No sabíamos muy bien dónde íbamos. Sabíamos, eso sí, que estaba lejos. Muy lejos. Tan lejos que cuando dices Isla de Pascua o Rapa Nui no estás dando una localización: estás señalando un lugar mágico en mitad del océano Pacífico, algo así como decir “el borde del mundo” o “ese sitio al que solo se llega si de verdad lo necesitas”. El ombligo del mundo, lo llaman los rapa nui. Y nosotros, como pasa con los Porcos Bravos y los Stags en la Anglogalician Cup, aceptamos el desplazamiento sin preguntar demasiado.
Todo empezó en octubre de 2022, bastante antes de ver un solo moái en 2025. Aquel año, un gran incendio arrasó parte de la isla, afectando especialmente a los moáis del interior del cráter de Rano Raraku, una zona a la que casi nadie ha podido acceder. El fuego avanzó sin pedir permiso, como siempre hacen los elementos. El Departamento de Arqueología y Conservación de la comunidad indígena Ma’u Henua —responsable de la conservación de todo el patrimonio de Rapa Nui— hizo todo lo posible por frenar el incendio y evaluar los daños, aunque el estado de conservación del interior de los moáis del cráter quedó fuera de alcance.
De aquella situación nació algo importante: un convenio de colaboración de trabajo horizontal entre la Universidad de Barcelona y la comunidad Ma’u Henua. No un acuerdo para “venir a hacer o enseñar”, sino para trabajar codo con codo, compartir decisiones, conocimiento y responsabilidades. El objetivo era claro: evaluar entre todos el impacto del fuego sobre los moái de la isla, y muy especialmente sobre los del interior del cráter. Así, en febrero de 2025, viajamos a Rapa Nui como viaja un equipo de fútbol: en grupo, con roles distintos y con técnicas analíticas como si fueran tácticas de partido.
El viaje empezó oficialmente a las 19:00 en la Facultat d’Arqueologia de la Universitat de Barcelona, empaquetando equipos científicos como quien prepara las botas y las camisetas antes de una gran final. Luego vinieron 14 horas de avión de Barcelona a Santiago de Chile, en la “lujosa” Level: apretados, sin comida y con tiempo de sobra para imaginarnos cómo serían los moáis, sintiéndonos un poco Thor Heyerdahl, pero con menos épica, más equipaje facturado y en avión en vez de en balsa. Tras un fin de semana de escala en Santiago de Chile —homenajes a Víctor Jara, barrios bohemios, librerías y descubrir que a muchos chilenos no les entusiasma Pablo Neruda—, por fin, otro avión hacia la isla.
Llegamos con los cuerpos desajustados por el jet lag y la cabeza funcionando en horarios que ya no existen. Como cuando cruzas media Europa para jugar contra unos ingleses que prometen “una pinta rápida” y acabas corriendo bajo la lluvia: esto no era tan distinto.
Llegar a Rapa Nui es como llegar a un estadio perdido en mitad de un océano inmenso. Sin gradas, sin marcador, pero con una historia que pesa más que cualquier copa, incluso la laureada Anglogalician Cup. Sales del avión y te reciben el viento, el sol y el mar en todas direcciones, con una certeza inmediata: este es un lugar único y aquí se juega un partido histórico contra los elementos. Viento constante, lluvia imprevisible, spray salino, biocolonización, sol intenso, fuegos esporádicos… el once titular del equipo rival. Y allí descubrimos que no hay público neutral.
Venimos con un objetivo claro: conservar moáis. Y para eso hay que entender cómo juegan los elementos y cómo afectan a nuestros jugadores, los propios moáis. Dicho así suena solemne, casi heroico, pero llegamos con más preguntas que respuestas: ¿Cómo están los moáis del cráter por dentro?, ¿El fuego habrá creado grietas invisibles?, ¿Qué otros elementos están actuando?, ¿Cómo se puede frenar su avance?, ¿Quiénes somos nosotros para venir desde tan lejos a trabajar acá?
Entrar al interior del cráter —una zona normalmente inaccesible— fue como saltar al césped de un campo sagrado. Antes, tuvimos que pedir permiso a los ancestros en lengua rapa nui. Como si fuéramos Roberto Baggio antes de la final del Mundial del 94: cada uno a su manera, pero con el mismo respeto. Y entonces los vimos. Los moái no aparecen de golpe: se dejan descubrir poco a poco, como delanteros veteranos que no calientan demasiado pero imponen respeto desde el primer minuto. Gigantes de piedra, algunos en pie, otros caídos, todos con una dignidad silenciosa. No hablan, pero te observan. Y sabes que estás jugando fuera de casa y en un templo sagrado.
Dentro del cráter el trabajo empezó pronto. Era febrero, verano en la isla. Sol, viento, salitre, herramientas pesadas y manos aprendiendo sobre la marcha. Nada de gestos técnicos para la galería: aquí se juega en corto, en equipo, cubriéndose unos a otros. Cada decisión cuenta. Cada error se paga. No hay prórroga ni penaltis. Solo resistencia.
Hubo cansancio, dudas y momentos de pensar “¿qué hacemos aquí?”. Pero también risas, comidas compartidas y esa complicidad que solo aparece cuando dependes del de al lado. Nuestro equipo lo formábamos miembros de la comunidad Ma’u Henua y de la UB; el equipo contrario, local, eran los elementos. Allí entendimos rápido que conservar moái no es un partido fácil ni se gana en noventa minutos: es una liga larga, con muchos encuentros, y requiere coordinación y un equipo multidisciplinar. No veníamos a marcar goles, sino a evitar que el tiempo siguiera marcando.
La comunidad rapa nui nos enseñó más de lo que nosotros pudimos aportar. Aprendimos que los moáis no son ruinas ni esculturas: son familia, ancestros, memoria viva. Son importantes para toda la humanidad, sí, pero sobre todo para quienes sienten ese patrimonio como propio, como recuerda la Carta de Nara de la UNESCO (1994). Por eso es tan importante que Hoa Hakananai’a —el moái “secuestrado” en el British Museum— vuelva a casa y esté con su familia. Entendimos también otro conflicto: para muchos rapa nui, el moái nace de la naturaleza, de la montaña, y debe volver a ella al convertirse en arena, cerrando el ciclo. Conservar es, en cierto modo, evitar o alargar ese final. Y allí, a veces, tuvimos público dentro de nuestro propio equipo a favor de los elementos.
Cuando llegó el momento de irnos, no hubo celebración ni foto de equipo levantando nada. Hubo la sensación clara de todo lo que queda por hacer. Sí hubo trabajo en equipo, planificación y nuevos proyectos. No ganamos aún la copa contra los elementos. Ahora algunos partidos se juegan en los laboratorios de la UB y pronto volveremos a disputar el segundo partido, a finales de 2026, en el campo más remoto del mundo. El primero terminó en empate. De esos que saben a victoria. Seguimos trabajando, y la liga continúa. Les iremos contando.
330 comentarios:
«A máis antiga ‹Máis antiga 201 – 330 de 330 Máis recente › A máis nova»
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La lluvia antes de caer
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14 de febreiro de 2026, 20:43
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Clotario II de Neustria
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14 de febreiro de 2026, 20:58
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obtuso, bruto y abyecto
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14 de febreiro de 2026, 21:01
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Zombi
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14 de febreiro de 2026, 23:52
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sacrificios en el moái
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15 de febreiro de 2026, 00:00
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Todo o nada
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15 de febreiro de 2026, 22:49
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woke bunny
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15 de febreiro de 2026, 23:19
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despojado de grasa
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15 de febreiro de 2026, 23:20
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🗿
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15 de febreiro de 2026, 23:38
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Vate con un bote de vaselina
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16 de febreiro de 2026, 00:01
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MOÁI
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16 de febreiro de 2026, 19:11
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odio los números capicúas
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16 de febreiro de 2026, 19:13
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Capitán Merluza
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16 de febreiro de 2026, 19:14
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Dato
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16 de febreiro de 2026, 19:17
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Y yo con estas pintas
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16 de febreiro de 2026, 19:32
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Y yo con estas pintas
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16 de febreiro de 2026, 19:33
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Y yo con estas pintas
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16 de febreiro de 2026, 19:35
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Y yo con estas pintas
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16 de febreiro de 2026, 19:36
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Y yo con estas pintas
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16 de febreiro de 2026, 19:38
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Y yo con estas pintas
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16 de febreiro de 2026, 19:43
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Y yo con estas pintas
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16 de febreiro de 2026, 19:44
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Tengo envidia del lobo gris que se disimula en la lluvia.
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16 de febreiro de 2026, 20:37
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The Puto Pato Glücklich
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16 de febreiro de 2026, 21:06
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Vivían aún en la Edad de Piedra; no conocían los metales y sus prácticas culinarias se reducían a colocar sus alimentos entre piedras incandescentes dispuestas en el suelo.
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16 de febreiro de 2026, 21:55
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un humor caca, culo, pedo, pis que vive de mostrar genitales, introducir meretrices y poner a gente a beber y hacer aguas mayores ante la cámara.
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17 de febreiro de 2026, 09:10
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– ¿Otras dos cañas?
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17 de febreiro de 2026, 10:32
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Free Rapa Nui
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17 de febreiro de 2026, 10:34
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Tractor contra moái
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17 de febreiro de 2026, 19:34
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han aparecido un par de moléculas que apuntan muy bien, pero hay que seguir puliéndolas y medir su toxicidad
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17 de febreiro de 2026, 20:10
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Ruta Feniana
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17 de febreiro de 2026, 22:11
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Burnt Norton
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18 de febreiro de 2026, 02:50
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Burnt Norton
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18 de febreiro de 2026, 02:54
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Burnt Norton
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18 de febreiro de 2026, 03:00
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misomúsicos y agelastas
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18 de febreiro de 2026, 08:31
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Cinza
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18 de febreiro de 2026, 09:29
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Confusio
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18 de febreiro de 2026, 13:24
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Anónimo
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19 de febreiro de 2026, 10:12
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O Xoves Hai Cocido
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19 de febreiro de 2026, 10:14
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O Xoves Hai Cocido
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19 de febreiro de 2026, 10:15
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O Xoves Hai Cocido
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19 de febreiro de 2026, 10:16
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O Xoves Hai Cocido
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19 de febreiro de 2026, 10:16
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O Xoves Hai Cocido
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19 de febreiro de 2026, 10:17
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O Xoves Hai Cocido
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19 de febreiro de 2026, 10:17
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O Xoves Hai Cocido
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19 de febreiro de 2026, 10:18
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O Xoves Hai Cocido
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19 de febreiro de 2026, 10:18
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Anónimo
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19 de febreiro de 2026, 20:25
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Sleep, Dearie, Sleep
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19 de febreiro de 2026, 21:32
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Vate con un bate
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20 de febreiro de 2026, 10:30
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Borges
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20 de febreiro de 2026, 10:32
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División 250
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20 de febreiro de 2026, 10:34
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Capitán Blow Job
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20 de febreiro de 2026, 16:50
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No me hagas la Pascua
dixo...
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20 de febreiro de 2026, 17:04
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León Saint-Just
dixo...
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20 de febreiro de 2026, 20:26
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El Maizal de Sombras de Juan Fake
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20 de febreiro de 2026, 21:16
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no vas a ir andando a cuatro patas o no vas a hacer pis como hacen los perros
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20 de febreiro de 2026, 21:42
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el jabón es una sal sódica o potásica resultante de la reacción química entre un álcali (hidróxido de sodio o de potasio) y un lípido.
dixo...
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20 de febreiro de 2026, 23:10
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Agamenón
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20 de febreiro de 2026, 23:11
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las cuencas en una nación y su carbón en bandera
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20 de febreiro de 2026, 23:17
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Nexo
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21 de febreiro de 2026, 08:05
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The King
dixo...
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21 de febreiro de 2026, 21:54
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Ordenanza
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21 de febreiro de 2026, 22:30
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Mouchos will rise again
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22 de febreiro de 2026, 09:09
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Esquimal
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22 de febreiro de 2026, 19:37
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Agol, Geonauta y Selvatro.
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22 de febreiro de 2026, 19:40
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Zaštitnik Bitingkerbs
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22 de febreiro de 2026, 19:48
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Zaštitnik Bitingkerbs
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22 de febreiro de 2026, 20:00
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Perra en celo
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23 de febreiro de 2026, 06:30
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Topocho
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23 de febreiro de 2026, 09:03
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🍷
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23 de febreiro de 2026, 15:44
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Bajar es lo peor
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23 de febreiro de 2026, 18:24
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Moái
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23 de febreiro de 2026, 18:28
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Inés Castro Barreto
dixo...
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23 de febreiro de 2026, 18:30
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Inés Castro Barreto
dixo...
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23 de febreiro de 2026, 18:31
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Inés Castro Barreto
dixo...
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23 de febreiro de 2026, 18:31
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Inés Castro Barreto
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23 de febreiro de 2026, 18:32
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Inés Castro Barreto
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23 de febreiro de 2026, 18:34
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Inés Castro Barreto
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23 de febreiro de 2026, 18:34
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Inés Castro Barreto
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23 de febreiro de 2026, 18:52
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Juan Caboto
dixo...
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23 de febreiro de 2026, 20:48
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Juan Caboto
dixo...
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23 de febreiro de 2026, 20:48
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Juan Caboto
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23 de febreiro de 2026, 21:04
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Juan Caboto
dixo...
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23 de febreiro de 2026, 21:06
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Juan Caboto
dixo...
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23 de febreiro de 2026, 21:10
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Juan Caboto
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23 de febreiro de 2026, 21:13
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Chilano
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23 de febreiro de 2026, 22:44
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braguitas de cumulonimbos.
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23 de febreiro de 2026, 22:50
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Están a nuestro alrededor, en las grietas del espacio y del tiempo
dixo...
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23 de febreiro de 2026, 22:53
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Ahora que el volcán se apagó ya para siempre
dixo...
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23 de febreiro de 2026, 22:57
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Antes del tiempo alas y luz antes, mucho antes del universo hubo un útero
dixo...
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23 de febreiro de 2026, 23:15
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Liam Neeson
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24 de febreiro de 2026, 09:30
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El cajero de Irene
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24 de febreiro de 2026, 11:29
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El fenómeno therian es un ejemplo perfecto de cómo los algoritmos y las redes, con una mezcla de interés político y morbo, pueden fabricar una noticia de la nada
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24 de febreiro de 2026, 18:12
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Los moáis follan poco y mal
dixo...
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24 de febreiro de 2026, 18:17
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RODILLO
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24 de febreiro de 2026, 18:20
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las ganas de un político, un cantante, un escritor, un cineasta o un académico de que se lo folle un negro, puede tener una influencia considerable en la percepción de la realidad histórica
dixo...
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24 de febreiro de 2026, 18:23
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se regala terapias de ondas de choque en el pene
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24 de febreiro de 2026, 20:32
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El bosque de Maratón podría hablar de su celebrada fuerza, y el medo de larga cabellera, que bien la conoce.
dixo...
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24 de febreiro de 2026, 21:21
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RODILLO
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24 de febreiro de 2026, 21:37
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un soixante-huitard
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24 de febreiro de 2026, 22:07
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Λεωνίδας et Les quatre cents coups
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24 de febreiro de 2026, 22:49
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Tu vida es una hostia matinal
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24 de febreiro de 2026, 22:54
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Mighty Main
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25 de febreiro de 2026, 11:37
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Juan Tepano daba por el ano a la inglesa.
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25 de febreiro de 2026, 11:39
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Hud Bannon
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25 de febreiro de 2026, 22:11
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Hud Bannon
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25 de febreiro de 2026, 22:13
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Hud Bannon
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25 de febreiro de 2026, 22:18
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Hud Bannon
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25 de febreiro de 2026, 22:19
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Recuerdo que años atrás un muchacho al que conocía me dijo que las personas que viajaban a Inglaterra encontraban exactamente lo que buscaban.
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25 de febreiro de 2026, 22:25
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Pascua Duarte
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25 de febreiro de 2026, 22:28
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Por favor traigan sed de viajero y hambre de delicatessen nórdicas
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25 de febreiro de 2026, 22:30
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Allí estaba Kapilavastu; aquí el Reino Medio; allí Mahabodhi
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25 de febreiro de 2026, 22:34
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más allá de la típica cerveza y de la sidra,
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25 de febreiro de 2026, 22:38
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Odio los números capicúas
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25 de febreiro de 2026, 22:39
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El número π
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25 de febreiro de 2026, 22:51
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Karel Čapek
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25 de febreiro de 2026, 22:57
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All the Porco's Bravos Main
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25 de febreiro de 2026, 23:10
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O Xoves Hai Cocido
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26 de febreiro de 2026, 11:01
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O Xoves Hai Cocido
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26 de febreiro de 2026, 11:02
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O Xoves Hai Cocido
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26 de febreiro de 2026, 11:03
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O Xoves Hai Cocido
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26 de febreiro de 2026, 11:04
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O Xoves Hai Cocido
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26 de febreiro de 2026, 11:04
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Aficionado del Trampas
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26 de febreiro de 2026, 19:35
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Las crisis en perspectiva emic (fenoménica) y en perspectiva etic (que puede ser esencial)
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27 de febreiro de 2026, 18:21
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El problema de tragar lefa
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27 de febreiro de 2026, 18:22
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En el origen fue la cerveza
dixo...
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27 de febreiro de 2026, 18:24
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Mestre Cervexeiro
dixo...
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27 de febreiro de 2026, 19:06
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Lefa Ben Yessef
dixo...
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27 de febreiro de 2026, 21:19
-
Selecto y Desopilante Batidor de Conejos Muertos
dixo...
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27 de febreiro de 2026, 21:43
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En nuestras cicatrices y en nuestra hambre
dixo...
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28 de febreiro de 2026, 09:29
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Jorge Otero
dixo...
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1 de marzo de 2026, 10:05
«A máis antiga ‹Máis antiga 201 – 330 de 330 Máis recente › A máis nova»No hace falta que algo sea de verdad para hacerte feliz
exiliarse es mejor que necesitar exiliarse y no poder hacerlo
La primera y principal característica de los pueblos ignorantes es considerar que su miasma es la mejor del mundo.
¿El Tiempo está fuera de mí? Empecé a preguntármelo en el instituto. Cuando las cosas empezaron a ir deprisa. ¿O el Tiempo está dentro de mí?
Si está FUERA tienes que seguir el ritmo de los jodidos relojes y calendarios. No puedes aflojar, Si está DENTRO, haces lo que quieres. Lo que sea. Creas tu propio Tiempo. Arrancas si quieres las manecillas de un reloj, como yo hice una vez, para que sólo te mire la esfera del reloj.
Algunos de los huesos que colgaban de los alambres y los clavos traqueteaban suavemente al chocar entre sí, emitiendo un ruido que sonaba a música hueca y triste.
La mayor parte de las angustias contemporáneas pueden proyectarse en la Anglogalician Cup sin requerir mucha complejidad hermenéutica.
Querida madre, por fin, el sueño americano. Fui uno de los árboles del espectáculo de Bad Bunny. Tuve que oírlo cantar una y otra vez sus pendejadas porque ensayamos más de una semana. Pero pagaron bien. Mucho mejor que cuando vendía empanadas en las afueras del estadio y vomitaba fuego en los semáforos. Nos divertimos más que el mismo público y me puse al día con el alquiler. Parece que Ricky Martin va a necesitar florecitas muy pronto. Deséame suerte, madrecita. Te extraño mucho. Un beso de tu hijo que tanto te quiere.
El origen de la existencia es el movimiento. Esto significa que la inmovilidad no puede darse en la existencia, pues, de ser ésta inmóvil, regresaría a su origen: la Nada. Por esta razón, el viaje no tiene fin, tanto en el mundo superior como en el mundo inferior.
Con el tiempo, unos quedarían como farsantes y otros como víctimas, la mayoría como imbéciles o como niños, alguno como sensato, generoso y hasta premiado con futuro político, y todos como lo que eran: señoritos de mierda.
Nunca he hecho un moái, ni mis antepasados los tallaron,
desde la cantera de mis versos, solo he desgarrado un NO HAY.
No hay más espacio, solo son 163 kilómetros cuadrados.
No hay más espacio, ni para un alfiler olvidado.
No hay más espacio en Hanga Roa
para los mercenarios del cambio climático.
No hay más espacio, te digo, solo el corazón se ensancha cuando la raíz toca el borde de otra alma.
Para poder nombrar cada cosa con su nombre… debemos saber los nombres de las cosas
Hay una edad para vivir eso, y tiene que ser terrible: ver caer el último árbol del bosque de la infancia y pensar que al bosque que creció después lo quieres con toda el alma, pero no es aquel bosque, el bosque que te cuidó, sino uno que tú plantaste, del que tú fuiste responsable, del que has sido cuidador. Nunca dejamos del todo de ser niños. Hasta en las edades más avanzadas —quizás renovadamente en las más avanzadas—, hay comarcas del cuerpo que siguen siendo un bebé que quiere que lo abracen, que lo consuelen, y extiende los bracitos para pedir el abrazo de mamá, de papá, de los abuelos, siquiera el de un tío, siquiera el de un hermano. Cuando lo que se encuentran es el vacío, ha de ser muy angustioso, por más que los hijos, los sobrinos, los nietos, los bisnietos, quieran correr a llenarlo.
Mezquino es nuestro mundo si nos roban los mapas soñados de la infancia
El escritor más famoso de la Isla de Pascua es Pío Moái
The aku-aku appeared in human form, in which they were indistinguishable from ordinary persons. One known as Uka-o-hoheru looked like a very beautiful woman, and was the wife of a young Tupahotu who had no idea she was really a tatane. She lived with him at Mahatua on the north coast, and bore him a child. One very wet day she was obliged to leave the house to take fresh fire to the cooking-place where it had gone out. When she returned, her husband was angry that she had no red paint on her face, and, not heeding her explanation that the rain had washed it off, took a stick to beat her. She ran away, and he followed, till at last she sat down on the edge of the eastern headland, where there is now an ahu known by her name. When by and by he came up, she told him to go back and look after the child, and fled away like a rushing whirlwind over the sea and was no more seen.
Two other female tatane are reported to have lived together in a cave on the cliff-side of Paréhé, whose names were Kava-ara and Kava-tua. They heard all men tell of the beauty of a certain Uré-a-hohové, a young man who lived near Hanga Roa; so they went down to see him, put him to sleep, and carried him on his mat up to their cave, where they left him. Before going away they told an old woman, also an aku-aku, that she was not to go and look into the cave. This she naturally proceeded to do, and, finding Uré, warned him to eat nothing the two tatane might give to him, supplying him herself with some chicken. When therefore his captors came back and offered him food, he only pretended to take it, and ate the chicken instead. They then went away again. The old woman came back, and said, “If cockroaches come, kill them; if flies come, kill them; but if a crab comes, do not kill it.” Uré did as he was told, and killed the cockroaches and flies, which were other tatane; but the crab he did not kill, it was the old woman. Meanwhile for many days the father of Uré wept for him, till some men sailing under the cliff while fishing, heard a song, and looking up saw the missing man; but they would not go and fetch him, though the father gave them much food, for the cliff was steep and the cave difficult to reach. At last a woman volunteered for the task, and was lowered over the cliff in a net, and by this means succeeded in fetching Uré safely to the top. The history ends with his return to his home, and does not mention if, in correct fashion, he married his fair deliverer.
Aku-aku were not immortal. A man called Raraku, after whom the mountain is said to have been named, caught a big “heke,” which seems to have been an octopus, in the sea near Tongariki and ate it, with the result that he went mad, and all people gave chase to him. He caught up a wooden lizard, and, using it as a club, ran amok among tatane across the north shore and down the west coast, killing them right and left; the names of twenty-three were given who thus met their fate.
There were no priests, but certain men, known as “koremaké,” practised spells which would secure the death of an enemy, and there was also the class known as “ivi-atua,” which included both men and women. The most important of these ivi-atua, of whom it was said there might be perhaps ten in the island, held commune with the aku-aku, others were able to prophesy, and could foresee the whereabouts of fish or turtle, while some had the gift of seeing hidden things, and would demand contributions from a secreted store of bananas or potatoes, in a way which was very disconcerting to the owner.
There was practically only one religious function of a general nature; it was very popular and had a surprising origin. Attention was attracted on the south coast by a particularly long stoep of rounded pebbles measuring feet, and obviously connected with a thatched house now disappeared. That, our guides said in answer to a question, “is a haré-a-té-atua, where they praised the gods.” “What gods?” “The men who came from far away in ships. They saw they had pink cheeks, and they said they were gods.” The early voyagers, for the cult went back at least three generations, were therefore taken for deities in the same way as Cook was at Hawaii. The simplest form of this celebration took place on long mounds of earth known as “miro-o-orne,” or earth-ships, of which there are several in the island, one of them with a small mound near it to represent a boat. Here the natives used to gather together and act the part of a European crew, one taking the lead and giving orders to the others. A more formal ceremony was held in a large house. This had three doors on each side by which the singers entered, who were up to a hundred in number, and ranged themselves in lines within; in one house, of which a diagram was drawn, a deep hole was dug in the middle, at the bottom of which was a gourd covered with a stone to act as a drum. On the top of this a man danced, being hidden out of sight in the hole.
In other cases, two, or perhaps three, boats were constructed inside the house, the masts of which went through the roof; these boats were manned with crews clad in the garments of European sailors, the gifts from passing vessels being kept as stage properties. Fresh music was composed for every occasion, and in one song, which was quoted, much reference is made to the “red face of the captain from over the seas.” The position of chief performer was one of great honour, being analogous, on a glorified scale, to the leader of a cotillon of our own day. It was stated by an old man that his great-grandfather had so acted, and even the words sung were still remembered. Te Haha, a Miru, gave us to understand that he had been a great social success in his youth, and counted up three koro, and seven haré-até-atua at which he had been present. As he was a handsome old man, and was connected with the court of the chief Ngaara, his pride of recollection was very probably justified. Juan, mixing up, no doubt, recollections of a later date, gave a vivid representation on one of these spots of the pseudo-captain striding about and using very strong language, while he called upon the engineer to “make more smoke so that the ship should go fast.”
Mention must finally be made of the crowns or hats which adorned the figures on the ahu. Their full designation is said to be “Hau (hats) hiterau moai,” but they are always alluded to merely as “hiterau” or “hitirau.”
These coverings for the head were cylindrical in form, the bottom being slightly hollowed out into an oval depression in order to fit on to the head of the image; the depression was not in the centre, but left a larger margin in front, so that the brim projected over the eyes of the figure, a fashion common in native head-dresses. They are said by the present inhabitants to have been kept in place by being wedged with white stones. The top was worked into a boss or knot. The material is a red volcanic tuff found in a small crater on the side of a larger volcano, generally known as Punapau, not far from Cook’s . In the crater itself are the old quarries. A few half-buried hats may be seen there, and the path up to it, and for some hundreds of yards from the foot of the mountain, is strewn with them. They are at this stage simply large cylinders, from 4 feet to 8 feet high, from 6 feet to 9 feet across, and they were obviously conveyed to the ahu in this form and there carved into shape. An unwrought cylinder is still lying at a hundred yards from the ahu of Anakena. The finished hats are not more than 3 feet 10 inches to 6 feet in height, with addition of 6 inches to 2 feet for the knob; the measurement across the crown is from about 5 feet 6 inches to 8 feet. The stone is more easily broken and cut than that of the statues, and while many crowns survive, many more have been smashed in falling or used as building materials.
It is a noteworthy fact that the images on Raraku never had hats, nor have any of the isolated statues; they were confined to those on the ahu.
Isolated Statues.—The finished statues, as distinct from those in the quarries, have so far been spoken of under two heads, those which once adorned the ahu and those still standing on the slope of Raraku; there is, however, another class to consider, which, for want of a better name, will be termed the Isolated Statues. It has already been stated that, as Raraku is approached, a number of figures lie by the side of the modern track, others are round the base of the mountain, and yet other isolated specimens are scattered about the island. All these images are prostrate and lie on the surface of the ground, some on their backs and some on their faces. These were the ones which, according to legend, were being moved from the quarries to the ahu by the old lady when she stopped the work in her wrath; or, according to another account, quoted by a visitor before our day, “They walked, and some fell by the way.”
There must, we felt, have been roads along which they were taken, but for long we kept a look-out for such without success. At last a lazy Sunday afternoon ride, with no particular object, took one of us to the top of a small hill, some two miles to the west of Raraku. The level rays of the sinking sun showed up the inequalities of the ground, and, looking towards the sea, along the level plain of the south coast, the old track was clearly seen; it was slightly raised over lower ground and depressed somewhat through higher, and along it every few hundred yards lay a statue. Detailed study confirmed this first impression. At times over hard stony ground the trail was lost, but its main drift was indisputable; it was about nine feet or ten feet in width, the embankments were in places two feet above the surrounding ground, and the cuttings three feet deep. The road can be traced from the south-western corner of the mountain, with one or two gaps, nearly to the foot of Rano Kao, but the succession of statues continues only about half the distance. It generally runs some few hundred yards further inland than the present road, but a branch, with a statue, leads down to the ahu of Tea-tenga on the coast, and, another portion, either a branch or a detour of the main road, also with a statue, goes to the cove of Akahanga with its two large image ahu. There are on this road twenty-seven statues in all, covering a distance of some four miles, but fourteen of them, including two groups of three, are in the first mile. Their heights are from fifteen feet to over thirty feet, but generally over twenty feet.
As a clue had now been obtained, it was comparatively simple to trace two other roads from Raraku. One leads from the crater, and connects it with the western district of the island. It commences at the gap in the mountain wall, in the centre of which an image lies on its face with weird effect, as if descending head foremost into the plain; and runs for a while roughly parallel to the first road but about a mile further inland. It is not quite so regular as the south road, and is marked for a somewhat less distance by a sequence of images, some fourteen in number, which in the same way grow further apart as the distance from the mountain increases. When the succession of statues ceases, the road divides; one track turns to the north-west, and reaches the seaboard through a small pass in the western line of cones; the other continues as far as a more southerly pass in the same succession of heights. In each pass there is a statue.
Theosophists, indeed, contend that it has been revealed by occult means that Easter Island is the remaining portion of an old continent named “Lemuria,” which occupied the Pacific and Indian Oceans, and the writer has been informed by correspondents that she “may be interested to learn” that such is the case. Representations even of the world at this remote epoch have been, it is said, received by clairvoyance and are reproduced in theosophical literature: in the case of a later continent of Atlantis, which has also disappeared, it was permitted to see its proportions on a globe and by other means; but, unfortunately, in the case of Lemuria, “there was only a broken terra-cotta model and crumpled map, so that the difficulty of carrying back the remembrance of all the details, and consequently of reproducing exact copies, has been far greater”. The world at the Lemurian epoch was, we are informed, inhabited by beings who were travelling for the fourth time through their round of the planets, and undergoing for the third time their necessary seven incarnations on the earth during this round. At the beginning of this third race of the fourth round, man first evolved into a sexual being, and at the end was highly civilised. The makers of the Easter Island statues were of gigantic size. To prove this last point, Madame Blavatsky quotes a statement to the effect that “there is no reason to believe that any of the statues have been built up bit by bit,” and proceeds to argue that they must consequently have been made by men of the same size as themselves. She states that “the images at Ronororaka—the only ones now found erect—are four in number”; and gives the following account of the head-dress of the statues, “a kind of flat cap with a back piece attached to it to cover the back portion of the head”. The readers of this book can judge of the correctness of these descriptions. Theosophists must forgive us, if, in the face of error as to what exists to-day, we decline to accept without further proof information as to what occurred “nearer four million than two million years ago.”
We had a very good voyage for the 1,100 miles from Easter to Pitcairn, staggering along with a following wind. The wind was indeed so strong that we became anxious for the safety of the dinghy in her davits, and swung her inboard for, I believe, the only time on the voyage. We arrived at Pitcairn on August 27th. The island, as seen from the sea, rises as a solitary mass from the water. It is apparently the remaining half of an old crater, and is some two miles in width. An amphitheatre of luxuriant verdure faces northwards; its lowest portion, or arena, is perhaps 400 feet above sea-level, and rests on the top of a wall of grey rock. The other three sides of the amphitheatre are encircled by high precipitous cliffs. The green gem, in its rocky setting, was a refreshing change after treeless Easter Island.
Pitcairn has the dignity of being a democratic self-governing community, with a Magistrate and two houses of legislature. The present Constitution was suggested by the Captain of H.M.S. Champion in 1892, and superseded an earlier one. The Lower House, known as “the Committee,” comprises a Chairman and two members, also an official Secretary; it makes regulations which are submitted to the Upper House or “Council.” The Council consists of the Chief Magistrate, with two assessors and the Secretary, and it acts also as a court of justice. The two committee members and a constable are nominated by the magistrate, but the other officials are elected annually by all inhabitants over eighteen years; Pitcairn was therefore the first portion of the British Empire to possess female suffrage.
It was interesting to see the Government Records, though the present book does not go back beyond above fifty years, earlier ones having apparently disappeared. This contained the Laws of 1884 revised in 1904; regulations for school attendance; a category of the chief magistrates; a chronicle of visits from men-of-war and mention of Queen Victoria’s presents, consisting of an organ in 1879 and newly minted Jubilee coins received in 1889. There were also recorded the births, marriages, and deaths of the island since 1864; and a description of the various brands adopted by respective owners for their goats, chickens, and trees.
Among the legislative enactments was more than one concerned with the preservation of cats, the object being to keep down rats. Thus the laws of 1884 direct that:
“Any person or persons after this date, September 24th, 1884, maliciously wounding or causing the death of a cat, without permission, will be liable to such punishment as the Court will inflict.... Should any dog, going out with his master, fall in with a cat, and chase him, and no effort be made to save the cat, the dog must be killed; for the first offence—fine 10s. Cats in any part of the island doing anyone damage must be killed in the presence of a member of Parliament.”
Illicit medical practice is forbidden, and the regulation on this head runs as follows:
“It may be lawful for parents to treat their own children in case of sickness. But no one will understand that he is at liberty to treat, or give any dose of medicine, unless it be one of his own 311family, without first getting licence from the President. Drugs may not be landed without permission.”
More recent laws enact, that each family may keep only six breeding nannies; and that coconuts may only be gathered under supervision of the Committee or in company with their owners of the same patch, in case of want, however, they may be plucked for drinking. Persons killing fowls must present the legs (i.e. the lower portion which bears the brand) to a member of the Government.
From Pitcairn we made for Rapa, known as Rapa-iti or Little Rapa, to distinguish it from Rapa-nui or Great Rapa; which, as has been seen, is one of the names for Easter. It is a French possession and only visited by a vessel occasionally. It is seven hundred miles from Pitcairn, and was somewhat out of our route for Tahiti, but the Sailing Directions reported a number of prehistoric buildings, which they termed “forts.” We were anxious to inspect them and see what relation, if any, they bore to buildings on Easter Island; but disappointment, alas! awaited us. 315The side of the island on which is the settlement was at the time of our visit the windward aspect; there was a strong breeze and quite a heavy sea. We remained abreast the village for some hours awaiting the pilot, who is said to come off to visiting vessels, but no one appeared, nor was any signal made on the shore. Either they were afraid of us, or did not like the look of the weather. It was not one of the islands we had originally intended visiting, and we had no chart.
We had to sail the ship the whole time in order to keep our station, and eventually our forestay gave out; this meant putting her instantly before the wind, or we should have been dismasted. We therefore ran under the lee of the land and made good our damage. It would have taken a long time to thrash back to our original station, so we reluctantly gave up the attempt to make a landing. The coast is extremely fine, bold, and precipitous, but that, and the blow job given, is all that we can tell of Rapa.
No son las huellas del lobo que lame la mano del hermano pequeño.
Son los mismos que en la Edad Media tiraban piedras a los leprosos y a los moáis.
Los mismos mal nacidos que arrojan propaganda desde los helicópteros.
No han sido prohibidas las mareas para las mujeres que nadan en el paraíso.
No es necesario escribir su nombre para que los fragmentos de su lejanía se hagan presentes.
-Nadie conoce a ciencia cierta el nombre de esa isla -empecé por decirles-. Los indígenas la llaman Rapa-nui, pero los investigadores no creen que fuese éste su nombre originario. En sus leyendas más antiguas, los indígenas siempre denominan a la isla Te Pito o te Herma, o sea "Ombligo del Mundo", pero acaso este nombre sea una antigua descripción poética más que el auténtico nombre de la isla, pues
más tarde los mismos indígenas también la llamaron "El Ojo que ve el Cielo" y "La Frontera del Cielo". Los demás, que vivimos a miles de millas de todos los horizontes de la isla, hemos decidido hacerla figurar en los mapas con el nombre de
Isla de Pascua, porque fue durante la tarde del día de Pascua de 1722 cuando el holandés Roggeveen y sus compañeros, los primeros europeos que navegaban por estas aguas, llegaron aquí y vieron que gentes desconocidas hacían señales de
humo desde tierra para llamar su atención. Cuando los holandeses se aproximaron con sus dos veleros y fondearon al atardecer, pudieron divisar una extraña comunidad antes de que cayera la noche.
La población no parecía ser de una pureza de raza absoluta, pues algunos se distinguían por su tez más oscura, mientras otros eran "del todo blancos", como europeos. También los había "de tinte rojizo, como si estuviesen muy bronceados
por el sol". Muchos llevaban barba.
Es necesario un estudio universitario que descubra el origen común del 🗿 y del caganer.
En diciembre de 1953, se pone término a la Compañía
Explotadora de Isla de Pascua, y la Isla pasa a depender
administrativamente de la Armada Nacional. En esta etapa
distinguiremos los siguientes tópicos.
La Armada intenta afianzar la sumisión y la pasividad de
los isleños con castigos y torturas, incluso con el calabozo.
En sus conversaciones se constata que reflexionan sobre la “isla de la Marina”.
“Es la mejor Compañía que llegaron a la Isla. Por
mí que estuvieran aquí, muy bueno, había hartos
mamoe, chanchos, hartos criaderos de chanchos,
de mamoe, y así comíamos mucho cordero...”
Si entendemos por colonialismo aquel fenómeno consistente en el dominio político, social, económico y cultural
de un territorio y de sus gentes por una potencia extranjera durante un período prolongado, entenderemos que los universitarios también pueden ser una cara del colonialismo.
El sueño de la orfandad engendra monstruos
Un siglo que soñó poder existir sin constricciones, sin ley, sin padre.
Mejor que tu llames a mi puerta que yo a tu ventana.
Porque não mais espero retornar
Porque não espero
Porque não espero retornar
A este invejando-lhe o dom e àquele o seu projeto
Não mais me empenho no .empenho de tais coisas
(Por que abriria a velha águia suas asas?)
Por que lamentaria eu, afinal,
O esvaído poder do reino trivial?
Porque não mais espero conhecer
A vacilante glória da hora positiva
Porque não penso mais
Porque sei que nada saberei
Do único poder fugaz e verdadeiro
Porque não posso beber
Lá, onde as árvores florescem e as fontes rumorejam,
Pois lá nada retorna à sua forma
Porque sei que o tempo é sempre o tempo
E que o espaço é sempre o espaço apenas
E que o real somente o é dentro de um tempo
E apenas para o espaço que o contém
Alegro-me de serem as coisas o que são
E renuncio à face abençoada
E renuncio à voz
Porque esperar não posso mais
E assim me alegro, por ter de alguma coisa edificar
De que me possa depois rejubilar
E rogo a Deus que de nós se compadeça
E rogo a Deus porque esquecer desejo
Estas coisas que comigo por demais discuto
Por demais explico
Porque não mais espero retornar
Que estas palavras afinal respondam
Por tudo o que foi feito e que refeito não será
E que a sentença por demais não pese sobre nós
Porque estas asas de voar já se esqueceram
E no ar apenas são andrajos que se arqueiam
No ar agora cabalmente exíguo e seco
Mais exíguo e mais seco que o desejo
Ensinai-nos o desvelo e o menosprezo
Ensinai-nos a estar postos em sossego.
Rogai por nós pecadores agora e na hora de nossa morte
Rogai por nós agora e na hora de nossa morte.
We're paying for the old man's sins, probably.
No hug, eh?
Ain't gonna happen.
We're Galicians, remember?
In Main We Trust
En el barro, ajos y zafiros
traban el eje hincado. Vibra
el alambre en las venas, canta
bajo cicatrices de siempre
por apaciguar olvidadas
guerras. En la deriva astral
se perfila el baile en la arteria,
la circulación de la linfa:
se elevan a verano arbóreo.
Sobre el árbol en movimiento
nos movemos, entre la luz
sobre el dibujo de la hoja,
y oímos, sobre la empapada
tierra, allí abajo, al jabalí
y al perro perseguir su pauta de siempre
pero entre los astros reconciliados.
La necedad no desaparece ante la ciencia, la técnica, el progreso, la modernidad; ¡por el contrario, con el progreso, ella progresa también!
Cuanto más inocentes sean, más merecen que les disparen.
Un árbol torcido vive su propia vida, pero uno recto se convierte en madera.
Hāngi es un método tradicional de cocinar alimentos usando piedras calientes enterradas en un horno de tierra, que sigue usándose en ocasiones especiales.
Preparar un hāngi implica cavar un pozo en el suelo, calentar rocas volcánicas en él con ayuda de un buen fuego, poner cestas de comida sobre las piedras, y cubrir todo con tierra durante varias horas antes de abrir o levantar el hāngi.
Antes de la colonización e introducción del metal, la comida se disponía en palos limpios, cortezas, hojas grandes y otros vegetales para minimizar el contacto directo con las rocas calientes y evitar en lo posible que se quemaran. También se usaban cuencos tallados y rocas planas con este fin. Se usaban hojas, ramas y vegetación usadas para cubrir la comida y evitar que se aplastara con el peso de la tierra de encima.
Actualmente existen muchos métodos hāngi en uso. Los cestos de alambre se emplearon ampliamente a principios del siglo XIX, reemplazando las hojas y corteza con sacos y telas.
A principios del siglo XXI, se usan a veces máquinas hāngi de acero inoxidable a gas para replicar el estilo de cocción sin necesidad de encender un fuego de madera, cavar un pozo y usar rocas.
Para 6 personas
Pollo entero cortado en trozos
1
Diente de ajo
3
Cebolla
2
Zanahoria
2
Pimiento rojo
2
Mazorca de maíz dulce
2
Patata
2
Calabaza
200 g
Judías verdes planas
250 g
Arroz redondo
150 g
Comino molido cucharadita
1
Pimentón dulce cucharadita
1
Pimentón picante cucharadita
1
Sal
Aceite de oliva virgen extra
Pimienta negra molida
Cilantro fresco ramillete
1
Caldo de pollo
2 l
Cómo hacer cazuela de pollo chilena
Dificultad: Fácil
Tiempo total
1 h 15 m
Elaboración
10 m
Cocción
1 h 5 m
En una cazuela amplia y alta sofreímos a fuego medio alto el pollo salpimentado hasta que coja color y reservamos.
En la misma cazuela sofreímos el ajo, la cebolla, la zanahoria y el pimiento cortado en paisana grande durante 10 minutos a fuego medio alto.
Incorporamos las especias, el arroz y el resto de verduras menos las judías verdes en trozos grandes de unos tres o cuatro centímetros.
Mojar con el caldo de pollo o con agua y cocemos 30 minutos a fuego suave y en los últimos 10 minutos añadimos las judías verdes. Luego dejamos reposar otros diez minutos más con tapa y servimos caliente con cilantro por encima.
Ingredientes para 6 personas. Cuatro trozos de costilla de cerdo carnosa, 250 gramos de pechuga de pollo u otras presas troceadas, cuatro chorizos criollos troceados, 200 gramos de mejillones, 200 gramos de almejas, 150 gramos de merluza, 150 gramos de rape fresco u otro pescado blanco como la corvina, un litro de caldo de pollo, una cebolla, dos dientes de ajo, un pimiento rojo, 100 mililitros de vino blanco, unas hojas de col blanca para cubrir, ocho patatas pequeñas y aceite de oliva virgen extra.
Elaboración. Comenzamos poniendo en la base de la olla los vegetales picados y los pochamos unos minutos a fuego lento con tres cucharadas de aceite de oliva. Mientras se van haciendo, cortamos los trozos de carne de cerdo, pollo y chorizo criollo, que sazonamos e incorporamos a continuación a la olla. Agregamos las patatas, que deben ser pequeñas o cortadas en trozos y también el vino y subimos el fuego. Añadimos los mariscos de concha, distribuyéndolos por la olla y seguidamente, continuamos con los trozos de pescado, bien repartidos. Cuando tenemos todos los ingredientes, agregamos el caldo y cubrimos con hojas de col o repollo. Llevamos a ebullición y bajamos el fuego al mínimo. Dejamos cocer durante una hora aproximadamente y apagamos el fuego, retirando las hojas de col. La tradición es servir carnes y pescados en un plato hondo, y poner al lado un vaso con el caldo del curanto, de sabor muy intenso.
En este caso hablamos de un pastel salado que combina una capa de carne picada aliñada (pino), con ingredientes como cebolla, huevo duro, aceitunas negras y pasas.
Todo luego se cubre con una mezcla de maíz molido (choclo) con albahaca y un toque de azúcar espolvoreado por encima, que se hornea hasta que la superficie queda dorada y levemente caramelizada. La gracia de la receta es el equilibrio entre dulce y salado, así como su textura cremosa.
Ingredientes para 5 personas. 350 gramos de carne picada de ternera para el relleno, dos cebollas para el relleno, una cucharada de pimentón dulce para el relleno, una cucharada de comino molido para el relleno, doce hojas de albahaca para el relleno, aceite de oliva virgen extra, sal, pimienta negra molida, 250 gramos de maíz cocido sin líquido para la masa, 50 gramos de harina de maíz para la masa, 75 gramos de leche para la masa, 25 gramos de mantequilla para la masa, sal para la masa, pimienta negra molida para la masa, 15 gramos de uvas pasas sultanas para el montaje, quince aceitunas negras para el montaje y dos huevos duros o cocidos para el montaje.
Elaboración. La receta tiene tres pasos: relleno, masa y montaje, y los tres son muy sencillos como vais a ver a continuación. Primero pochamos la cebolla picada en brunoise a fuego suave 15 minutos con tapa y luego subimos el fuego y añadimos la carne, cocinándola tres o cuatro minutos y desmenuzándola. Agregamos las especias y la albahaca, integramos y ponemos a punto de sal y pimienta, y reservamos hasta montar. Para la masa tampoco hay ciencia, poniendo en un vaso de batidora o robot todos los ingredientes y dar tres golpes de triturado, deben quedar trocitos, sin que quede lisa u homogénea. Si vemos que quedase muy ligera añadimos más harina. Por último, montamos y en una fuente de horno ponemos en el fondo el relleno de carne, encima las pasas y las aceitunas repartidas y los huevos cortados en láminas de cinco milímetros y luego cubrimos con la masa de maíz. Horneamos a 200 ºC unos 20 minutos hasta que la parte superior esté dorada y servimos caliente o templado.
Ingredientes para 4 personas. 500 gramos de patata, 100 mililitros de leche, 50 gramos de mantequilla, 400 gramos de carne picada, una cebolla, un huevo, pimentón picante al gusto, sal y pimienta al gusto, orégano seco, cuatro aceitunas negras y doce uvas pasas sultanas.
Elaboración. En la sartén sofreímos la cebolla, agregamos la carne y el resto de los ingredientes, cocinando a nuestro gusto. Fuera del fuego, incorporamos las pasas. Mientras tanto, cocemos el huevo durante 7 minutos desde que empiece a hervir el agua. Para hacer el puré, pelamos las patatas, las colocamos en un cazo, las cubrimos con agua con una cucharada de sal y las cocinamos durante 20 a 30 minutos hasta que estén blandas. Después escurrimos las patatas y las machacamos en un bol, agregando la mantequilla, la sal y la leche hasta obtener un puré algo espeso. Reservamos. Podemos hacer una fuente para toda la familia o utilizar ramequines para hacer raciones individuales. En este caso, ponemos en la base de la fuente la carne a la que llaman en Chile "pino de vacuno", agregamos un cuarto de huevo cocido, las aceitunas picadas y cubrimos con el puré. Doramos gratinando cada ramequín en el horno. Para ello espolvoreamos con queso rallado y dejamos unos minutos con el horno a 230º. Servimos avisando a los comensales que tanto la fuente como el contenido pueden estar muy calientes.
El origen de este sándwich (y su nombre) se remonta a principios del siglo XX y está vinculado al expresidente chileno Ramón Barros Luco, quien gobernó entre 1910 y 1915. Se dice que frecuentaba la Confitería Torres en Santiago, donde solía pedir un sándwich de carne y queso caliente.
Con el tiempo, esta combinación se popularizó y fue nombrada en su honor. El Barros Luco se ha convertido en un símbolo de la cocina chilena, y cada 9 de junio se celebra el Día Nacional del Barros Luco, coincidiendo con la fecha de nacimiento del expresidente
Ingredientes para 1 persona. Tres filetes de ternera de babilla, tapilla o cadera muy tiernos, tres lonchas de queso Havarti, un pan de hamburguesa, sal y pimienta al gusto.
Elaboración. Ponemos al fuego una plancha de cocinar durante unos minutos para que esté bien caliente, y doramos en ella los filetes previamente secados y sazonados. Se puede utilizar mantequilla o aceite para esta parte de la receta, según preferencias. Una vez bien dorados los filetes por ambas caras, cubrimos con una loncha de queso a cada uno o incluso más si lo prefieres, dejando que éstas se fundan con el calor remanente. Podéis utilizar Havarti, Cheddar o cualquier variedad de queso que se funda fácilmente. Mientras tanto, tostamos ligeramente el pan abierto por la mitad. Apilamos los filetes para formar una torre y en el espacio libre que queda en la plancha, colocamos los panes para que recojan los jugos que haya soltado la carne, impregnándose así con su sabor.
La gracia de las sopaipillas es que su textura es crujiente por fuera y tierna por dentro. Se pueden comer tanto saladas como dulces: en versión salada suelen acompañarse de pebre (una especie de salsa picante) o mostaza, mientras que en su variante dulce —conocida como sopaipillas pasadas— se bañan en un almíbar caliente hecho con panela, canela, clavo de olor y cáscara de limón.
Ingredientes para 15 unidades. 150 gramos de harina de trigo, 150 gramos de calabaza, 40 gramos de manteca de cerdo, una pizca de sal, una pizca de cúrcuma molida, una pizca de pimentón dulce, aceite de girasol para la fritura, 250 mililitros de agua para el sirope o jarabe, 250 gramos de panela para el sirope o jarabe, la cáscara de un limón para el sirope o jarabe, un tronquito de canela en rama para el sirope o jarabe y tres clavos de olor para el sirope o jarabe.
Elaboración. Para la masa. Asar o cocer la calabaza y triturar. Juntar con el resto de ingredientes y amasar cuatro minutos a mano o en un robot. Reposar en la nevera 20-30 minutos. Estirar y cortar con cortapastas de seis centímetros de diámetro. Pinchar con un tenedor en el centro y freír tres minutos. Escurrir en rejilla y servir junto a la salsa o bañadas en ella. Para la salsa. Poner todos los ingredientes en un cazo y hervir 15 minutos hasta que espese. Colar y reservar para acompañar las sopaipillas.
El término pilco hace referencia al maíz cocido junto con otras verduras, que aporta cremosidad y sabor al plato. Es una receta vegetariana de raíces profundamente rurales, asociada al calendario agrícola y a la cocina mapuche y criolla.
Ingredientes para 6 personas. Una cebolla blanca o cebolleta mediana, dos dientes de ajo, ocho hojas de albahaca, cuatro gramos de pimentón dulce (una cucharadita), cuatro gramos de comino molido (una cucharadita), 400 gramos de calabaza sin piel ni semillas, dos mazorcas de maíz dulce crudo, caldo de verduras, 350 gramos de alubias cocidas en conserva (pochas si es posible), aceite de oliva virgen extra y sal.
Elaboración. Picar finamente la cebolla y los ajos pelados; cortar en cubos pequeños la calabaza pelada sin semillas, lavar y picar la albahaca fresca y sacar los granos de las mazorcas de maíz cortándolos con un cuchillo de hoja grande y afilada, con cuidado que saltan. Escurrir las pochas o alubias. Calentar un poco de aceite en el fondo de una cazuela a fuego medio y añadir la cebolla. Sofreír un poco con un poco de sal y añadir los ajos picados o rallados. Dejar que se poche unos minutos a fuego suave, añadir un poco de albahaca picada, el pimentón y el comino y remover. Incorporar la calabaza, remover ligeramente y echar el maíz. Cocinar el conjunto con un poco más de sal dándole unas vueltas antes de cubrir con caldo de verduras, reservando líquido para corregir sobre la marcha al gusto. Llevar a ebullición, bajar el fuego y cocinar tapado hasta que la verdura esté tierna. Opcionalmente, triturar un poco con la batidora de mano si se prefiere una textura más cremosa, o separar unos cucharones y triturar aparte en un robot o batidora de vaso, y devolver a la olla. Añadir las alubias ya cocidas, mezclar con mucha suavidad, corregir el nivel de líquido y cocer todo junto unos 10-20 minutos a fuego suave. Servir con más albahaca fresca o con cilantro o perejil al gusto.
La chorrillana chilena es un plato contundente, popular y muy representativo de la cocina urbana del país, especialmente asociado a la ciudad de Valparaíso. Se compone de una base de patatas fritas sobre las que se colocan ingredientes salteados como cebolla, carne de ternera (normalmente en tiras o trozos), y huevos fritos o revueltos por encima.
Existen muchas variantes que incluyen longaniza, chorizo, salchichas, o incluso quesos, lo que hace de la chorrillana un plato ideal para compartir, sobre todo en bares, picadas (puestos de comida popular) y reuniones informales.
Ingredientes para 1 persona. Dos patatas medianas, media cebolla, 80 gramos de carne de ternera de posta (tapa, cadera o babilla), un huevo, 30 mililitros de vino tinto, aceite de oliva virgen extra y sal.
Elaboración. Pelar y cortar las patatas. En abundante aceite freír hasta que se doren, retirar y colocar sobre papel absorbente. En una sartén caliente agregar aceite y sofreír la cebolla hasta que se vea traslúcida, agregar el vino y sal, cocinar hasta reducir. Reservar. Cortar la carne en tiras de un centímetro. La posta es la parte superior de la pierna trasera del vacuno, lo que equivaldría a la tapa, aunque también valdría cadera o babilla. En una sartén caliente agregar un poco de aceite y dorar la carne, procurando de no cocinar demasiado. Salpimentar. Freír también el huevo en una sartén.
Neruda, violador.
¿ Podemos considerar que los Porcos Bravos son terianos ?
Do not cry, Do not weep, I have not gone, I simply sleep
padre,
si no hay pinos
no se hacen piñones,
ni gusanos, ni pájaros.
Padre,
donde no hay flores
no hay abejas,
ni cera, ni miel.
Padre,
que el campo ya no es el campo.
Padre,
mañana del cielo lloverá sangre.
El viento lo canta llorando.
Padre,
ya están aquí…
Monstruos de carne
con gusanos de hierro.
Padre,
no tengáis miedo,
decid que no,
que yo os espero.
Padre,
que están matando la tierra.
Padre,
dejad de llorar
que nos han declarado la guerra.
Tú quisiste morir enteramente.
La carne y la gran alma. Tú quisiste
entrar en la otra sombra sin el triste
gemido del medroso y del doliente.
Te hemos visto morir con el tranquilo
ánimo de tu padre ante las balas.
La roja guerra no te dio sus alas,
la lenta parca fue cortando el hilo.
Desembocamos al silencio en donde los silencios enmudecen.
Viajar implica siempre el riesgo de descubrir aquello que preferiríamos no ver.
No hay aquí nostalgia ingenua por las utopías perdidas, sino una mirada melancólica y lúcida sobre sus costes humanos por la puta manía de ir donde no nos llaman.
Un día la revolución será la justificación del Terror.
Lengua de pegamento
Ojos de video tape
Los muertos
Cucarachas en los cuentos de Kafka
Arpegios que por un enchufe son elevados a la luna
Esa piedra que siquiera luce
Refracta
Mento
Memento acuchillador y mato cisnes de humo
Que me salen de las trancas
Química de la eufonía del fantasma que sube por la garganta que barrita
El renacimiento en el crujir de cristal de los diablos del espejo
De
Tu nombre cada vez que da vuelta la cinta
Con los sarmientos de luz como cabezas cortadas con la seca
Lengua de Filomátic
Río de Mímir
Sordo e idiota el verbo
La necesidad traducida
En el amor de y a la calavera de Yorick
El impulso nominado en todas y cada una de las cosas
Lengua electrificada de pegamento
Memento de la sombra
De la sombra de la sombra de la lengua con que chupo
El tornillo de video tape que me enrosco y con que agarro
La mentira en la mentira de la belleza
En el espejo en que representas
Cinta de la cinta de los ojos
De video tape
Con la antena lágrima por la canción
La entelequia de la canción
Más hermosa del mundo
Los trozos de la anaconda que se asoman
A los ojos de este fantasma que entiende algo cada vez que pisas la pedalera
Esta entelequia a la que pusiste y pones clavo en este mundo hecho por y para faquires
El mundo avanza en las capas
Los fantasmas grabados vuelven en los pedales
El hueso viste el hueso - en el
Grifo de las capas - el fluir en el fluido de la cabeza de Mímir
Donde nacen las canciones
Junto a todas las mentiras del mundo
Y a los clavos ardiendo de los que agarrarse
Con las manos que no existen y que tengo
Para escribir el fantasma de estas pa
Labras
es una locura hacer lo mismo una y otra vez, y esperar resultados diferentes
Cada época es complicada, pero la nuestra es la peor -dijo un voz baja-. Al igual que en los tiempos de los cavernas, cuando había inundaciones, las bestias salvajes y las enfermedades graves amenazaban la supervivencia de los seres humanos; hoy en día la avalancha del sin sentido amenaza a la vida misma. Solo que con más dureza que cualquier fuerza ciega. Hoy servimos a lo material, sin conocer el verdadero valor de nada. Han menospreciado las palabras con las que la gente se protegía como si fuera un escudo y que nos alimentaba de esperanza. Han matado las palabras que considerábamos sagradas, las han prostituido, las han convertido en banderas bajo las cuales marchan, pisoteando al ser humano. ¿Podemos seguir usando las palabras fraternidad, paz, solidaridad, felicidad, igualdad, amor, libertad? ¡Nos las han arrebatado, han pasado al otro bando, se han convertido en símbolos de violencia en este único mundo que nos concierne, porque no tenemos otro! Hay que inventar otras palabras, pero no sabemos cómo, ni sabemos cuáles. O tal vez recordar las antiguas: tierra, pueblo, vida. Quizá también: silencio. O tal vez: grito, que nadie oirá, porque ya nadie escucha ni entiende a nadie, pero es importante para nosotros, porque es lo único que aún podemos hacer en este mundo de máquinas ruidosas y de insensatez pendenciera, bombas de hidrógeno y ráfagas ideológicas.
Es increíble que mi padre tuviera esa obsesión enfermiza por la tierra: sabía mejor que nadie que el labrador que la trabaja escupe sudor y sangre.
La cuestión era que él, por su experiencia, estaba convencido de que, si uno sabía trabajar bien la tierra, podía vivir con dignidad. Mostraba un orgullo por ser campesino que rayaba el fanatismo.
– ¿Quién inventó la rueda, so imbéciles? Pues el campesino, ¡porque le hacía falta! ¿Te imaginas un campesino yendo al herrero y diciéndole: “Oye, ¿me haces un círculo grande?” ¿Y dónde estaba el herrero? ¿Es que lo creó Dios? No, no existía: el campesino fue el primer herrero. Él solito se hizo un círculo grande, él forjó el hierro para la hoz, él levantó, sin ayuda, la primera pared para construir un terraplén, y luego una casa, e hizo el primer tejado de ladrillos. Nosotros lo hemos sido todo, y antes que nadie: albañiles, constructores de canales, barqueros, canteros, mineros… ¡¿Y ahora os meáis en nosotros, cabronazos?! ¿Quién aprendió a leer las lunas para la siembra? ¿Quién descubrió, porque pasaba hambre, que las ranas, los caracoles y los erizos podían comerse? ¿Los señores?¿Los curas? No, a ellos les daban asco. Sólo les gustaba la carne, y tiraban las tripas y los riñones… hasta que nosotros les enseñábamos a echarles un chorrito de vinagre y combinarlos con ajo.
¿Dónde están los que no se tiñen las canas los que comen cuando pueden y normalmente mal?
¿Dónde están los que no presumen de vida sana ni de viajes espirituales ni de ningún otro?
Los que no hacen yoga ni ranin ni meditación ni ningún otro ejercicio que no sea caminar hacia la cola del paro o hasta la próxima entrevista de trabajo que nunca les darán.
Los que no hablan de positivismo porque les da la tos ni de espiritualidad porque les da por fumar más.
Los que no se plantean dejar de beber: para qué, si es lo único que les sienta bien.
Y total ni aspiran a la jubilación: son de los que apenas han cotizado.
Gente con los que hemos vivido y bebido, con la que nos hemos criado en las calles en los bares donde se hacía la vida antes.
El mundo ha seguido y les ha dejado en el camino.
¿Dónde coño están ahora?
Escondidos, ateridos, sorprendidos: sin entender esta nueva era
sin entender nada: nada de nada
Sólo una gran oscuridad, un gran apagón y, después, incluso apagan esa gran oscuridad.
Y mientras el rey andaba de picos pardos por chozas y bosques de la periferia, donde zagales y pastoras asaban castañas al amor de la lumbre o retozaban con sus rebaños de lanar y porcino bajo la mirada pesarosa de la vaca lechera por tanta eyaculación baldía. quedaba el dormitorio de la primera dama en soledad propicia al escarceo y, porque los dos moradores sabían a qué jugaban, al punto se privaba de ropa el bufón y halagaba con obcecada constancia las partes comprometidas de su pareja hasta suscitar con sus salvas el despiporre.
-Culmina, pesada.
Así que mientras el bufón ensartaba a su soberana por derecho haciéndole desbarrar pupila y lengua, abanicar párpados, retorcer el esqueleto y exhalar gorgoritos premonitorios del hondo calderón final, el rey, en la soledad de los héroes y más empalmado que otro poco, reiteraba por llanos y serranías de su propiedad su oferta de acoplamiento -rebajada de tasas municipales, que todo hay que decirlo
El orden perfecto es imposible, sencillamente porque existe la entropía. Pero sin orden no se puede vivir.
Sheffield.
Día de Steel City derby
El Sheffield Wednesday puede descender hoy, y para mayor tragedia, pueden hacerlo en el campo del Sheffield United, su archirrival
Han leído bien. Bajar de categoría en febrero.
La brutal sanción* (-18 puntos) que recibieron los Owls, provocó esta situación
*El distinto rasero entre los Mouchos y los camellos.
Deseo captar la estructura mecánica del éter en conjugación con los hipernautas del espacio infinito del todo. Después de la superación de la naturaleza, de la recreación del mundo físico, de las simbiosis y metamorfosis me dirijo a la plastificación de los signos monumentalizándolos, a la creación plástica de los cosmómetros, almotrones, donde la ley y el contenido se requieren mutuamente: Proto-Esquemas-del-Mito Plástico.
El escepticismo es óseo y el entusiasmo una víscera. Con el tiempo solo queda el esqueleto.
Los gatos saben exactamente dónde comienzan y terminan. Cuando caminan lentamente por la puerta que les tienes abierta, y hacen una pausa, dejando su cola a solo una pulgada o dos dentro de la puerta, lo saben. Saben que tienes que mantener la puerta abierta. Por eso su cola está ahí. Es la forma en que un gato mantiene una relación.
Los gatos domésticos saben que son pequeños y que es importante. Cuando un gato se encuentra con un perro amenazante y no puede escapar ni horizontal ni verticalmente, de repente se triplicará su tamaño, inflándose en una especie de pez globo extraño, y puede funcionar, porque el perro se confunde nuevamente. “Pensé que era un gato. ¿No soy más grande que los gatos? ¿Me va a comer?
Los gatos tienen un sentido de la apariencia. Incluso cuando están sentados haciendo el lavado en esa posición tonta con una pierna detrás de la otra oreja, saben de lo que te estás riendo. Simplemente eligen no darse cuenta. Conocí un par de gatos persas una vez; el negro siempre se reclinaba sobre un cojín blanco en el sofá y el blanco sobre el cojín negro al lado. No era solo que quisieran dejar el pelo de gato donde se mostraba mejor, aunque los gatos siempre son reflexivos al respecto. Sabían dónde se veían mejor. La señora que les proporcionó sus almohadas los llamó sus gatos decoradores.
En total, en la isla hay alrededor de 1.043 moáis registrados. Los autores han contabilizado 426 en la cantera de Rano Raraku, todos en distintas fases: terminados, semiterminados o todavía incrustados en la roca. A ello hay que sumarle 341 trincheras, 133 vaciados de donde se extrajo un moái y 30 focos de cantera (lo que los investigadores llaman “talleres”).
También hay 457 gatos.
Confundimos el enfado con agresividad porque solo lo escuchamos cuando se grita.
No me iré hasta que no me necesites más
Voy a comprar vinos y en la tienda donde compro los vinos los muchachos que son muy entendidos y además amables me dicen que en Francia tienen un problema con el vino las ventas se desploman las nuevas generaciones no beben y el asunto es tan grave que se ha llegado al extremo de arrancar viñedos. ¡En Francia! Siempre he sabido que todo se irá a la mierda tarde temprano pero que los franceses dejaran de beber vino no me lo esperaba.
abacómite: abad que a la vez es conde.
acarrear: transportar en carros la mies hasta la era para ser trillada.
acémila: bestia de carga, mula.
adafina: cocido medieval, antecedente del actual cocido.
cuchipanda: reunión festiva, alegre y desinhibida.
arquiperres: cachivaches, cosas variadas y de poco valor.
ñiqueñaque: cosa sin importancia, de mala calidad o despreciable.
badil: herramienta de hierro para cubrir las brasas con ceniza.
becerro: libro donde iglesias y monasterios anotaban los privilegios y propiedades de los nobles.
behetría: situación medieval en la que los siervos pueden elegir o cambiar a su señor.
blanca: moneda de poco valor equivalente a medio maravedí.
bellaco: persona ruin, despreciable y taimada.
carruquero: carretero.
cebar: reponer el aceite de un candil.
celosía: enrejado de madera o hierro colocado en ventanas para poder ver sin ser visto.
cobertor: colcha de abrigo.
collera: aparejo que se coloca en el cuello del animal de labranza para que no se lastime al tirar del arado o del carro.
A mí personalmente, me extraña que vocablos como acémila, bellaco, celosía y cobertor puedan desaparecer. Quizás sea porque las he oído en mi juventud. No sé.
Palabras suprimidas:
aborrecedero: algo que causa rechazo o aversión.
adéfago: persona que come en exceso.
ahogaviejas: planta de tallo delgado.
almazuela: colcha o manta hecha de retazos de tela.
bajotraer: abatimiento o humillación.
camasquince: persona entrometida.
chicuelo: diminutivo de chico.
cocadriz: forma femenina de cocodrilo.
demoranza: demora, tardanza, dilación.
desarrebozadamente: sin rebozo, clara y abiertamente.
durindaina: sinónimo antiguo de justicia.
enclarar: aclarar.
ergullir: cobrar orgullo, envanecerse.
fabulizar: inventar cosas fabulosas.
gallinoso: tímido, pusilánime, cobarde.
manaza: femenino aumentativo de mano.
minguado: adjetivo antiguo de menguado
La risa está, probablemente, destinada a desaparecer. No se comprende bien por qué, entre tantas especies animales desaparecidas, persistiría el gesto de una de ellas
Sí, mírenme como les plazca. No llamo a engaño. Tampoco teman si me perjudico. El daño es mío. Como antes lo fue el que causé a otros. Me creen desesperada, ¿verdad? Es mi condición. La envidia que he lastrado durante toda mi vida ha ido acompañada de una ira insensata, casi letal. ¿Es lo que produjo el odio o primero fue este? Difícil distinguir qué paso va delante de otro, sobre todo cuando todo el cuerpo se dirige al unísono hacia un objetivo inalcanzable. Miren, ahí tienen a la loca, dicen quienes me pillan en este trance en que parece que mis frustraciones las pago con mi propia carne. Nadie sabe que cuando me agredo ataco al mundo que me ha vencido. Dirán: es absurdo destruirse a uno mismo, ¿qué consigue con ello? Dirán: no corrige por ello los perjuicios que anteriormente haya causado. Dirán: no puede ser que haya sido siempre así esta insensata que se exhibe ante tantos ojos que no la van a entender ni mover a compasión. ¿O es lo que busca?, dirán. Pero yo no quiero la piedad de nadie. Ni pretendo redimirme. Si he sido verdugo de otros tengo derecho a aplacar mi iniquidad destruyendo este cuerpo que jamás podrá ser como fue en la juventud. Sí, aquel cuerpo admirado, aquel rostro que aturdía, aquel porte voluptuoso observado lascivamente, aquella actitud amable y seductora que causó tanto desasosiego y llevó a algunos a enfrentamientos por disputar mi posesión, desapareció hace tiempo sin conocer ni el equilibrio ni el bienestar. Cierto. No me dejé querer. No di tiempo a ninguno de quienes aspiraron a mi compañía. No contribuí al entendimiento de otros mejores que yo. Y por si fuera poco entorpecí las ilusiones de otras mujeres. ¿Por qué la vida tiene que ser una competición? ¿Por qué no me bastaron los pequeños frutos que iba cosechando y que ya hubiesen querido los demás? A veces me digo inútilmente: si pudiera volver atrás... Pero, ¿qué haría? Fantasías. Contra el tiempo y los cambios que esta obra en los cuerpos no se permite retroceso alguno. Todo va con urgencia disminuyendo. Todo se obstina en el deterioro. Ni siquiera el lamento, y menos esta desesperación agresiva, consuelan. Sé que todos lo comentan, entre misericordiosos y acusadores. Ahí va aquella que un día fue digna de fascinación y de disputa, y hoy se desgañita entre sus miserias. Pero me da igual. Hasta el desprecio ajeno me alimenta.
O lo tomas o lo dejas. Así me habló el ermitaño. O aquí o allá, peroró nuevamente. Como yo mostrara cierta confusión por tanta disyuntiva solo dijo: ya lo entenderás. Qué deberé entender, repliqué con prudencia escasamente interrogativa. La vida, musitó ambiguo. Pero, ¿acaso hay vida en tu cueva?, respondí brutalmente, lo reconozco. Ya lo entenderás, me devolvió de nuevo con más énfasis, casi amenazante. Luego se adentró por un largo pasillo ganado por la oscuridad y le perdí de vista.
Aquel lugar no tenía confort mínimo alguno para los tiempos que vivimos. El anacoreta había buscado a propósito un espacio imaginario que le recordase el agujero de quienes se aislaban del mundo en épocas pretéritas y devastadoras. No era ruinoso pero sí se hallaba muy deteriorado y los corredores conducían todos ellos a estancias menudas y bastante tenebrosas. Aquel edificio, si se caracterizaba por algo era por la ausencia de voces. Un refugio para perderse de la vida humana o para perecer del todo en él, me dije.
Volví al cabo de unos días. Me apetecía fotografiar ciertas dependencias abandonadas que conservaban toscas bóvedas de arista, probablemente refectorios, cillas o la sala capitular. La reducción de luz que los constructores que seguían los modelos del Claraval habían conformado al levantar la estructura de aquel ámbito no facilitaba la misión. Solo cuando salió el sol y sus haces se hicieron valer allí dentro admiré el contraste y le di al clic, con mis dudas sobre la calidad de la imagen. En medio de tanta soledad hizo su aparición de nuevo el anacoreta. Has vuelto, dijo al recibirme. ¿Vienes también a quedarte o solo una curiosidad malsana te ha traído de nuevo hasta aquí? Le hubiera contestado que por qué la curiosidad tiene que ser malsana, pero caí en la cuenta de que el tipo no era un hombre de amplia conversación. No obstante opté por la plática. ¿Por qué debería quedarme? Ya te lo sugerí la otra vez, respondió conciso. ¿O no has pensado en ello? Si dejas el mundo del ruido habitarás tu verdadero mundo. Si, por otra parte, prefieres intoxicarte día tras días para vivir en la confusión, habrás elegido el lado de la muerte en vida. Asceta, eres un maximalista irredento. Porque entonces, ¿qué haces tú con una calavera en la mano? ¿No estás evocando también la muerte en vida? ¿No estás viviendo el vacío total, perdido en un deseo malsano? ¿No vas contra natura? ¿Sacrificas tu personalidad humana, haciendo dejación de tu capacidad de pensamiento constructivo? En fin, ¿reduces la vida a la muerte?
Ante la cascada de preguntas que no esperaban, por cierto, respuesta, pues eran más bien una regañina que probablemente no tenía derecho a echarle, el cenobita respondió ejemplarmente. Con su silencio. De pronto se traicionó, replicando agitado como quien protege un tesoro. No, no es una calavera cualquiera. Es mi libro de horas. Mi punto de reflexión. El soporte del sentido del tiempo que debo asumir. La mecánica del recuerdo. La herencia de una vida que se muestra hosca y sin satisfacciones. En este punto el hombre me hartó. Tu recuerdo no puede ser ese solamente, asceta. Habrás tenido un pasado como todos. Los humanos vivimos del pasado, con sus pros y sus contras, y ese bagaje nos da sentido, nos estimula para seguir, bien porque haya habido insatisfacciones en él y queramos corregir o porque nos haya gratificado tanto que nos estimule a seguir viviendo. Un engaño, dijo cortante el anacoreta. Lo real y el sentido resumido de las cosas, en cualquier tiempo de la vida, es lo que tengo en la mano. Y acarició aquel cráneo de mirada huidiza y turbia, como si se tratara de un ser necesitado de cariño.
A continuación, el ermitaño calló del todo. Se levantó de su postura genuflexa, tosió aguda y repetidamente, se alejó moviendo sus harapos hacia la concavidad más alejada de mi vista. Salí a la luz del día. Que perezca en su rechazo a la vida si es su afán, pensé sin acritud. Huir no es vivir.
e sabe concentrada en todos sus sentidos. Pisar con cautela el lecho descendente del río. Asumir sin impresiones la temperatura del agua. Ignorar las miradas de quienes permanecen en la orilla sin decidirse a dar el paso. No es un lugar apartado, como el que hay más allá, al recodo de la misma corriente, que queda oculto. Donde van mujeres más audaces. Donde los hombres jóvenes consideran con naturalidad exhibir junto con las mujeres su desnudez. Tal vez ella misma avance pisando con medida y estabilidad los guijarros hasta ese lugar de encuentro prohibido. Pero tiene que estar segura de que nadie observa su maniobra, que lleva a cabo con prudencia y disimulo. Cuando los ojos inquisitivos dejen de estar pendientes de ella pisará con mayor firmeza. Sus pies serán masajeados por la guija aplanada y ligeramente contusionados por los cantos afilados que, de manera imprevista, la harán quebrar. Se repondrá de cada embate del material sedimentado en el fondo. Acelererá el paso, ondeando su saya a un lado y otro, como si ejecutara un baile acuático. Apremiará a los gansos que, por delante suyo, se deslizan imperceptibles y silenciosos a través de la superficie. Deseará llegar cuanto antes a la curva donde la floresta abundante oculta la visión de los mirones que quedaron atrás. Juncales esbeltos, cañaverales firmes que compiten con otros arbustos, álamos que hablan el lenguaje del viento, zarzamoras espinosas cuya corpulencia cierran el curso rectilíneo del arroyo. La mujer, ya bastante empapada por el chapoteo, hace rato que ha perdido el temor a la gente, desafiado al caudal, espantado la vergüenza de los preceptos dominantes que la inculcaron en nombre de una moral del rigor y de la doblez. Allí están, juguetones y espontáneos, los demás. Los diferentes. Quienes desafían leyes y costumbres y generan la hermandad de un nuevo bautismo. El de la conciencia de los cuerpos. El del goce de los sentidos. El de la aceptación de una carne responsable necesitada de sentirse compenetrada con la tierra y los elementos. El grupo congregado mira sorprendido a la recién llegada. La reciben con entusiasmo y aspavientos. Ella abre los brazos respondiendo con júbilo al acogimiento de que es objeto. La enagua resbala a través de su torso y un movimiento provocado por sus hombros permite desembarazarse de la prenda. Los otros la invitan a unirse a nadar con ellos en la poza, donde no se hace pie y el cuerpo se pone a prueba con el equilibrio que proporcionan los movimientos de las extremidades. Ella ríe como nunca hubiera imaginado. Ríe y se sumerge y eleva de nuevo cual ondina con insólita personalidad.
Pavoneado por la propia imagen el joven se ausenta de cualquier otra referencia. Cree bastarse por sí mismo. En aquello que se refleja en el agua estima contemplar como única la inalterable y hermosa existencia. Él es el mundo. Un mundo donde solo existe el momento. Como si la edad fuera eterna e inamovible. Donde solo tiene lugar un cuerpo que contempla al otro cuerpo que le reduce, aunque piense que le prolonga. Nada fuera de sí le satisface. Nada le da más placer que reafirmarse en su imagen. Se gratifica apreciando su bien formada materia. Se aprecia en las facciones graciosas que le sonríen desde abajo. A nada atiende sino a la llamada que le retorna desde las aguas. Se apoya en la corriente como si fuera a poseerla. Respira ora con lentitud ora con ansia. La exhalación le es devuelta y enturbia aún más su deleite. Enajenado por su abigarrada posesión se retuerce entregado como si quisiera llegar a una cópula. Extiende el rostro ahíto de ensimismamiento. Abre los labios buscando la confluencia de los mismos labios. Pronuncia tenues palabras de lasciva ternura. Enredado en el bucle de la complacencia trata de evadirse de cualquier signo de dolor o incluso de otra clase de satisfacción. Pero el río no se detiene y él ignora que en cada instante que permanece admirándose no sigue siendo el mismo. No puede dejar de contemplarse, pues es más poderoso su miedo a aceptar al otro que no desea ser. Ha descendido al borde, obnubilado por la caricia rumorosa del arroyo. Un rumor que se va traduciendo en quejosas voces de otros personajes que antes han sido víctimas de su despecho. Qué intenso es el sonido burlón bajo las aguas. Qué perverso el desquite de los despreciados. Ahora él también es lluvia perpetua. Donde las imágenes quedan diluidas para siempre. Ahora se ha fundido sin salvación con su no deseada ausencia.
Ya le dije, mi señor, que no era cosa de aventurarse sin prever las fuerzas del enemigo. Ya le advertí que aquellos que usted consideraba unos desalmados enviados por quien dispone de poder mayor no eran sino humildes hombres de oficio sencillo. Ya le rogué que no se precipitase con las armas en lugar de acercarse haciendo virtud del diálogo. Al fin y al cabo ellos no se sintieron provocados por nosotros, aunque verdad es que ciertos sujetso de orden y bien instalados en sus privilegios sí que ven como enemigo a cada honrado ciudadano que pretende vivir y satisfacer sus necesidades si no con libertad plena al menos con un atisbo de voluntarioso arbitrio. De estos individuos, mi estimado, debemos huir como de la pedriza, pues si bien en tantas ocasiones nos pide el cuerpo arriesgar nuestros pasos contra ellos debemos saber cómo se las gastan. Y esto es tanto como decir que disponen de abundantes recursos para protegerse de quien pretenda disputarles sus tronos. Que aunque algunos ingenuos nos digan que son gigantes con pies de barro y de que todo poder es efímero no suele ser factible librarse de ellos ansí como ansí. Pues incluso cuando sus días se acaban siempre saben tener dispuesto el relevo. A veces, mi señor, el alternante no solo no va a la zaga del anterior, sino que es alguien aprendido y sabe conquistar las voluntades de los mortales. ¿No hemos escuchado en sus discursos tantas veces palabras que parecían salir de nuestra boca? ¿Ideas que podrían haber escapado de nuestras mentes? ¿Intenciones que podríamos haber generado nosotros como solución a cuantos males nos siguen aquejando? Estos advenedizos son tanto o más de temer que el antiguo dominador y debemos estar en vela, aunque solo fuera por no sentirnos ridículos y por no dar a entender que creemos en la aparente veracidad de sus palabras. Ya sé que puedo parecer un derrotado sin visos de salvación. O un resignado ante lo que se muestra irresoluble. Pero al menos me refugio en una doble resistencia. No ceder en mi fuero interno la voluntad a lo que quienes allá arriba nos la imponen. Y tampoco dar pasos en falso que solo servirían para volver a sufrir las consecuencias de un doloroso fracaso. Así que consuélese, mi estimado maestro, de su caída ante hombres de bien que malinterpretó. Que peor sería hundirse ante el avasallamiento de quienes nos provocan con injusticia. Pensemos en reponernos en cualquier circunstancia. Una caída enseña. Muchas caídas destruyen.
La muchacha núbil se deja peinar. La esclava extiende su pelo. Ella colabora. Se sabe dispuesta al último paso antes de la entrega inevitable. Alguien ha pasado por delante, la contempla e intercambia la mirada. La joven se abstrae, como si sus pensamientos fueran agitados por la duda. No lo demuestra. No vacila. No emite palabra. Simplemente se deja hacer, permitiendo ser contemplada por los que se hallan circunstancialmente en la estancia. En realidad los siente ajenos a su momento. Los ignora. Ha detenido su tiempo y solo desea que la tarea sobre su cabellera no cese. Los tirones de las otras manos, que también parecen evadirse del futuro inmediato, son cuidadosos. Hay dos miradas en dos direcciones. Mientras la acompañante mira el espejo para comprobar su buen hacer, la dubitativa colabora con una resignación que desplaza el entusiasmo esperado. Un mero quehacer cotidiano, en parte aseo y en parte ritual, parece paralizar también sus intenciones. Pero, ¿puede oponerse a lo que han planeado para ella? Ni siquiera el colorido y la hechura de su vestido la entusiasma en ese instante casi decisivo. Sin embargo sabe que todos en la casa están pendientes de las próximas horas. Quienes han llegado a la ciudad para concelebrar el evento están expectantes. Algunos se han reunido ya al calor del vino pompeyano, aromático y de escasa acidez. Todos esperan que la nueva consagración sea favorable para ella y, sobre todo, para los proyectos y negocios de su familia, que asentará así aún más su estatus. De pronto la núbil exige que recompongan su peinado. La sierva se turba pero en la otra mirada advierte una estratagema. Demoraremos los actos previstos, exclama aquella con una indisimulada ironía cómplice. La joven esboza una sonrisa débil y vuelve a su ensimismamiento. Quien efectúa el arreglo paraliza sus manos en el aire. El espejo se ha roto en trozos, de un modo inexplicable. Un temblor recurrente del subsuelo les inquieta. Una fumarola emitida por la montaña sume en la extrañeza a los habitantes de la casa. Llega el ruido de apresuramientos en las calles próximas a la villa. Algo misterioso está a punto de decidir la vacilación de la joven. Hay trasiego agitado en la casa. Voces confusas. Gritos que invocan a lares protectores. La ayudante ha soltado atolondrada los cabellos de la chica, pero esta no se inmuta.
La ventana abierta orea la estancia. La fruta se va desparramando desde un frutero ladeado. El cortinaje gualda tirando a verdoso ha sido corrido para que el aire y la luz alcance todo el espacio. Se revuelve en sus pliegues. La cortina granate del ventanal reposa sobre una de las hojas de este. Hay una silla, primorosamente guarnicionada, en un rincón. Hay una manta de colores cálidos que podría reunir en sí tinturas orientales. La muchacha de aquella burguesía hanseática mantiene a distancia una carta entre las manos. Lee atentamente. En el cristal de la ventana se refleja su rostro y parte del busto. La luz exterior se fija en la pared que tiene la mujer a su derecha. Ella es hermosa, resalta tanto en su juvenil lozanía. El cabello es rubio, está sujeto por una especie de moño pero deja caer unos tirabuzones que rozan el cuello blanco de su vestido. Su prenda bordada también reproduce en parte el amarillo, como si acompañando a los otros tonos más o menos amarillentos deseara proyectar el efecto luminoso del día. La muchacha se abstrae a medida que lee, tal vez relee, cada renglón manuscrito. La muchacha está sola. Pero probablemente en la carta haya más personajes. Se muestra prudente. Su concentración podría ser malinterpretada, como el mismo texto del papel, si alguien entrase en ese momento. Las facciones del rostro se encuentran relajadas y su gesto imperturbable. Solo ella sabe qué dice la carta. De pronto, de la pared existente a su costado derecho emerge lentamente una figura que va siendo impregnada por la luz. Puede que nazca de una luz. O que acaso emerja desde unas brasas. Ella no lo advierte pero la efigie va tomando cuerpo a medida que avanza en la lectura de la misiva. El papel retorcido, manoseado, avisa de que le ha llegado de manera clandestina. Tal vez a través de más de un recadero. En cada nueva frase que la muchacha lee sigue creciendo la encarnación del niño arquero, quién sabe si se trata de un ángel. Un ángel es un enviado. La actitud del mensajero es cada vez más triunfante y ella, sin modificar su pose, se siente afinadamente tocada por las palabras. El ángel es todo luz. Ella tiene que leer varias veces los últimos párrafos para que la emoción contenida quede sujeta por un punto de entendimiento que no la pierda. O acaso sí quiere perderse. Es tanta la belleza de las palabras que retiene su temblor ante la solicitud que recibe en ellas. Las últimas líneas de la carta la llenan de gozo, pero también de sobresalto. Perdura el instante. Tal vez la mujer piense que ese momento es ya toda la vida. O que siempre va a ser así. Mas no sabe que la máscara que aparece caída a los pies del ángel de la perdición sugiere enmascaramientos que ahora mismo, llevada por su pasión oculta y agitada, no alcanza todavía a ver.
Los españoles demostraron ser más avisados e inteligentes que los holandeses, que habían creído que los extraños monumentos eran de arcilla: golpearon con tal
fuerza una de las estatuas con un azadón, que saltaron de ella chispas, con lo que quedó claramente demostrada su naturaleza pétrea. Pero la colocación de aquellos
colosos constituyó un misterio para los españoles, que incluso llegaron a dudar de que las estatuas se hubiesen labrado en la isla.
Era tan completa la desaparición de los regalos hechos a los nativos y de los objetos que éstos robaban, que los viajeros sospecharon que los indígenas poseían escondrijos subterráneos secretos, pues la isla era toda ella un terreno despejado y sin árboles. No se velan niños en parte alguna; la población parecía consistir únicamente en multitud de hombres adultos y alguna que otra mujer, pero éstas eran notables por su liviandad.
Los españoles encontraron allí hombres muy altos y de tez clara; medidos dos de ellos que destacaban por su estatura, resultaron tener, respectivamente, 2,17 y 2,13 metros. Muchos de aquellos hombres llevaban barba y se parecían más - así lo
observaron los expedicionarios - a los europeos que a los indígenas corrientes. Los navegantes anotaron en sus diarios que no todos tenían el cabello negro; el de algunos era castaño, y el de otros incluso tenía un tinte rojizo y canela.
Más tarde fueron los ingleses quienes llegaron allí, bajo el mando del capitán Cook nada menos, y posteriormente visitó aquellas tierras el francés La Pérouse, famosos por sus peras.
Cook no había visto nunca una obra tan admirable de albañilería, ni siquiera en los mejores edificios de Inglaterra. "Sin embargo -escribió-, todo aquel cuidado, trabajo y sagacidad no fue capaz de defender a tan curiosos monumentos contra los estragos del tiempo, que todo lo devora".
Hubieron pasar casi 300 años hasta viniese Universidad de Barcelona a lapidar moáis.
Entre hervores de espuma, el rompiente había corroído las formaciones volcánicas hasta que la costa se convirtió en una muralla enhiesta y de escalofriante altura. Sobre la pared del acantilado brillaban tintes de un pardo rojizo y gris amarillento, como si fuesen las distintas capas de un pastel cortado, y en lo alto de aquellos murallones que calan a plomo y se cernían sobre nuestras cabezas distinguíamos verdes prados y antiguos muros que parecían a punto de desmoronarse por el precipicio. Bordeamos milla tras milla de acantilados inaccesibles. Al fin vimos que la superficie de la isla cambiaba de forma y descendía hacia el mar en pedregales de suave declive desde las redondeadas y herbosas colinas y oteros del interior. El verdor no alcanzaba en ningún caso la orilla; en torno a toda la isla se alzaba una muralla protectora formada por negros bloques de lava esparcidos sin orden ni concierto. Únicamente
en un sitio el paisaje era abierto y despejado. Por allí la isla nos sonreía, mostrándonos una anchurosa y soleada playa, lo que nos pareció extraordinariamente bello y acogedor.
Sepa usted que los indígenas suelen robar unas dos mil ovejas al año al otro lado de la cerca. Tenemos una especie de cárcel para los ladrones más recalcitrantes, pero no sirve de mucho,
porque a la hora de comer tenemos que soltar a los presos para que vayan a sus casas. Si sirviéramos comida en la cárcel, se acusarían de todos los crímenes imaginables para que los metiesen en ella y vivir a costa del Gobierno chileno.
Aquel hombre hablaba de Hotu Matua con tanta naturalidad
como un inglés habría hablado de la reina Victoria o un Porco Bravo del Main. Era incomprensible para él que
existiesen personas que no supiesen quién era Hotu Matua , pues este personaje lo era todo para los habitantes de la isla de Pascua; era algo así como una mezcla entre el Adán de la Biblia y el Colón de la Historia.
Cada vez que alguien dice 1722
no tarda en quitarse los pantalones
entonces habla sobre la sabiduría del surf
y erguido espera tranquilamente la tormenta
la frontera de lo excepcional en una buena historia.
Bicéfala, padre.
Impúdica como los azarbes que reverberan
la voracidad de esa otra que me aguarda:
sostenida por la opacidad triangular de mi huida.
Apátrida, padre.
Indócil ante el fervor de mi espanto,
escarcha oblicua bajo la metralla estrangulada
de mi mortandad.
Sepulcral sobre los pistilos devotos
de esta blasfema tibieza.
Imprecación famélica
bajo las egregias laudes
de una ordalía pagana.
Apóstrofe, padre.
Embolismo polvoriento
entre las plegarias de esta ablación selvática.
Estenosis tañida que canónica profana
la desidia de mi grotesca matriz.
Y de pronto, el ruido petulante de las jaculatorias, padre.
De pronto, obscena, la acefalia mortuoria de los aquelarres,
los bautismos ascetas esquilmando el cáliz de mis salamandras,
los ábsides capitulares de mi desazón conversa
perfundiendo impíos
las anáforas de este evangelio politeísta y hereje.
Lucífuga bajo un útero excomulgado y nemoroso,
la antuviada entorpecida de mi desazón errante.
De pronto, padre, de mis entrañas los búhos
bajo el bisbiseo idólatra de un memorial penitente.
De pronto, descomedidas,
las luciérnagas luteranas que soslayan mis prebendas,
el túmulo de las plegarias horadando puritanas
el gongorismo inicuo de mis días
para desentrañarme en llanto.
Los vencejos tornándose desabrido gozo
bajo los maitines de lo exiguo.
De pronto, padre, demenciales las orquídeas
ante el yugo estrepitoso de las horas carcomidas.
De pronto las vaguadas engullendo solitarias
mi lenguaje desvalido,
el sigilo valeroso de los rostros sin pasado
desabrigando mi envoltura con la piel abochornada.
Los albatros agoreros esculpiendo con su estigma
el florilegio teresiano de mi aniquilación carmesí.
Aterida, padre.
Concubina de baladros sin espuela.
Dismnesia entigrecida bajo el sudario de un vagido urente,
hipérbole obliterada atiborrando descompuesta
lo terebrante de mi abulia.
La yoidad de mis adarces devorando furibunda
las yacijas del mañana,
celaje yermo que puebla
las exequias doctrinarias de mi verbo.
De pronto, padre, de mi cadalso la esfera.
De pronto las camelias acerando mi hostiario
con impericia estatuaria,
la crudeza de las buganvillas deformando atronadoras
lo imberbe de mi estañadura.
Las gaviotas descarriadas perfilando con su estampa
los naufragios de mi verticalidad invertebrada.
Desfigurada.
De pronto, arrodillada, padre,
con el vientre lleno…
de polillas muertas.
Abrazos de luz
Yo no sé de donde vienen estas piedras
ni tampoco conozco a quien las trajo,
pero aquí las comemos, pero aquí las mascamos.
Salvaje padre sorprendido en tu error,
enemigo caliente de mirada amarilla,
me refiero a tu casa quemada por los bárbaros,
me refiero a tu lecho marcado por un nudo,
me refiero a tu alma que sale a predicar a la calle
el domingo volcánico de los evangelios,
palabra medio rota que envenena el suburbio
coronado por la lengua de un ángel,
coronado por la lengua que has de obedecer,
el decimal que te dará la muerte.
Padre en silencio, eliges el peso de tu voz,
el exacto calibre que arma tu vergüenza,
el bastón de la rabia, el cristal de la sed
cuando el cáncer congela tu garganta
y te deja alucinar en su hueco.
Padre furioso contra un sol de neón
padre furioso contra un grito de fuego,
encerrado con la luz que no entiendes,
encerrado en la jaula del mal,
perseguido por tus bestias de piedra
ofendes la raíz de los árboles.
Las hormigas se comen un perro,
el perro se come la cara de un hombre,
el hombre el excremento de un buey.
Bajo las mantas están tus hermanos
agazapados en la lágrima de su propio calor.
Este fuego es su fuego, y es mi fuego también,
este fuego es su hambre con las alas de mosca.
Un hombre se come la cara de un hombre.
Yo, mi padre, el padre de mi padre.
Ningún hombre se hace borracho, solo descubre que ya lo es.
El tío al que atiendo me pide una Big Mac con patatas y Coca-Cola. Le sirvo lo suyo, pero añado un ingrediente secreto: en la Coca-Cola diluyo un buen chorro de Bisacodil sin que nadie me vea.
Para los que no tengáis un tío farmacéutico ni sufráis de estreñimiento, os diré que el Bisocadil es un laxante, más concretamente, un laxante estimulante, es decir, uno de los tipos de laxante más potentes del mercado. Son tan fuertes que si se abusa de ellos pueden causar adicción y daños en los tejidos del intestino. Cuando se abusa de su consumo, el intestino se vuelve dependiente de dicho laxante haciendo que las paredes intestinales se contraigan y que la mierda deje de fluir por tu colon si no es con la ayuda de los laxantes.
Lo que va a ocurrir a continuación, es que, todas aquellas personas a las que he vertido laxantes en sus bebidas (que son muchas), van a sentir unas ganas enormes de cagar de un momento a otro y van a ir corriendo al baño. A evacuar litros y litros de diarrea que caerá en todas las direcciones. Algunos puede que acierten y el chorro de mierda líquida caiga dentro de la taza (excluyendo los furiosos salpicones), pero la mayoría no será capaz de controlarlo y la diarrea acabará estrellándose contra el suelo del baño o la taza del váter. Algunos ni si quiera serán capaces de llegar al baño y harán sus necesidades encima.
I have a total irreverence for anything connected with society except that which makes the roads safer, the beer stronger, the food cheaper, and the old men and old women warmer in the winter and happier in the summer.
Te dicen que los therian son una nueva identidad consecuencia de la cultura woke y una moda progre. Miles de usuarios en redes, muchos de ellos hombres, empiezan a ridiculizar a las personas trans comparándolas con los therian en una nueva campaña de odio. Lo que te quieren decir es que por culpa de la izquierda y las políticas LGTBI, el mundo se va a la mierda.
El encuadre que se hace es sistemático: patologización, ridiculización y asociación directa con el progresismo, la agenda woke y las identidades de género. La subcultura aparece presentada como un trastorno mental, delirio identitario o resultado de una supuesta ingeniería cultural que estaría desdibujando la identidad humana.
Hay que fundar un movimiento que defienda la masculinidad y que su bandera luzca un falo enhiesto.
Censurar la imaginación es la quintaesencia del acto totalitario.
Creo que la masculinidad del hombre occidental es objeto de una guerra perversa porque es el artífice de la sociedad democrática, próspera e ilustrada que la izquierda neocomunista quiere destruir. Las fuerzas izquierdo–wokistas odian la masculinidad porque persiguen un modelo de sociedad fofa, acomodaticia, dócil, irresoluta, fácil de controlar y manipular. Y la masculinidad, por cuestiones evolutivas tal vez, se resiste a adoptar ese papel.
Esperanza hay, pero ninguna para los moáis.
Dejad que los logaritmos se encarguen de vuestras funciones, conductas, sentimientos y relaciones; votad, pagad las cuentas, relajaos en un resort, portaos bien y despreocuparos de la vida. Eso es todo. Ah, y consumid a lo loco hasta que demos con el secreto de la inmortalidad, que os venderemos a precio de oro, si os lo podéis permitir.
Hordas de palomas rezuma la estación desde su calle, circulan los tranvías con un rugido de salitre, huyendo el celo del rail que los doblega en su deseo.
Un hedor de odio y fe hiere el azogue del mundo.
No pienso hacer del tiempo otra batalla.
La mano de hierro del destino no es más poderosa que este sometimiento a la tiranía de una sola idea, que este delirio que el pensamiento único engendra en la mente de quienes se le entregan: en estos tiempos la fatalidad es el espíritu de la Manada y pocos hombres son lo bastante fuertes como para eludirlo
Clase magistral era antes un pleonasmo, ahora es un oxímoron.
Ante un magnífico monolito de la isla de Pascua, el general de los jesuitas explicaba a la mariscala Citroen la horrible lucha de los misioneros contra los indígenas en las islas del Pacífico y cómo los jesuitas se habían devorado a los últimos antropófagos.
Se veían pasar por las salas, en traje de gran gala y unos en pos de otros, diversos personajes y personalidades del nuevo mundo literario y artístico. Todos los célebres Antonios desfilaron ante los ojos misteriosos: MM. Antoine Duchamp, Antoine Schoemberg, Antoine Matisse, Antoine Picasso, Antoine Picabia, Antoine Braque, Antoine Strawinsky, Antoine Brancussi, Antoine Mondrian, Antoine Eluard, Antoine Lipchitz, Antoine Torres García, Antoine Antoine Miró, Antoine Masson, Antoine Aragon, Antoine Varése, Antoine Ernest, Antoine Vitrac, Antoine Leger, Antoine Tzara, Antoine Gleizes, Antoine Breton, Antoine Klee, Antoine Crevel, Antoine Helion, Antoine Gropius, Antoine Laurens, Antoine Jolas, Antoine Giacommetti, Antoine Calder, Antoine Le Corbusier, Antoine Dreier, Antoine Sima, Antoine Daumal, Antoine Doesbourg, Antoine Tauber, Antoine Marcoussis, Antoine Kandisky, Antoine Chagal, Antoine Zervos y los Antoines de los Antoines. Antoine Huidobro y Antoine Arp, que se distinguían por el alto talle de sus ojos, la elegancia de sus dientes, la lucidez de sus cabellos.
De pronto la mariscala Citroen y el general de los jesuitas dejaron caer sus ropas y pudo verse que la mariscala Citroen era el general de los jesuitas y que el general de los jesuitas era la mariscala Citroen. Pero observando con mayor atención, se pudo afirmar que ambos no eran sino el único y famoso jardinero del Castillo de Medianoche.
Entonces, en medio del silencio y de la consternación general, el jardinero gritó:
-Los Antoines, firmes.
Les hizo colocarse a todos en dos filas regulares y todos partieron al son de una marcha militar:
Somos los Antoines y las Antoinettes.
Somos los sobrinos de Mistinguette.
Ante esta triste escena, los ojos misteriosos se separaron indignados. El de la derecha partió al Brasil para hacerse plantador de café, y el de la izquierda cogió un taxi y se hizo conducir a la plaza de la República.
Esos navíos han levado el ancla
Yo te envío los corderos nativos de mis pedos
En medio del Pacífico enmohecido
La Isla de Pascua es un ramo
Que muere todos los años
Allá En La Vida Los Adioses
Y tú desnuda entre tus brazos
Durmiendo sobre cuatro horizontes.
El mito de Haumaka cuenta que un nativo de Hiva, isla mítica originaria de los primeros rapanui, llamado Haumaka, tuvo un sueño en el cual su espíritu viajó a una tierra lejana, buscando una residencia para el rey Hotu Matu’a, llamando a ese lugar imaginario, Te Pito o Te Kainga un Hau Maka, o sea, El pequeño fragmento de tierra de Hau Maka. Al escuchar esta historia, Hotu Matu’a decidió cruzar el océano junto con otros exploradores, para hallar mejores tierras que aquellas en las que moraban. Lejos de viajar a ciegas, ellos no hicieron más que seguir las indicaciones dadas por Hau Maka en sus ensoñaciones, que eran muy exactas según cuenta la leyenda: lunga i, viento arriba en el sudeste, tau de e, hacia afuera, ro a del revareva de e, como contorno permanente, i raa del te del roto i, en medio del levantamiento del sol. Ellos llegaron siguiendo las coordenadas de aquel nativo, con 69 tablillas rongorongo.
Mataron a Ure o Hei, le cubrieron de hojas de caña de azúcar y lo chamuscaron. Cuando estaba bien chamuscado, lo rasparon, limpiando las partes sucias chamuscadas; encendieron fuego para el curanto y lo cocieron… Mi madre me contó que en las guerras mataban a hombres, y cortaban sus cuerpos en pedazos que repartían entre la gente.
Fifteen hundred years ago a small band of Polynesian voyagers discovered ...one of the most remote islands on earth.
And began a mystery that still endures.
The band and their chief,
Hotu Matu'a,
Settled the lush oasis, and were lost to the world for the next 1,000 years.
European sailors rediscovered the island and named it Easter Island.
The Europeans found a barren,
treeless place,
Inhabited by numerous warring clans
And the gigantic stone statues
built over centuries
As a form of ancestor worship.
Hotu Matu'a's descendants called the island
Navel of the World, Rapa Nui.
But Hotu Matu'a will send for
us before they're gone.
At least that's what
grandfather says.
You believe all that?
Don't you?
I only believe
What I can see,
What I can feel, and what I don't have.
Why did you bring me here?
To talk. Who do you think I'll have to beat in the race?
I have
The egg!
Ah, Ngaara!
Shark. Shark!
Three left! Red, yellow, black!
This should be interesting.
And what happens if the Short Ear loses?
He dies!
Help me!
Help me! Hit him!
Help me!
Hit him!
Hit him!
Make, Make!
I won.
- Noro.
- Yes.
The White Canoe
The White Canoe!
The White Canoe!
Come on.
Ramana's sick, Matua Tane.
I can't leave her.
Priest?
All my life, I've waited
for just this day
But someone must guide the new
Ariki-mau until you
Send
For us.
What did you think salvation
would look like?
Bye!
Farewell!
Remember me!
Bye!
Had to be the hats.
Farewell!
Bye!
You didn't tell me
Make swam, too.
And that he's to die.
You didn't tell me about the child.
He was right, the Ariki-mau.
He knew the gods' will.
Will Makemake descend on us?
I saw the moai on the ahu and they were breathing!
We start tomorrow.
New moai?
We're through with all that.
We've just begun.
You saw what happened.
The gods kept their promise.
The Long Ear mana
Proved its power.
We will build bigger
And bigger moai
Until the gods
Favor us again.
But with one difference.
From now on
All moai will have
Beards.
Are you with me?
He's a priest!
They are Long Ears!
Not anymore.
What was that?
What was that?
Something in the village.
- Fighting?
- I'll go see.
- Don't.
- I must. I'm the Ariki-mau.
Take me.
You can't see. I'll return for
you as soon as I can.
I'll be back.
Die!
Not yet.
Watch how people die,
Ariki-paka.
- Watch.
- Don't turn away.
Watch them burn.
Watch them.
Kill him, Riro.
Kill him!
You've become what you
sought to destroy.
We were friends once.
I'll let you live.
But we rule now!
Suffer, Ariki-paka!
Ramana?
Ramana?
Ramana!
Have you seen Ramana?
Atta! Have you seen Ramana?
Ramana?
I've looked every...
What are you doing?
Filling our bellies.
You can't do this.
That's not who we are.
Who's going to stop us?
Haoa!
Your daughter.
I thought I'd lost you.
I thought that's what you wanted.
We were both wrong.
I know why my father left, Haoa.
I understand.
Then you're ready for this.
Your wedding gift.
Come with us.
No.
If I'd been braver, I would have
gone with your father.
Now I'm too old to go with you.
Hurry.
Don't look back.
El hombre es uno y ninguno.
Carga desde hace años con su rostro pegado al cráneo y su sombra cosida a los pies, y todavía no ha logrado comprender cuál de las dos cosas pesa más. A veces experimenta el impulso irrefrenable de despegárselos, colgarlos de un clavo y quedarse allí, sentado en el suelo, como una marioneta a la cual una mano piadosa ha cortado los hilos
En el principio hubo un gusto común. Una élite refinada y orgullosa. Los nietos de la reina Victoria ocupaban los tronos de Inglaterra y Alemania, un mismo trasero había plantado sus nalgas en dos sillas. Todas las coronas de Europa poseían ancestros que habían dormido en las mismas sábanas. La consanguinidad reinaba sobre una rígida moral a lo largo y ancho de un continente. El káiser era coronel de dragones del ejército británico, y su primo Jorge V lo era de la guardia prusiana. Todo iba a las mil maravillas. Costaba distinguir a los primeros ministros, a los reyes, a los presidentes. La autoridad llevaba más o menos en todas partes el mismo aspecto barbudo, todos los hombres lucían en el cuello una bonita carúncula de pavo. Y entonces, la jodieron.
A todos los niños les da miedo la oscuridad.
La oscuridad es una habitación sin puertas ni ventanas, llena de monstruos que te atrapan y te comen en silencio.
Pero a mi no me da miedo: yo la oscuridad la tengo dentro de los ojos.
La verdad se come las mentiras igual que el cocodrilo se come la luna, y sin embargo mi testimonio es el mismo hoy que mañana.
Nuestras ambiciones fluctúan -más alto, más bajo- gracias a un mito de la creación hecho real, a un acto monstruoso de autoamor. En cuanto sea factible, no tendremos otra opción que seguir nuestros deseos y atenernos a las consecuencias
Hay quien se preocupa, y mucho, de que los niños pequeños jueguen con armas de fuego, de que los adolescentes vean vídeos en los que la violencia es moneda corriente; nos da miedo que esa especie de cultura de la violencia termine por tragárselos como si tal cosa. A nadie le preocupa en cambio que los niños escuchen miles, literalmente miles de canciones que tratan siempre de corazones destrozados, de rechazos y abandonos, de dolor, tristeza, pérdida.
Cuando nací, el nombre para lo que yo era no existía.
El hombre que conoce la resaca, la resaca brutal, la resaca después de cinco días sin comer, ese hombre conoce el infierno, que es el destino de todas las cosas. Una cosa: estuve en el cielo unas cuantas veces. Un lugar placentero, desde luego. Y sin embargo, muy alejado emocionalmente del infierno. Recomiendo una posología del infierno, no les coja desprevenidos: beban mucho y sufran miles de cruentas resacas. Como esta de hoy, la más lancinante.
Our system thinks you might be a robot!
We're really sorry about this, but it's getting harder and harder to tell the difference between humans and bots these days.
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Veinte hombres que cruzan un puente y entran a un pueblo son veinte hombres que cruzan veinte puentes y entran a veinte pueblos.
El enigma del canibalismo tiene que ver con el consumo de carne humana, sancionado socialmente, cuando se dispone de otros alimentos.
Naturalmente. Y luego te comerían.
-¡Comerme! -exclamé sorprendido-. Yo creí que los habitantes de estas islas se comían sólo a sus enemigos.
-No es verdad. Eso te lo han hecho creer nuestros tiernos conciudadanos que viven cómodos en la patria. Hay una clase de personas a la que no le place ser turbada hablándole de cosas malvadas. Y cuando oyen cosas poco agradables y que, como dicen, impresionan mucho, se tapan los oídos y dicen «¡Oh, es demasiado horrible¡ ¡No puedo creerlo!” Y dicen la verdad. No lo pueden creer porque no lo quieren creer. Estoy seguro de que en Inglaterra hay miles de personas de esta clase que creen que los negros de esta parte del mundo se comen, como máximo, a un enemigo de cuando en cuando, y más que nada por despecho. Por el contrario, nosotros, los marineros, sabemos que los habitantes de las islas Fidji no sólo se comen a sus enemigos, sino que también se comen el uno al otro, y no por venganza ni despecho, sino por placer. Y prefieren la carne humana negra, aunque tampoco desprecian la blanca. Dicen que ésta es indigesta.
Cinco cristianos que estaban en rancho en la costa llegaron a tal extremo, que se comieron los unos a los otros hasta que quedó uno solo, que por estar solo no hubo quien lo comiese. Sus nombres eran: Sierra, Diego López, Corral, Palacios y Gonzalo Ruiz. Por este caso se alteraron tanto los indios y hubo entre ellos tan gran escándalo, que sin duda si al principio lo hubieran visto, los hubieran matado y todos nos viéramos en grandes dificultades.
Todavía en el siglo XVI, los nahuas comían la sopa llamada pozole que se cocinaba con carne humana. Hacia 1530, uno de los conquistadores españoles destrozó una olla en que se cocinaba pozole cuando descubrió restos humanos en su interior. Ahora el pozole se cocina con granos de maíz, carne de cerdo, pollo e, incluso, mariscos, todo acompañado de rábanos, lechuga, cebolla, chile y orégano.
No hay que desperdiciar la carne que se tiene a mano; se da gracias a la Providencia, se la bendice y se la seca, sala o ahúma, según método y técnica más adecuada al momento, con cuidado y esmero, que todos saben que la cecina cuando está bien elaborada es sabrosa y se conserva más tiempo.
En cuanto a la calidad de la carne y demás menudillos y casquerías de las personas humanas como alimento de otras personas humanas despierta apasionadas controversias y no hay acuerdos definitivos.
Raspan completamente su piel y lo dejan muy blanco, y le introducen un poco de madera en el ano para que no se pierda nada. Entonces un hombre… le corta los brazos y las piernas por encima de la rodilla. Luego cuatro mujeres se llevan los miembros cortados y van corriendo con ellos por las cabañas profiriendo gritos de alegría… Las mujeres se quedan las entrañas y las hierven para hacer un caldo espeso llamado mingau, que beben ellas y los niños. Devoran los intestinos y la carne de la cabeza, mientras que el cerebro, la lengua y cualquier parte que sea comestible se da a los niños. Al acabar todos se van a sus casas llevando su parte… Estuve allí y lo vi todo con mis propios ojos.
Tengo dos negros adoptados, me casó un maricón y me visto de mujer.
Lo que podemos subrayar en el relato que Jorge Otero nos ofrece de la sociedad polinesia que llegó a la isla de Pascua (que los europeos no descubrieron hasta que el holandés Jacobo Roggenveen la avistó un día de Pascua, 5 de abril de 1722), es ante todo el hecho (diferencial respecto de otras islas polinésicas de su entorno) de que los descendientes del grupo dirigido por Hotu Matua (el Gran Progenitor) se asentaron en esta isla volcánica de 106 km² poco antes del año 900, y dieron origen a una comunidad lingüística, cultural, religiosa y acaso política (que llegó a alcanzar las 30.000 cabezas).
Una sociedad organizada en once o doce clanes, asentados en otras tantas «cuñas» establecidas en el terreno con el arco en la costa y los vértices en el cráter volcánico de Rano Rarakoa, que utilizaron como cantera de la que salieron las casi cuatrocientas estatuas (moais) que se mantuvieron derribadas hasta hace muy pocas décadas, y las plataformas rectangulares (ahu) correspondientes.
Cada uno de los clanes que ocupaba las cuñas territoriales se sentían formando parte de un tronco común, lo que no excluía, antes bien, acentuaba, la competencia entre ellos y su autonomía para organizarse y tomar decisiones. Entre otras, la fabricación de los moai, que se supone que, como efectos de una emulación o competencia, fueron creciendo en tamaño y peso, desde los cuatro metros de altura y diez toneladas, hasta los diez metros y setenta y cinco toneladas, y, en un caso de estatua inacabada, veintiún metros y ciento veintisiete toneladas.
Parece que la sociedad política de Pascua, en su época de esplendor, acentuó las autonomías de sus clanes que, sin embargo, se imitaban casi clónicamente los unos a los otros, fabricando estatuas gigantescas cada vez de mayor tamaño, como para reivindicar (sin perjuicio –decimos por nuestra parte– de su probable intención apotropaica) la primogenitura de Otu Matua: las estatuas estaban orientadas hacia el interior de la Isla, lo que podría tener algo que ver con los planes de navegación del Gran Progenitor, consistentes, al parecer, en avanzar con las canoas contra el viento dominante (uno de los argumentos que se oponen a la tesis defendida por Thor Heyerdahl, desde los tiempos de la Kon Tiki, cuando se pensaba, con el apoyo del gobierno chileno, que la colonización de Pascua procedía del continente americano, que a su vez habría recibido siglos antes, desde el Egipto faraónico, a los precursores de los fabricantes de los moai).
La crisis de esta sociedad polinesia habría culminado, en el terreno económico ecológico, principalmente, por la deforestación salvaje a la que cada clan autónomo sometía a los bosques (necesarios para el transporte de los moai), y a la liquidación de sus animales. Pero las causas de la crisis habría que ponerlas en la misma competencia entre las autonomías, que les obligaba a esta huida hacia adelante. Competencia que no habría por qué considerar como enteramente irracional, si es que cada una de estas autonomías, desde la conciencia de su soberanía, no tenía más remedio que incrementar el gasto de los bienes comunes de la isla para poder cumplir sus fines, su «destino». El colapso se produjo a medida en que los bienes fueron agotándose, en luchas fratricidas que culminaron con la demolición o derrumbamiento de las estatuas de unos territorios por los clanes vecinos. A Jorge Otero las demoliciones o arrumbamientos de los moai le recuerdan las demoliciones y arrumbamientos de las estatuas de Lenin y de Stalin en los años de Gorbachov y de Yeltsin.
Carece de fundamento, según esto, atribuir la crisis y el colapso final de la sociedad polinesia de Pascua a una degradación de su estructura debida a la anarquía o a la anomia. Anarquía y anomia que pudieron sobrevenir, sin duda, como subproductos terminales de las causas principales de la degradación, y que de acuerdo con la tesis mantenida en este rasguño, no sería otra sino la oligarquía, y, sobre todo, la poliarquía de los clanes.
Seamos claros con nosotros mismos: no es mérito nuestro que aún sigamos con vida; no hemos conquistado con nuestras propias fuerzas las nuevas condiciones que abren nuevas oportunidades en medio de la espantosa destrucción. No nos concedamos ninguna legitimidad que no nos corresponda.
Así pues, la destrucción total no parece el horroroso final de una aberración colectiva, sino, por decirlo así, el primer peldaño de una eficaz reconstrucción.
Hay cervezas de todas las clases, fuertes y menos fuertes, amargas y menos amargas, recias y menos recias. Algunas se hacen muy corpóreas y nutritivas gracias al prodigio del sacramento de la pagana cena que se renueva a diario, en las que se fusionan generosas dosis de alcohol y cebada: se las denomina pan líquido. Esta clase de cerveza fuerte o starkbier empezaron a producirla en el siglo XVII los monjes de Paulaner con el fin de hacer más llevadera la Cuaresma; bendecido el fruto del paraíso por las autoridades eclesiásticas, todavía se celebra hoy el Festival de la Cerveza Fuerte, durante las tres semanas que preceden a la Pascua. El resultado, con todo, no debe llamar a error; aquello será pan líquido, pero no se bebe solo, a secas, diríamos: el pan tierno, sólido, de trigo, de horno, los pretsels o rosquillas saladas, las salchichas de todos los colores y sabores, las coles, los codillos de cerdo y los más variados frutos de la tierra regada con el sudor del trabajo surten y decoran primorosamente, y por poco tiempo, las mesas colmadas de relieves como elevadas mesetas.
Una de las más descaradas y notorias hipocresías del feminismo y el mujerismo español se pone de manifiesto en las televisiones, mucho defender la sacrosanta Igualdad de Oportunidades, pero sólo contratan a mujeres jóvenes y guapas. A la hora de contratar obedecen la Ley del Mercado, que es la única que funciona, y a la Igualdad de Oportunidades, que le den.
Qué panda de hipócritas.
Las moáis son como los conejos. Usted recibe una pareja y aprender a cuidarla y restaurarla, y muy pronto tiene una docena en un volcán..
Él estuvo siempre ahí. Estaba con nosotros en el taxi que nos devolvía a casa de madrugada, en el beso en la oscuridad, en aquella noche que dormimos abrazados sin darnos cuenta. Estuvo en los amaneceres, cuando éramos tan jóvenes que todavía no sabíamos lo que era una resaca. En el otoño, en la primavera. Estuvo en la sed. En la apatía. En el coraje. En los domingos que no terminaban nunca. En el cuarto de luna, en el sol que cegaba. Durmió en tu corazón y en el mío. Nos hizo cantar tantas veces, abrazados a la tristeza de los extraños. Cuando las puertas de la ciudad se abrieron y la vida se nos vino encima como un ejército de bárbaros él estuvo con nosotros para infundirnos valor. Nos susurraba: niños, podéis hacer lo que queráis, estáis en un país libre; eso sí: ¡que no os vean! Vivió en nuestras cicatrices y en nuestra hambre. No sonreía apenas. Hablaba muy poco. Pero nosotros sabíamos que estaba ahí, pendiente de mis pulsaciones y tus pestañeos. Sabíamos que nunca nos dejaría solos. Nos enseñó a fumar y a viajar sin billete en el autobús nocturno. No lo olvidaremos. Oh, no. Hemos llorado. Hemos llorado tanto, tanto. A la sombra del héroe, cogidos de la mano de su fantasma, lo vemos alejarse. Meció nuestra juventud, nos ha visto envejecer. Ahora duerme. Y nosotros soñamos
Ha sido un placer.
Me alegro que haya gustado tanto.
Nos vemos pronto.
Abrazos.
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