viento, salitre, herramientas pesadas y manos aprendiendo sobre la marcha. Nada de gestos técnicos para la galería: aquí se juega en corto, en equipo, cubriéndose unos a otros. Cada decisión cuenta. Cada error se paga. No hay prórroga ni penaltis. Solo resistencia.
Hubo cansancio, dudas y momentos de pensar “¿qué hacemos aquí?”. Pero también risas, comidas compartidas y esa complicidad que solo aparece cuando dependes del de al lado. Nuestro equipo lo formábamos miembros de la comunidad Ma’u Henua y de la UB; el equipo contrario, local, eran los elementos. Allí entendimos rápido que conservar moái no es un partido fácil ni se gana en noventa minutos: es una liga larga, con muchos encuentros, y requiere coordinación y un equipo multidisciplinar. No veníamos a marcar goles, sino a evitar que el tiempo siguiera marcando.
La comunidad rapa nui nos enseñó más de lo que nosotros pudimos aportar. Aprendimos que los moáis no son ruinas ni esculturas: son familia, ancestros, memoria viva. Son importantes para toda la humanidad, sí, pero sobre todo para quienes sienten ese patrimonio como propio, como recuerda la Carta de Nara de la UNESCO (1994). Por eso es tan importante que Hoa Hakananai’a —el moái “secuestrado” en el British Museum— vuelva a casa y esté con su familia. Entendimos también otro conflicto: para muchos rapa nui, el moái nace de la naturaleza, de la montaña, y debe volver a ella al convertirse en arena, cerrando el ciclo. Conservar es, en cierto modo, evitar o alargar ese final. Y allí, a veces, tuvimos público dentro de nuestro propio equipo a favor de los elementos.
Cuando llegó el momento de irnos, no hubo celebración ni foto de equipo levantando nada. Hubo la sensación clara de todo lo que queda por hacer. Sí hubo trabajo en equipo, planificación y nuevos proyectos. No ganamos aún la copa contra los elementos. Ahora algunos partidos se juegan en los laboratorios de la UB y pronto volveremos a disputar el segundo partido, a finales de 2026, en el campo más remoto del mundo. El primero terminó en empate. De esos que saben a victoria. Seguimos trabajando, y la liga continúa. Les iremos contando.

252 comentarios:
«A máis antiga ‹Máis antiga 201 – 252 de 252 Máis recente › A máis nova»
-
La lluvia antes de caer
dixo...
-
-
14 de febreiro de 2026, 20:43
-
Clotario II de Neustria
dixo...
-
-
14 de febreiro de 2026, 20:58
-
obtuso, bruto y abyecto
dixo...
-
-
14 de febreiro de 2026, 21:01
-
Zombi
dixo...
-
-
14 de febreiro de 2026, 23:52
-
sacrificios en el moái
dixo...
-
-
15 de febreiro de 2026, 00:00
-
Todo o nada
dixo...
-
-
15 de febreiro de 2026, 22:49
-
woke bunny
dixo...
-
-
15 de febreiro de 2026, 23:19
-
despojado de grasa
dixo...
-
-
15 de febreiro de 2026, 23:20
-
🗿
dixo...
-
-
15 de febreiro de 2026, 23:38
-
Vate con un bote de vaselina
dixo...
-
-
16 de febreiro de 2026, 00:01
-
MOÁI
dixo...
-
-
16 de febreiro de 2026, 19:11
-
odio los números capicúas
dixo...
-
-
16 de febreiro de 2026, 19:13
-
Capitán Merluza
dixo...
-
-
16 de febreiro de 2026, 19:14
-
Dato
dixo...
-
-
16 de febreiro de 2026, 19:17
-
Y yo con estas pintas
dixo...
-
-
16 de febreiro de 2026, 19:32
-
Y yo con estas pintas
dixo...
-
-
16 de febreiro de 2026, 19:33
-
Y yo con estas pintas
dixo...
-
-
16 de febreiro de 2026, 19:35
-
Y yo con estas pintas
dixo...
-
-
16 de febreiro de 2026, 19:36
-
Y yo con estas pintas
dixo...
-
-
16 de febreiro de 2026, 19:38
-
Y yo con estas pintas
dixo...
-
-
16 de febreiro de 2026, 19:43
-
Y yo con estas pintas
dixo...
-
-
16 de febreiro de 2026, 19:44
-
Tengo envidia del lobo gris que se disimula en la lluvia.
dixo...
-
-
16 de febreiro de 2026, 20:37
-
The Puto Pato Glücklich
dixo...
-
-
16 de febreiro de 2026, 21:06
-
Vivían aún en la Edad de Piedra; no conocían los metales y sus prácticas culinarias se reducían a colocar sus alimentos entre piedras incandescentes dispuestas en el suelo.
dixo...
-
-
16 de febreiro de 2026, 21:55
-
un humor caca, culo, pedo, pis que vive de mostrar genitales, introducir meretrices y poner a gente a beber y hacer aguas mayores ante la cámara.
dixo...
-
-
17 de febreiro de 2026, 09:10
-
– ¿Otras dos cañas?
dixo...
-
-
17 de febreiro de 2026, 10:32
-
Free Rapa Nui
dixo...
-
-
17 de febreiro de 2026, 10:34
-
Tractor contra moái
dixo...
-
-
17 de febreiro de 2026, 19:34
-
han aparecido un par de moléculas que apuntan muy bien, pero hay que seguir puliéndolas y medir su toxicidad
dixo...
-
-
17 de febreiro de 2026, 20:10
-
Ruta Feniana
dixo...
-
-
17 de febreiro de 2026, 22:11
-
Burnt Norton
dixo...
-
-
18 de febreiro de 2026, 02:50
-
Burnt Norton
dixo...
-
-
18 de febreiro de 2026, 02:54
-
Burnt Norton
dixo...
-
-
18 de febreiro de 2026, 03:00
-
misomúsicos y agelastas
dixo...
-
-
18 de febreiro de 2026, 08:31
-
Cinza
dixo...
-
-
18 de febreiro de 2026, 09:29
-
Confusio
dixo...
-
-
18 de febreiro de 2026, 13:24
-
Anónimo
dixo...
-
-
19 de febreiro de 2026, 10:12
-
O Xoves Hai Cocido
dixo...
-
-
19 de febreiro de 2026, 10:14
-
O Xoves Hai Cocido
dixo...
-
-
19 de febreiro de 2026, 10:15
-
O Xoves Hai Cocido
dixo...
-
-
19 de febreiro de 2026, 10:16
-
O Xoves Hai Cocido
dixo...
-
-
19 de febreiro de 2026, 10:16
-
O Xoves Hai Cocido
dixo...
-
-
19 de febreiro de 2026, 10:17
-
O Xoves Hai Cocido
dixo...
-
-
19 de febreiro de 2026, 10:17
-
O Xoves Hai Cocido
dixo...
-
-
19 de febreiro de 2026, 10:18
-
O Xoves Hai Cocido
dixo...
-
-
19 de febreiro de 2026, 10:18
-
Anónimo
dixo...
-
-
19 de febreiro de 2026, 20:25
-
Sleep, Dearie, Sleep
dixo...
-
-
19 de febreiro de 2026, 21:32
-
Vate con un bate
dixo...
-
-
20 de febreiro de 2026, 10:30
-
Borges
dixo...
-
-
20 de febreiro de 2026, 10:32
-
División 250
dixo...
-
-
20 de febreiro de 2026, 10:34
-
Capitán Blow Job
dixo...
-
-
20 de febreiro de 2026, 16:50
-
No me hagas la Pascua
dixo...
-
-
20 de febreiro de 2026, 17:04
«A máis antiga ‹Máis antiga 201 – 252 de 252 Máis recente › A máis nova»No hace falta que algo sea de verdad para hacerte feliz
exiliarse es mejor que necesitar exiliarse y no poder hacerlo
La primera y principal característica de los pueblos ignorantes es considerar que su miasma es la mejor del mundo.
¿El Tiempo está fuera de mí? Empecé a preguntármelo en el instituto. Cuando las cosas empezaron a ir deprisa. ¿O el Tiempo está dentro de mí?
Si está FUERA tienes que seguir el ritmo de los jodidos relojes y calendarios. No puedes aflojar, Si está DENTRO, haces lo que quieres. Lo que sea. Creas tu propio Tiempo. Arrancas si quieres las manecillas de un reloj, como yo hice una vez, para que sólo te mire la esfera del reloj.
Algunos de los huesos que colgaban de los alambres y los clavos traqueteaban suavemente al chocar entre sí, emitiendo un ruido que sonaba a música hueca y triste.
La mayor parte de las angustias contemporáneas pueden proyectarse en la Anglogalician Cup sin requerir mucha complejidad hermenéutica.
Querida madre, por fin, el sueño americano. Fui uno de los árboles del espectáculo de Bad Bunny. Tuve que oírlo cantar una y otra vez sus pendejadas porque ensayamos más de una semana. Pero pagaron bien. Mucho mejor que cuando vendía empanadas en las afueras del estadio y vomitaba fuego en los semáforos. Nos divertimos más que el mismo público y me puse al día con el alquiler. Parece que Ricky Martin va a necesitar florecitas muy pronto. Deséame suerte, madrecita. Te extraño mucho. Un beso de tu hijo que tanto te quiere.
El origen de la existencia es el movimiento. Esto significa que la inmovilidad no puede darse en la existencia, pues, de ser ésta inmóvil, regresaría a su origen: la Nada. Por esta razón, el viaje no tiene fin, tanto en el mundo superior como en el mundo inferior.
Con el tiempo, unos quedarían como farsantes y otros como víctimas, la mayoría como imbéciles o como niños, alguno como sensato, generoso y hasta premiado con futuro político, y todos como lo que eran: señoritos de mierda.
Nunca he hecho un moái, ni mis antepasados los tallaron,
desde la cantera de mis versos, solo he desgarrado un NO HAY.
No hay más espacio, solo son 163 kilómetros cuadrados.
No hay más espacio, ni para un alfiler olvidado.
No hay más espacio en Hanga Roa
para los mercenarios del cambio climático.
No hay más espacio, te digo, solo el corazón se ensancha cuando la raíz toca el borde de otra alma.
Para poder nombrar cada cosa con su nombre… debemos saber los nombres de las cosas
Hay una edad para vivir eso, y tiene que ser terrible: ver caer el último árbol del bosque de la infancia y pensar que al bosque que creció después lo quieres con toda el alma, pero no es aquel bosque, el bosque que te cuidó, sino uno que tú plantaste, del que tú fuiste responsable, del que has sido cuidador. Nunca dejamos del todo de ser niños. Hasta en las edades más avanzadas —quizás renovadamente en las más avanzadas—, hay comarcas del cuerpo que siguen siendo un bebé que quiere que lo abracen, que lo consuelen, y extiende los bracitos para pedir el abrazo de mamá, de papá, de los abuelos, siquiera el de un tío, siquiera el de un hermano. Cuando lo que se encuentran es el vacío, ha de ser muy angustioso, por más que los hijos, los sobrinos, los nietos, los bisnietos, quieran correr a llenarlo.
Mezquino es nuestro mundo si nos roban los mapas soñados de la infancia
El escritor más famoso de la Isla de Pascua es Pío Moái
The aku-aku appeared in human form, in which they were indistinguishable from ordinary persons. One known as Uka-o-hoheru looked like a very beautiful woman, and was the wife of a young Tupahotu who had no idea she was really a tatane. She lived with him at Mahatua on the north coast, and bore him a child. One very wet day she was obliged to leave the house to take fresh fire to the cooking-place where it had gone out. When she returned, her husband was angry that she had no red paint on her face, and, not heeding her explanation that the rain had washed it off, took a stick to beat her. She ran away, and he followed, till at last she sat down on the edge of the eastern headland, where there is now an ahu known by her name. When by and by he came up, she told him to go back and look after the child, and fled away like a rushing whirlwind over the sea and was no more seen.
Two other female tatane are reported to have lived together in a cave on the cliff-side of Paréhé, whose names were Kava-ara and Kava-tua. They heard all men tell of the beauty of a certain Uré-a-hohové, a young man who lived near Hanga Roa; so they went down to see him, put him to sleep, and carried him on his mat up to their cave, where they left him. Before going away they told an old woman, also an aku-aku, that she was not to go and look into the cave. This she naturally proceeded to do, and, finding Uré, warned him to eat nothing the two tatane might give to him, supplying him herself with some chicken. When therefore his captors came back and offered him food, he only pretended to take it, and ate the chicken instead. They then went away again. The old woman came back, and said, “If cockroaches come, kill them; if flies come, kill them; but if a crab comes, do not kill it.” Uré did as he was told, and killed the cockroaches and flies, which were other tatane; but the crab he did not kill, it was the old woman. Meanwhile for many days the father of Uré wept for him, till some men sailing under the cliff while fishing, heard a song, and looking up saw the missing man; but they would not go and fetch him, though the father gave them much food, for the cliff was steep and the cave difficult to reach. At last a woman volunteered for the task, and was lowered over the cliff in a net, and by this means succeeded in fetching Uré safely to the top. The history ends with his return to his home, and does not mention if, in correct fashion, he married his fair deliverer.
Aku-aku were not immortal. A man called Raraku, after whom the mountain is said to have been named, caught a big “heke,” which seems to have been an octopus, in the sea near Tongariki and ate it, with the result that he went mad, and all people gave chase to him. He caught up a wooden lizard, and, using it as a club, ran amok among tatane across the north shore and down the west coast, killing them right and left; the names of twenty-three were given who thus met their fate.
There were no priests, but certain men, known as “koremaké,” practised spells which would secure the death of an enemy, and there was also the class known as “ivi-atua,” which included both men and women. The most important of these ivi-atua, of whom it was said there might be perhaps ten in the island, held commune with the aku-aku, others were able to prophesy, and could foresee the whereabouts of fish or turtle, while some had the gift of seeing hidden things, and would demand contributions from a secreted store of bananas or potatoes, in a way which was very disconcerting to the owner.
There was practically only one religious function of a general nature; it was very popular and had a surprising origin. Attention was attracted on the south coast by a particularly long stoep of rounded pebbles measuring feet, and obviously connected with a thatched house now disappeared. That, our guides said in answer to a question, “is a haré-a-té-atua, where they praised the gods.” “What gods?” “The men who came from far away in ships. They saw they had pink cheeks, and they said they were gods.” The early voyagers, for the cult went back at least three generations, were therefore taken for deities in the same way as Cook was at Hawaii. The simplest form of this celebration took place on long mounds of earth known as “miro-o-orne,” or earth-ships, of which there are several in the island, one of them with a small mound near it to represent a boat. Here the natives used to gather together and act the part of a European crew, one taking the lead and giving orders to the others. A more formal ceremony was held in a large house. This had three doors on each side by which the singers entered, who were up to a hundred in number, and ranged themselves in lines within; in one house, of which a diagram was drawn, a deep hole was dug in the middle, at the bottom of which was a gourd covered with a stone to act as a drum. On the top of this a man danced, being hidden out of sight in the hole.
In other cases, two, or perhaps three, boats were constructed inside the house, the masts of which went through the roof; these boats were manned with crews clad in the garments of European sailors, the gifts from passing vessels being kept as stage properties. Fresh music was composed for every occasion, and in one song, which was quoted, much reference is made to the “red face of the captain from over the seas.” The position of chief performer was one of great honour, being analogous, on a glorified scale, to the leader of a cotillon of our own day. It was stated by an old man that his great-grandfather had so acted, and even the words sung were still remembered. Te Haha, a Miru, gave us to understand that he had been a great social success in his youth, and counted up three koro, and seven haré-até-atua at which he had been present. As he was a handsome old man, and was connected with the court of the chief Ngaara, his pride of recollection was very probably justified. Juan, mixing up, no doubt, recollections of a later date, gave a vivid representation on one of these spots of the pseudo-captain striding about and using very strong language, while he called upon the engineer to “make more smoke so that the ship should go fast.”
Mention must finally be made of the crowns or hats which adorned the figures on the ahu. Their full designation is said to be “Hau (hats) hiterau moai,” but they are always alluded to merely as “hiterau” or “hitirau.”
These coverings for the head were cylindrical in form, the bottom being slightly hollowed out into an oval depression in order to fit on to the head of the image; the depression was not in the centre, but left a larger margin in front, so that the brim projected over the eyes of the figure, a fashion common in native head-dresses. They are said by the present inhabitants to have been kept in place by being wedged with white stones. The top was worked into a boss or knot. The material is a red volcanic tuff found in a small crater on the side of a larger volcano, generally known as Punapau, not far from Cook’s . In the crater itself are the old quarries. A few half-buried hats may be seen there, and the path up to it, and for some hundreds of yards from the foot of the mountain, is strewn with them. They are at this stage simply large cylinders, from 4 feet to 8 feet high, from 6 feet to 9 feet across, and they were obviously conveyed to the ahu in this form and there carved into shape. An unwrought cylinder is still lying at a hundred yards from the ahu of Anakena. The finished hats are not more than 3 feet 10 inches to 6 feet in height, with addition of 6 inches to 2 feet for the knob; the measurement across the crown is from about 5 feet 6 inches to 8 feet. The stone is more easily broken and cut than that of the statues, and while many crowns survive, many more have been smashed in falling or used as building materials.
It is a noteworthy fact that the images on Raraku never had hats, nor have any of the isolated statues; they were confined to those on the ahu.
Isolated Statues.—The finished statues, as distinct from those in the quarries, have so far been spoken of under two heads, those which once adorned the ahu and those still standing on the slope of Raraku; there is, however, another class to consider, which, for want of a better name, will be termed the Isolated Statues. It has already been stated that, as Raraku is approached, a number of figures lie by the side of the modern track, others are round the base of the mountain, and yet other isolated specimens are scattered about the island. All these images are prostrate and lie on the surface of the ground, some on their backs and some on their faces. These were the ones which, according to legend, were being moved from the quarries to the ahu by the old lady when she stopped the work in her wrath; or, according to another account, quoted by a visitor before our day, “They walked, and some fell by the way.”
There must, we felt, have been roads along which they were taken, but for long we kept a look-out for such without success. At last a lazy Sunday afternoon ride, with no particular object, took one of us to the top of a small hill, some two miles to the west of Raraku. The level rays of the sinking sun showed up the inequalities of the ground, and, looking towards the sea, along the level plain of the south coast, the old track was clearly seen; it was slightly raised over lower ground and depressed somewhat through higher, and along it every few hundred yards lay a statue. Detailed study confirmed this first impression. At times over hard stony ground the trail was lost, but its main drift was indisputable; it was about nine feet or ten feet in width, the embankments were in places two feet above the surrounding ground, and the cuttings three feet deep. The road can be traced from the south-western corner of the mountain, with one or two gaps, nearly to the foot of Rano Kao, but the succession of statues continues only about half the distance. It generally runs some few hundred yards further inland than the present road, but a branch, with a statue, leads down to the ahu of Tea-tenga on the coast, and, another portion, either a branch or a detour of the main road, also with a statue, goes to the cove of Akahanga with its two large image ahu. There are on this road twenty-seven statues in all, covering a distance of some four miles, but fourteen of them, including two groups of three, are in the first mile. Their heights are from fifteen feet to over thirty feet, but generally over twenty feet.
As a clue had now been obtained, it was comparatively simple to trace two other roads from Raraku. One leads from the crater, and connects it with the western district of the island. It commences at the gap in the mountain wall, in the centre of which an image lies on its face with weird effect, as if descending head foremost into the plain; and runs for a while roughly parallel to the first road but about a mile further inland. It is not quite so regular as the south road, and is marked for a somewhat less distance by a sequence of images, some fourteen in number, which in the same way grow further apart as the distance from the mountain increases. When the succession of statues ceases, the road divides; one track turns to the north-west, and reaches the seaboard through a small pass in the western line of cones; the other continues as far as a more southerly pass in the same succession of heights. In each pass there is a statue.
Theosophists, indeed, contend that it has been revealed by occult means that Easter Island is the remaining portion of an old continent named “Lemuria,” which occupied the Pacific and Indian Oceans, and the writer has been informed by correspondents that she “may be interested to learn” that such is the case. Representations even of the world at this remote epoch have been, it is said, received by clairvoyance and are reproduced in theosophical literature: in the case of a later continent of Atlantis, which has also disappeared, it was permitted to see its proportions on a globe and by other means; but, unfortunately, in the case of Lemuria, “there was only a broken terra-cotta model and crumpled map, so that the difficulty of carrying back the remembrance of all the details, and consequently of reproducing exact copies, has been far greater”. The world at the Lemurian epoch was, we are informed, inhabited by beings who were travelling for the fourth time through their round of the planets, and undergoing for the third time their necessary seven incarnations on the earth during this round. At the beginning of this third race of the fourth round, man first evolved into a sexual being, and at the end was highly civilised. The makers of the Easter Island statues were of gigantic size. To prove this last point, Madame Blavatsky quotes a statement to the effect that “there is no reason to believe that any of the statues have been built up bit by bit,” and proceeds to argue that they must consequently have been made by men of the same size as themselves. She states that “the images at Ronororaka—the only ones now found erect—are four in number”; and gives the following account of the head-dress of the statues, “a kind of flat cap with a back piece attached to it to cover the back portion of the head”. The readers of this book can judge of the correctness of these descriptions. Theosophists must forgive us, if, in the face of error as to what exists to-day, we decline to accept without further proof information as to what occurred “nearer four million than two million years ago.”
We had a very good voyage for the 1,100 miles from Easter to Pitcairn, staggering along with a following wind. The wind was indeed so strong that we became anxious for the safety of the dinghy in her davits, and swung her inboard for, I believe, the only time on the voyage. We arrived at Pitcairn on August 27th. The island, as seen from the sea, rises as a solitary mass from the water. It is apparently the remaining half of an old crater, and is some two miles in width. An amphitheatre of luxuriant verdure faces northwards; its lowest portion, or arena, is perhaps 400 feet above sea-level, and rests on the top of a wall of grey rock. The other three sides of the amphitheatre are encircled by high precipitous cliffs. The green gem, in its rocky setting, was a refreshing change after treeless Easter Island.
Pitcairn has the dignity of being a democratic self-governing community, with a Magistrate and two houses of legislature. The present Constitution was suggested by the Captain of H.M.S. Champion in 1892, and superseded an earlier one. The Lower House, known as “the Committee,” comprises a Chairman and two members, also an official Secretary; it makes regulations which are submitted to the Upper House or “Council.” The Council consists of the Chief Magistrate, with two assessors and the Secretary, and it acts also as a court of justice. The two committee members and a constable are nominated by the magistrate, but the other officials are elected annually by all inhabitants over eighteen years; Pitcairn was therefore the first portion of the British Empire to possess female suffrage.
It was interesting to see the Government Records, though the present book does not go back beyond above fifty years, earlier ones having apparently disappeared. This contained the Laws of 1884 revised in 1904; regulations for school attendance; a category of the chief magistrates; a chronicle of visits from men-of-war and mention of Queen Victoria’s presents, consisting of an organ in 1879 and newly minted Jubilee coins received in 1889. There were also recorded the births, marriages, and deaths of the island since 1864; and a description of the various brands adopted by respective owners for their goats, chickens, and trees.
Among the legislative enactments was more than one concerned with the preservation of cats, the object being to keep down rats. Thus the laws of 1884 direct that:
“Any person or persons after this date, September 24th, 1884, maliciously wounding or causing the death of a cat, without permission, will be liable to such punishment as the Court will inflict.... Should any dog, going out with his master, fall in with a cat, and chase him, and no effort be made to save the cat, the dog must be killed; for the first offence—fine 10s. Cats in any part of the island doing anyone damage must be killed in the presence of a member of Parliament.”
Illicit medical practice is forbidden, and the regulation on this head runs as follows:
“It may be lawful for parents to treat their own children in case of sickness. But no one will understand that he is at liberty to treat, or give any dose of medicine, unless it be one of his own 311family, without first getting licence from the President. Drugs may not be landed without permission.”
More recent laws enact, that each family may keep only six breeding nannies; and that coconuts may only be gathered under supervision of the Committee or in company with their owners of the same patch, in case of want, however, they may be plucked for drinking. Persons killing fowls must present the legs (i.e. the lower portion which bears the brand) to a member of the Government.
From Pitcairn we made for Rapa, known as Rapa-iti or Little Rapa, to distinguish it from Rapa-nui or Great Rapa; which, as has been seen, is one of the names for Easter. It is a French possession and only visited by a vessel occasionally. It is seven hundred miles from Pitcairn, and was somewhat out of our route for Tahiti, but the Sailing Directions reported a number of prehistoric buildings, which they termed “forts.” We were anxious to inspect them and see what relation, if any, they bore to buildings on Easter Island; but disappointment, alas! awaited us. 315The side of the island on which is the settlement was at the time of our visit the windward aspect; there was a strong breeze and quite a heavy sea. We remained abreast the village for some hours awaiting the pilot, who is said to come off to visiting vessels, but no one appeared, nor was any signal made on the shore. Either they were afraid of us, or did not like the look of the weather. It was not one of the islands we had originally intended visiting, and we had no chart.
We had to sail the ship the whole time in order to keep our station, and eventually our forestay gave out; this meant putting her instantly before the wind, or we should have been dismasted. We therefore ran under the lee of the land and made good our damage. It would have taken a long time to thrash back to our original station, so we reluctantly gave up the attempt to make a landing. The coast is extremely fine, bold, and precipitous, but that, and the blow job given, is all that we can tell of Rapa.
No son las huellas del lobo que lame la mano del hermano pequeño.
Son los mismos que en la Edad Media tiraban piedras a los leprosos y a los moáis.
Los mismos mal nacidos que arrojan propaganda desde los helicópteros.
No han sido prohibidas las mareas para las mujeres que nadan en el paraíso.
No es necesario escribir su nombre para que los fragmentos de su lejanía se hagan presentes.
-Nadie conoce a ciencia cierta el nombre de esa isla -empecé por decirles-. Los indígenas la llaman Rapa-nui, pero los investigadores no creen que fuese éste su nombre originario. En sus leyendas más antiguas, los indígenas siempre denominan a la isla Te Pito o te Herma, o sea "Ombligo del Mundo", pero acaso este nombre sea una antigua descripción poética más que el auténtico nombre de la isla, pues
más tarde los mismos indígenas también la llamaron "El Ojo que ve el Cielo" y "La Frontera del Cielo". Los demás, que vivimos a miles de millas de todos los horizontes de la isla, hemos decidido hacerla figurar en los mapas con el nombre de
Isla de Pascua, porque fue durante la tarde del día de Pascua de 1722 cuando el holandés Roggeveen y sus compañeros, los primeros europeos que navegaban por estas aguas, llegaron aquí y vieron que gentes desconocidas hacían señales de
humo desde tierra para llamar su atención. Cuando los holandeses se aproximaron con sus dos veleros y fondearon al atardecer, pudieron divisar una extraña comunidad antes de que cayera la noche.
La población no parecía ser de una pureza de raza absoluta, pues algunos se distinguían por su tez más oscura, mientras otros eran "del todo blancos", como europeos. También los había "de tinte rojizo, como si estuviesen muy bronceados
por el sol". Muchos llevaban barba.
Es necesario un estudio universitario que descubra el origen común del 🗿 y del caganer.
En diciembre de 1953, se pone término a la Compañía
Explotadora de Isla de Pascua, y la Isla pasa a depender
administrativamente de la Armada Nacional. En esta etapa
distinguiremos los siguientes tópicos.
La Armada intenta afianzar la sumisión y la pasividad de
los isleños con castigos y torturas, incluso con el calabozo.
En sus conversaciones se constata que reflexionan sobre la “isla de la Marina”.
“Es la mejor Compañía que llegaron a la Isla. Por
mí que estuvieran aquí, muy bueno, había hartos
mamoe, chanchos, hartos criaderos de chanchos,
de mamoe, y así comíamos mucho cordero...”
Si entendemos por colonialismo aquel fenómeno consistente en el dominio político, social, económico y cultural
de un territorio y de sus gentes por una potencia extranjera durante un período prolongado, entenderemos que los universitarios también pueden ser una cara del colonialismo.
El sueño de la orfandad engendra monstruos
Un siglo que soñó poder existir sin constricciones, sin ley, sin padre.
Mejor que tu llames a mi puerta que yo a tu ventana.
Porque não mais espero retornar
Porque não espero
Porque não espero retornar
A este invejando-lhe o dom e àquele o seu projeto
Não mais me empenho no .empenho de tais coisas
(Por que abriria a velha águia suas asas?)
Por que lamentaria eu, afinal,
O esvaído poder do reino trivial?
Porque não mais espero conhecer
A vacilante glória da hora positiva
Porque não penso mais
Porque sei que nada saberei
Do único poder fugaz e verdadeiro
Porque não posso beber
Lá, onde as árvores florescem e as fontes rumorejam,
Pois lá nada retorna à sua forma
Porque sei que o tempo é sempre o tempo
E que o espaço é sempre o espaço apenas
E que o real somente o é dentro de um tempo
E apenas para o espaço que o contém
Alegro-me de serem as coisas o que são
E renuncio à face abençoada
E renuncio à voz
Porque esperar não posso mais
E assim me alegro, por ter de alguma coisa edificar
De que me possa depois rejubilar
E rogo a Deus que de nós se compadeça
E rogo a Deus porque esquecer desejo
Estas coisas que comigo por demais discuto
Por demais explico
Porque não mais espero retornar
Que estas palavras afinal respondam
Por tudo o que foi feito e que refeito não será
E que a sentença por demais não pese sobre nós
Porque estas asas de voar já se esqueceram
E no ar apenas são andrajos que se arqueiam
No ar agora cabalmente exíguo e seco
Mais exíguo e mais seco que o desejo
Ensinai-nos o desvelo e o menosprezo
Ensinai-nos a estar postos em sossego.
Rogai por nós pecadores agora e na hora de nossa morte
Rogai por nós agora e na hora de nossa morte.
We're paying for the old man's sins, probably.
No hug, eh?
Ain't gonna happen.
We're Galicians, remember?
In Main We Trust
En el barro, ajos y zafiros
traban el eje hincado. Vibra
el alambre en las venas, canta
bajo cicatrices de siempre
por apaciguar olvidadas
guerras. En la deriva astral
se perfila el baile en la arteria,
la circulación de la linfa:
se elevan a verano arbóreo.
Sobre el árbol en movimiento
nos movemos, entre la luz
sobre el dibujo de la hoja,
y oímos, sobre la empapada
tierra, allí abajo, al jabalí
y al perro perseguir su pauta de siempre
pero entre los astros reconciliados.
La necedad no desaparece ante la ciencia, la técnica, el progreso, la modernidad; ¡por el contrario, con el progreso, ella progresa también!
Cuanto más inocentes sean, más merecen que les disparen.
Un árbol torcido vive su propia vida, pero uno recto se convierte en madera.
Hāngi es un método tradicional de cocinar alimentos usando piedras calientes enterradas en un horno de tierra, que sigue usándose en ocasiones especiales.
Preparar un hāngi implica cavar un pozo en el suelo, calentar rocas volcánicas en él con ayuda de un buen fuego, poner cestas de comida sobre las piedras, y cubrir todo con tierra durante varias horas antes de abrir o levantar el hāngi.
Antes de la colonización e introducción del metal, la comida se disponía en palos limpios, cortezas, hojas grandes y otros vegetales para minimizar el contacto directo con las rocas calientes y evitar en lo posible que se quemaran. También se usaban cuencos tallados y rocas planas con este fin. Se usaban hojas, ramas y vegetación usadas para cubrir la comida y evitar que se aplastara con el peso de la tierra de encima.
Actualmente existen muchos métodos hāngi en uso. Los cestos de alambre se emplearon ampliamente a principios del siglo XIX, reemplazando las hojas y corteza con sacos y telas.
A principios del siglo XXI, se usan a veces máquinas hāngi de acero inoxidable a gas para replicar el estilo de cocción sin necesidad de encender un fuego de madera, cavar un pozo y usar rocas.
Para 6 personas
Pollo entero cortado en trozos
1
Diente de ajo
3
Cebolla
2
Zanahoria
2
Pimiento rojo
2
Mazorca de maíz dulce
2
Patata
2
Calabaza
200 g
Judías verdes planas
250 g
Arroz redondo
150 g
Comino molido cucharadita
1
Pimentón dulce cucharadita
1
Pimentón picante cucharadita
1
Sal
Aceite de oliva virgen extra
Pimienta negra molida
Cilantro fresco ramillete
1
Caldo de pollo
2 l
Cómo hacer cazuela de pollo chilena
Dificultad: Fácil
Tiempo total
1 h 15 m
Elaboración
10 m
Cocción
1 h 5 m
En una cazuela amplia y alta sofreímos a fuego medio alto el pollo salpimentado hasta que coja color y reservamos.
En la misma cazuela sofreímos el ajo, la cebolla, la zanahoria y el pimiento cortado en paisana grande durante 10 minutos a fuego medio alto.
Incorporamos las especias, el arroz y el resto de verduras menos las judías verdes en trozos grandes de unos tres o cuatro centímetros.
Mojar con el caldo de pollo o con agua y cocemos 30 minutos a fuego suave y en los últimos 10 minutos añadimos las judías verdes. Luego dejamos reposar otros diez minutos más con tapa y servimos caliente con cilantro por encima.
Ingredientes para 6 personas. Cuatro trozos de costilla de cerdo carnosa, 250 gramos de pechuga de pollo u otras presas troceadas, cuatro chorizos criollos troceados, 200 gramos de mejillones, 200 gramos de almejas, 150 gramos de merluza, 150 gramos de rape fresco u otro pescado blanco como la corvina, un litro de caldo de pollo, una cebolla, dos dientes de ajo, un pimiento rojo, 100 mililitros de vino blanco, unas hojas de col blanca para cubrir, ocho patatas pequeñas y aceite de oliva virgen extra.
Elaboración. Comenzamos poniendo en la base de la olla los vegetales picados y los pochamos unos minutos a fuego lento con tres cucharadas de aceite de oliva. Mientras se van haciendo, cortamos los trozos de carne de cerdo, pollo y chorizo criollo, que sazonamos e incorporamos a continuación a la olla. Agregamos las patatas, que deben ser pequeñas o cortadas en trozos y también el vino y subimos el fuego. Añadimos los mariscos de concha, distribuyéndolos por la olla y seguidamente, continuamos con los trozos de pescado, bien repartidos. Cuando tenemos todos los ingredientes, agregamos el caldo y cubrimos con hojas de col o repollo. Llevamos a ebullición y bajamos el fuego al mínimo. Dejamos cocer durante una hora aproximadamente y apagamos el fuego, retirando las hojas de col. La tradición es servir carnes y pescados en un plato hondo, y poner al lado un vaso con el caldo del curanto, de sabor muy intenso.
En este caso hablamos de un pastel salado que combina una capa de carne picada aliñada (pino), con ingredientes como cebolla, huevo duro, aceitunas negras y pasas.
Todo luego se cubre con una mezcla de maíz molido (choclo) con albahaca y un toque de azúcar espolvoreado por encima, que se hornea hasta que la superficie queda dorada y levemente caramelizada. La gracia de la receta es el equilibrio entre dulce y salado, así como su textura cremosa.
Ingredientes para 5 personas. 350 gramos de carne picada de ternera para el relleno, dos cebollas para el relleno, una cucharada de pimentón dulce para el relleno, una cucharada de comino molido para el relleno, doce hojas de albahaca para el relleno, aceite de oliva virgen extra, sal, pimienta negra molida, 250 gramos de maíz cocido sin líquido para la masa, 50 gramos de harina de maíz para la masa, 75 gramos de leche para la masa, 25 gramos de mantequilla para la masa, sal para la masa, pimienta negra molida para la masa, 15 gramos de uvas pasas sultanas para el montaje, quince aceitunas negras para el montaje y dos huevos duros o cocidos para el montaje.
Elaboración. La receta tiene tres pasos: relleno, masa y montaje, y los tres son muy sencillos como vais a ver a continuación. Primero pochamos la cebolla picada en brunoise a fuego suave 15 minutos con tapa y luego subimos el fuego y añadimos la carne, cocinándola tres o cuatro minutos y desmenuzándola. Agregamos las especias y la albahaca, integramos y ponemos a punto de sal y pimienta, y reservamos hasta montar. Para la masa tampoco hay ciencia, poniendo en un vaso de batidora o robot todos los ingredientes y dar tres golpes de triturado, deben quedar trocitos, sin que quede lisa u homogénea. Si vemos que quedase muy ligera añadimos más harina. Por último, montamos y en una fuente de horno ponemos en el fondo el relleno de carne, encima las pasas y las aceitunas repartidas y los huevos cortados en láminas de cinco milímetros y luego cubrimos con la masa de maíz. Horneamos a 200 ºC unos 20 minutos hasta que la parte superior esté dorada y servimos caliente o templado.
Ingredientes para 4 personas. 500 gramos de patata, 100 mililitros de leche, 50 gramos de mantequilla, 400 gramos de carne picada, una cebolla, un huevo, pimentón picante al gusto, sal y pimienta al gusto, orégano seco, cuatro aceitunas negras y doce uvas pasas sultanas.
Elaboración. En la sartén sofreímos la cebolla, agregamos la carne y el resto de los ingredientes, cocinando a nuestro gusto. Fuera del fuego, incorporamos las pasas. Mientras tanto, cocemos el huevo durante 7 minutos desde que empiece a hervir el agua. Para hacer el puré, pelamos las patatas, las colocamos en un cazo, las cubrimos con agua con una cucharada de sal y las cocinamos durante 20 a 30 minutos hasta que estén blandas. Después escurrimos las patatas y las machacamos en un bol, agregando la mantequilla, la sal y la leche hasta obtener un puré algo espeso. Reservamos. Podemos hacer una fuente para toda la familia o utilizar ramequines para hacer raciones individuales. En este caso, ponemos en la base de la fuente la carne a la que llaman en Chile "pino de vacuno", agregamos un cuarto de huevo cocido, las aceitunas picadas y cubrimos con el puré. Doramos gratinando cada ramequín en el horno. Para ello espolvoreamos con queso rallado y dejamos unos minutos con el horno a 230º. Servimos avisando a los comensales que tanto la fuente como el contenido pueden estar muy calientes.
El origen de este sándwich (y su nombre) se remonta a principios del siglo XX y está vinculado al expresidente chileno Ramón Barros Luco, quien gobernó entre 1910 y 1915. Se dice que frecuentaba la Confitería Torres en Santiago, donde solía pedir un sándwich de carne y queso caliente.
Con el tiempo, esta combinación se popularizó y fue nombrada en su honor. El Barros Luco se ha convertido en un símbolo de la cocina chilena, y cada 9 de junio se celebra el Día Nacional del Barros Luco, coincidiendo con la fecha de nacimiento del expresidente
Ingredientes para 1 persona. Tres filetes de ternera de babilla, tapilla o cadera muy tiernos, tres lonchas de queso Havarti, un pan de hamburguesa, sal y pimienta al gusto.
Elaboración. Ponemos al fuego una plancha de cocinar durante unos minutos para que esté bien caliente, y doramos en ella los filetes previamente secados y sazonados. Se puede utilizar mantequilla o aceite para esta parte de la receta, según preferencias. Una vez bien dorados los filetes por ambas caras, cubrimos con una loncha de queso a cada uno o incluso más si lo prefieres, dejando que éstas se fundan con el calor remanente. Podéis utilizar Havarti, Cheddar o cualquier variedad de queso que se funda fácilmente. Mientras tanto, tostamos ligeramente el pan abierto por la mitad. Apilamos los filetes para formar una torre y en el espacio libre que queda en la plancha, colocamos los panes para que recojan los jugos que haya soltado la carne, impregnándose así con su sabor.
La gracia de las sopaipillas es que su textura es crujiente por fuera y tierna por dentro. Se pueden comer tanto saladas como dulces: en versión salada suelen acompañarse de pebre (una especie de salsa picante) o mostaza, mientras que en su variante dulce —conocida como sopaipillas pasadas— se bañan en un almíbar caliente hecho con panela, canela, clavo de olor y cáscara de limón.
Ingredientes para 15 unidades. 150 gramos de harina de trigo, 150 gramos de calabaza, 40 gramos de manteca de cerdo, una pizca de sal, una pizca de cúrcuma molida, una pizca de pimentón dulce, aceite de girasol para la fritura, 250 mililitros de agua para el sirope o jarabe, 250 gramos de panela para el sirope o jarabe, la cáscara de un limón para el sirope o jarabe, un tronquito de canela en rama para el sirope o jarabe y tres clavos de olor para el sirope o jarabe.
Elaboración. Para la masa. Asar o cocer la calabaza y triturar. Juntar con el resto de ingredientes y amasar cuatro minutos a mano o en un robot. Reposar en la nevera 20-30 minutos. Estirar y cortar con cortapastas de seis centímetros de diámetro. Pinchar con un tenedor en el centro y freír tres minutos. Escurrir en rejilla y servir junto a la salsa o bañadas en ella. Para la salsa. Poner todos los ingredientes en un cazo y hervir 15 minutos hasta que espese. Colar y reservar para acompañar las sopaipillas.
El término pilco hace referencia al maíz cocido junto con otras verduras, que aporta cremosidad y sabor al plato. Es una receta vegetariana de raíces profundamente rurales, asociada al calendario agrícola y a la cocina mapuche y criolla.
Ingredientes para 6 personas. Una cebolla blanca o cebolleta mediana, dos dientes de ajo, ocho hojas de albahaca, cuatro gramos de pimentón dulce (una cucharadita), cuatro gramos de comino molido (una cucharadita), 400 gramos de calabaza sin piel ni semillas, dos mazorcas de maíz dulce crudo, caldo de verduras, 350 gramos de alubias cocidas en conserva (pochas si es posible), aceite de oliva virgen extra y sal.
Elaboración. Picar finamente la cebolla y los ajos pelados; cortar en cubos pequeños la calabaza pelada sin semillas, lavar y picar la albahaca fresca y sacar los granos de las mazorcas de maíz cortándolos con un cuchillo de hoja grande y afilada, con cuidado que saltan. Escurrir las pochas o alubias. Calentar un poco de aceite en el fondo de una cazuela a fuego medio y añadir la cebolla. Sofreír un poco con un poco de sal y añadir los ajos picados o rallados. Dejar que se poche unos minutos a fuego suave, añadir un poco de albahaca picada, el pimentón y el comino y remover. Incorporar la calabaza, remover ligeramente y echar el maíz. Cocinar el conjunto con un poco más de sal dándole unas vueltas antes de cubrir con caldo de verduras, reservando líquido para corregir sobre la marcha al gusto. Llevar a ebullición, bajar el fuego y cocinar tapado hasta que la verdura esté tierna. Opcionalmente, triturar un poco con la batidora de mano si se prefiere una textura más cremosa, o separar unos cucharones y triturar aparte en un robot o batidora de vaso, y devolver a la olla. Añadir las alubias ya cocidas, mezclar con mucha suavidad, corregir el nivel de líquido y cocer todo junto unos 10-20 minutos a fuego suave. Servir con más albahaca fresca o con cilantro o perejil al gusto.
La chorrillana chilena es un plato contundente, popular y muy representativo de la cocina urbana del país, especialmente asociado a la ciudad de Valparaíso. Se compone de una base de patatas fritas sobre las que se colocan ingredientes salteados como cebolla, carne de ternera (normalmente en tiras o trozos), y huevos fritos o revueltos por encima.
Existen muchas variantes que incluyen longaniza, chorizo, salchichas, o incluso quesos, lo que hace de la chorrillana un plato ideal para compartir, sobre todo en bares, picadas (puestos de comida popular) y reuniones informales.
Ingredientes para 1 persona. Dos patatas medianas, media cebolla, 80 gramos de carne de ternera de posta (tapa, cadera o babilla), un huevo, 30 mililitros de vino tinto, aceite de oliva virgen extra y sal.
Elaboración. Pelar y cortar las patatas. En abundante aceite freír hasta que se doren, retirar y colocar sobre papel absorbente. En una sartén caliente agregar aceite y sofreír la cebolla hasta que se vea traslúcida, agregar el vino y sal, cocinar hasta reducir. Reservar. Cortar la carne en tiras de un centímetro. La posta es la parte superior de la pierna trasera del vacuno, lo que equivaldría a la tapa, aunque también valdría cadera o babilla. En una sartén caliente agregar un poco de aceite y dorar la carne, procurando de no cocinar demasiado. Salpimentar. Freír también el huevo en una sartén.
Neruda, violador.
¿ Podemos considerar que los Porcos Bravos son terianos ?
Do not cry, Do not weep, I have not gone, I simply sleep
padre,
si no hay pinos
no se hacen piñones,
ni gusanos, ni pájaros.
Padre,
donde no hay flores
no hay abejas,
ni cera, ni miel.
Padre,
que el campo ya no es el campo.
Padre,
mañana del cielo lloverá sangre.
El viento lo canta llorando.
Padre,
ya están aquí…
Monstruos de carne
con gusanos de hierro.
Padre,
no tengáis miedo,
decid que no,
que yo os espero.
Padre,
que están matando la tierra.
Padre,
dejad de llorar
que nos han declarado la guerra.
Tú quisiste morir enteramente.
La carne y la gran alma. Tú quisiste
entrar en la otra sombra sin el triste
gemido del medroso y del doliente.
Te hemos visto morir con el tranquilo
ánimo de tu padre ante las balas.
La roja guerra no te dio sus alas,
la lenta parca fue cortando el hilo.
Desembocamos al silencio en donde los silencios enmudecen.
Viajar implica siempre el riesgo de descubrir aquello que preferiríamos no ver.
No hay aquí nostalgia ingenua por las utopías perdidas, sino una mirada melancólica y lúcida sobre sus costes humanos por la puta manía de ir donde no nos llaman.
Publicar un comentario